El plan pasa por completar las obras del estadio hasta superar las 100.000 butacas, prácticamente el doble del aforo actual, e incorporar palcos VIP y una zona Hospitality llamada a multiplicar los ingresos. Estos elementos, que en fases previas del proyecto generaron tensiones internas por los adelantos de dinero vinculados a fichajes e inscripciones de jugadores, vuelven a situarse en el centro de la estrategia financiera del club.
A esos ingresos ordinarios se suman dos citas extraordinarias ya en el horizonte: la final de la Champions League de 2029, adjudicada por la UEFA al Camp Nou, y el Mundial de 2030, en el que el estadio azulgrana debe albergar varios partidos y, al menos, una semifinal. Ambos eventos representan picos de ingresos que el club contabiliza dentro de su horizonte de cuatro temporadas.
La cifra de 1.450 millones adquiere dimensión al compararla con el techo actual del fútbol europeo: el Real Madrid, el club con mayores ingresos declarados en una temporada, superó los 1.200 millones de euros en 2026, concretamente 1.221,3 millones. El objetivo del Barcelona no solo igualaría esa marca, sino que la superaría en más de 200 millones, lo que refleja hasta qué punto el club catalán apuesta por el estadio como motor de su transformación financiera.
El punto de partida condiciona toda la previsión. El Barcelona ha arrastrado varios ejercicios con la economía al límite, marcados por las llamadas palancas —ventas de activos y derechos futuros— y por las restricciones del fair play financiero de LaLiga para inscribir plantillas completas. La progresiva recuperación de los últimos cursos, con el regreso parcial a un Camp Nou aún en obras tras el paréntesis en Montjuïc, ha permitido a la directiva de Laporta recuperar el optimismo sobre las cuentas.
Un EBITDA de 370 millones para 2030-31
Además del objetivo de ingresos, el club proyecta un EBITDA de 370 millones de euros para 2030-31, frente a los 184 millones registrados en el ejercicio 2025-26. Esa duplicación del resultado bruto de explotación depende, en gran medida, de que las obras del estadio se cierren en los plazos previstos y de que el aforo alcance las cifras anunciadas sin nuevos retrasos, un factor que ha condicionado buena parte de la planificación económica reciente.
La apuesta por las infraestructuras como motor de ingresos no es exclusiva del Barcelona. El Real Madrid ligó parte de la remodelación del Santiago Bernabéu, reinaugurado en su nueva fase en 2023, a la explotación de eventos no deportivos y a una mayor capacidad hospitality, un modelo que el club catalán toma como referencia parcial para el renovado Camp Nou. El estreno de grandes eventos en Madrid ha marcado también el calendario deportivo español este mismo año, como el debut del Gran Premio de España de Fórmula 1 en Madring.
La hoja de ruta combina así la finalización de las obras, la explotación comercial del nuevo estadio y dos citas internacionales de primer nivel, con el objetivo de situar los ingresos por encima de los 1.450 millones de euros al cierre del mandato de Laporta en 2030-31.


