La recepción arrancó alrededor de las 20:30 horas con la llegada de la comitiva real a los jardines, iluminados con una luz tenue y cálida al caer el atardecer balear. A diferencia de la rigidez de los salones del Palacio Real de Madrid, este encuentro se desarrolla al aire libre y con un formato sensiblemente más relajado, aunque sin renunciar al protocolo oficial que rige la línea de saludo: la brisa marina y las conversaciones en pie sustituyen a la solemnidad palaciega.
Abrió el desfile de invitados la presidenta del Govern balear, Marga Prohens, seguida del presidente del Parlament, Gabriel Le Senne, el alcalde de Palma y los presidentes de los distintos Consells Insulars, junto a los mandos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado destinados en el archipiélago. A continuación saludaron representantes del mundo de la cultura, la gastronomía, el deporte, el tejido empresarial, la investigación y organizaciones del tercer sector de las Islas Baleares.
Una vez completada la hora de saludos, los Reyes se mezclaron entre los grupos de invitados distribuidos por los jardines para mantener conversaciones distendidas sobre la actualidad balear, proyectos culturales y logros deportivos. El servicio de cátering rindió homenaje a la alta cocina de la isla con aperitivos tipo finger food firmados por autores locales —como Maca de Castro o Santi Taura— a base de gamba roja de Sóller, embutidos tradicionales, pescados de la lonja local y vinos con denominación de origen de las islas.
La cita concentró este año una atención mediática añadida por la presencia conjunta de la princesa Leonor y la infanta Sofía, cuya asistencia no figuraba de antemano entre los actos confirmados de la agenda, del mismo modo que tampoco estaba prevista la de la reina Sofía, que finalmente completó la línea de saludo junto a sus nietas.
Dos conjuntos 'tie-dye' para la cita mallorquina
El vestuario femenino de la delegación real centró parte del interés en torno al acto. Tanto Leonor como su hermana optaron por sendos conjuntos de estampado tie-dye. La princesa de Asturias vistió una falda y top a juego en tonos rojos, del modelo Pauline de la marca THINKING Mu —disponible en la plataforma Zalando—, apostando además por un tono de pelo más intenso. La infanta eligió un vestido de la firma Momoni, valorado en 350 euros, combinado con un cinturón y con predominio de los tonos claros y el rosa. Ambas completaron el atuendo con sandalias planas.
El resto de la delegación masculina, encabezada por Felipe VI, mantuvo el código de vestimenta habitual para este tipo de actos: traje oscuro sin corbata o americana ligera con pantalón de vestir, una fórmula que combina la formalidad protocolaria con la temperatura estival. En el caso de las mujeres, las alpargatas de esparto, calzado tradicional balear, suelen ser una constante en las apariciones veraniegas, en un guiño reiterado a la artesanía local.
La recepción de Marivent se ha consolidado como una de las citas fijas del estío real desde que Juan Carlos I instauró la costumbre de trasladar a la familia real a Mallorca durante el verano, una tradición que se remonta a las décadas posteriores a la Transición y que Felipe VI ha mantenido tras su proclamación en 2014. El palacio funciona desde entonces como residencia de verano y escenario de actos institucionales de este tipo.
El Palacio de Marivent, cedido en su día a la Corona por la familia March, ha sido escenario recurrente de debates periódicos relacionados con su mantenimiento y coste, una cuestión que reaparece cada vez que se tramitan los presupuestos de la Casa del Rey, incluidos anualmente por las Cortes Generales dentro de los Presupuestos Generales del Estado.
La cita se produce en un momento en el que la princesa Leonor ha ido asumiendo progresivamente actos oficiales en solitario, en el marco de su preparación como heredera al trono conforme a lo establecido en el Título II de la Constitución española de 1978, que la reconoce como princesa de Asturias. La infanta Sofía mantiene un perfil más discreto, con apariciones públicas concentradas principalmente en las citas familiares de verano.
La estancia veraniega de la familia real en Mallorca se prolonga habitualmente varias semanas, durante las cuales los Reyes combinan actos institucionales como la recepción de Marivent con jornadas de descanso privado. El calendario estival de la Casa del Rey suele completarse con la asistencia a regatas y otros compromisos en la isla antes del regreso a la actividad oficial ordinaria en septiembre.

