"Me jode haber dado la impresión contraria de lo que sentía", declaró Enríquez, según recogió El País este 28 de julio, en respuesta a los comentarios que convirtieron su vestuario en objeto de memes. El ejecutivo lamentó así que su aspecto exterior transmitiera una sensación distinta a la alegría y la emoción que, sostiene, vivió durante el enlace.
La boda se celebró con la discreción que ambos habían anunciado. La periodista catalana confirmó el enlace el pasado octubre, siete meses después de oficializar públicamente su noviazgo. La pareja optó por no ceder los derechos de imagen a ninguna publicación a cambio de una contraprestación económica, una decisión que contrasta con la práctica habitual entre personalidades del mundo de la comunicación.
El emplazamiento elegido, el hotel de La Gavina, es uno de los establecimientos de referencia en la Costa Brava y ha acogido celebraciones de perfil similar en las últimas décadas. La cita reunió a familiares, amigos y compañeros de profesión de ambos contrayentes, ella al frente de un programa de actualidad matinal de Antena 3 y él vinculado a la gestión de medios de comunicación.
La repercusión mediática del enlace, sin embargo, no se centró en la ceremonia ni en las palabras de los novios, sino en la elección de vestuario de Enríquez, que generó un aluvión de comentarios humorísticos en redes sociales en las horas y días posteriores a la publicación de las primeras imágenes. Determinadas fotografías del novio circularon con rapidez por distintas plataformas convertidas en material de memes.
La ausencia de una exclusiva firmada permitió, paradójicamente, una mayor circulación libre de imágenes del evento: los medios presentes pudieron captar y difundir el momento sin restricciones contractuales. Este formato ha ganado terreno en los últimos años frente al modelo tradicional de exclusivas pactadas con revistas del corazón, que llegaron a marcar la crónica social española en enlaces de gran repercusión desde los años ochenta y noventa.
Griso, por su parte, no ha realizado declaraciones públicas específicas sobre las críticas dirigidas a su marido, manteniendo la línea de discreción que ha caracterizado su gestión de la información sobre esta relación desde que trascendió en enero de 2025.
No constan, hasta el momento, declaraciones adicionales de Enríquez más allá de las recogidas sobre el malestar que le generó la interpretación de su imagen, ni un pronunciamiento de la cadena en la que trabaja Griso, al tratarse de un asunto estrictamente personal de su presentadora.
El episodio ilustra la delgada línea que separa la vida privada de las figuras públicas del escrutinio colectivo en la era de las redes sociales, donde cualquier imagen compartida, incluso en el contexto de una celebración íntima como una boda, puede convertirse en objeto de análisis, comparación y burla a una escala que trasciende el círculo de invitados original.

