El sociólogo Jacobo Blanco, decano del Colegio de Sociólogos y Politólogos de Asturias, sitúa el fenómeno en una transformación más amplia de los vínculos familiares en declaraciones a RTVE. «El rol de los hijos como el de los animales en el hogar ha cambiado mucho a lo largo de la historia», señaló, y apuntó a los costes de criar a un hijo como factor determinante en las decisiones reproductivas de muchas parejas.
«Todas las implicaciones que tiene una sociedad contemporánea para proporcionarles estudios y educarles de forma que puedan prosperar en una sociedad es muy costoso desde el punto de vista de los esfuerzos personales y el esfuerzo económico que hay que hacer para ello», añadió Blanco. Frente a ese desembolso, los hogares españoles destinan de media 1.500 euros anuales al cuidado de sus mascotas, según un estudio de la firma de investigación de mercados GfK, una partida que incluye alimentación, atención veterinaria, juguetes y servicios como guarderías caninas.
Ese gasto refleja lo que Blanco describe como un proceso de humanización animal. «Hay una especie de humanización de las mascotas y cada vez tendemos más a tratarlas como si fuesen personas. Hay gente que habla con su mascota, la abraza y la cuida como si fuera un miembro más de la familia», explicó el sociólogo.
El veterinario José Luis Puchol, que fundó su primera clínica al terminar la carrera y hoy dirige un hospital veterinario con más de 180 empleados, ha observado ese cambio desde dentro de la profesión. En el pódcast Rompiendo el molde relató cómo ha evolucionado la relación entre propietarios y animales en las últimas décadas.
«Ha evolucionado muchísimo en todos los aspectos. Uno de los cambios más importantes ha sido la percepción del propietario, que ahora ya no se llama propietario, sino tutor. Antes, cuando proponías un tratamiento complejo, costoso y, en ocasiones, engorroso, la respuesta más común era algo como: 'Con ese dinero me compro tres perros como este'», relató José Luis Puchol, veterinario y director de un hospital veterinario.
Puchol matiza, sin embargo, que el aumento de mascotas en los hogares no equivale a sustituir la crianza de hijos, aunque reconoce el papel emocional que ocupan los animales en muchas familias que optan por no tener descendencia.
«Aunque no creo que los perros y gatos deban sustituir a los niños, es cierto que muchas personas optan por no tener hijos y ven a sus mascotas como una parte esencial de su familia. Lo importante es que las mascotas sean tratadas con respeto y amor, y que los propietarios sean conscientes de la responsabilidad que implica tener un animal», afirmó José Luis Puchol.
Los riesgos de tratar a un perro como a una persona
Veterinarios y etólogos caninos advierten de que ese trato humanizado tiene un reverso: puede perjudicar el bienestar del propio animal cuando se le atribuyen necesidades y comportamientos propios de las personas. Entre las consecuencias más citadas figuran el estrés crónico derivado de limitar sus instintos naturales, la aparición de miedos e inseguridades por sobreprotección, y problemas de socialización cuando el animal apenas interactúa con sus congéneres. A esa transformación de los cuidados se suman iniciativas de participación ciudadana en el ámbito animal y ambiental, como el reciente llamamiento de la Nasa a fotografiar nubes con el móvil.
A ello se suman los problemas de convivencia que genera la ausencia de límites claros desde cachorro, y cuadros de ansiedad por separación o hiperapego cuando el vínculo con el tutor se vuelve excesivamente dependiente. Los especialistas insisten en que evitar esa humanización no implica querer menos al animal, sino respetar su naturaleza: dejarle correr, olfatear, explorar y relacionarse con otros perros, en lugar de exponerlo de forma constante a rutinas exclusivamente humanas.

