Orozco lleva años empleando el muralismo como herramienta para narrar, desde la pared, una versión distinta de lo que ocurre en el país. Su trabajo se inscribe en una tradición con profundidad histórica en México: desde los grandes muralistas del siglo XX —José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros—, que documentaron procesos sociales y políticos en los muros de edificios públicos, hasta las expresiones urbanas contemporáneas que retratan ídolos populares en avenidas, plazas y cruces fronterizos.
El artista explicó que ya tenía contemplado un espacio para un mural relacionado con el ciclismo, pero fue la actuación de Del Toro en la penúltima etapa del Tour la que definió el momento de ejecutarlo. "En la penúltima etapa, cuando entra emotivamente haciendo la seña del torito, dije 'vamos a hacerlo ahorita en la noche, para que mañana amanezca, y cuando esté todo el mundo, la gente vea y pase por aquí'", relató Orozco. Ubicó la obra, según sus palabras, en "la garita de San Isidro, en la línea", a la que describió como "la frontera más visitada del mundo".
Del Toro, oriundo de Ensenada, Baja California, se colocó en el tercer lugar de la clasificación general del Tour de Francia 2026, la carrera por etapas más seguida del calendario internacional. El resultado figura entre los mejores desempeños de un ciclista mexicano en la historia reciente de la competencia, en un país donde el ciclismo de ruta de élite ha tenido presencia limitada frente a disciplinas con mayor arraigo popular como el futbol, el béisbol, el boxeo y la lucha libre.
Orozco relató que, mientras terminaba los últimos detalles de la obra, decenas de personas se acercaron a preguntarle quién era el ciclista retratado. "No te miento, a más de 100 personas les tuve que decir quién era Isaac del Toro", señaló el muralista, quien recurrió a una comparación futbolística para dimensionar el logro: "Ya les decía que quedó en el podio de la Tour de France. les tuve que decir que era como si México hubiera llegado a la final del Mundial y ya la gente entendía un poquito".
La anécdota expone una constante en la cobertura de disciplinas minoritarias en México: el desconocimiento generalizado de figuras que en sus deportes alcanzan resultados históricos. El ciclismo de ruta, a diferencia del futbol o el béisbol, carece de una base amplia de aficionados que sigan el circuito internacional de manera regular, lo que explica que un podio en el Tour no genere de inmediato el reconocimiento popular de una final mundialista.
El mural de Del Toro se ubica frente a otra obra del propio Orozco dedicada a Gilberto Mora, futbolista formado en el Club Tijuana, los Xolos, y una de las figuras emergentes del balompié nacional. La coincidencia geográfica —dos murales de jóvenes deportistas mexicanos frente a frente, en uno de los puntos más visibles de la ciudad— refuerza el propósito declarado por el artista de exhibir talento nacional en espacios de alto tránsito.
Orozco fue explícito respecto al financiamiento de la obra: aseguró que la pagó con recursos propios, sin precisar montos, y que utilizó materiales que ya tenía disponibles. "Este último mural de Del Toro yo lo pagué con mi recurso, hice maravillas con el material que tenía y sin esperar nada a cambio. Creo que también es una inversión, porque yo sé que de ahí me sale trabajo", concluyó el muralista.
El muralismo urbano dedicado a figuras deportivas no es nuevo en México. Ciudades como Guadalajara, Monterrey y la propia Tijuana han sido escenario de obras similares dedicadas a boxeadores, luchadores y futbolistas, en una práctica que combina arte público, identidad regional y promoción del deporte sin mediar necesariamente patrocinio institucional o privado.
El caso de Del Toro se inscribe en un momento de mayor visibilidad para el ciclismo mexicano en competencias internacionales, disciplina que históricamente ha recibido menor cobertura mediática y respaldo federativo que deportes con estructuras profesionales más consolidadas, como el futbol de la Liga BBVA MX o el béisbol. El mural, en un punto de paso obligado para quienes cruzan a diario la frontera entre Tijuana y San Diego, queda como registro visual de un resultado que, según reconoce el propio Orozco, todavía requiere explicación para buena parte del público mexicano.