El gusano barrenador del ganado, de nombre científico Cochliomyia hominivorax, es una mosca cuyas larvas se alimentan del tejido vivo de mamíferos, incluidos los seres humanos, al depositarse sobre heridas abiertas. La infestación, conocida médicamente como miasis, puede resultar mortal si no se trata a tiempo, con mayor riesgo en personas de edad avanzada o con enfermedades de base. Las autoridades sanitarias hondureñas no han detallado públicamente el perfil clínico completo de la mujer fallecida ni las circunstancias de su contagio, un dato relevante para establecer si el caso guarda relación con actividad ganadera directa o con otro tipo de exposición en un entorno urbano como la capital.
El brote hondureño se inscribe en un rebrote regional que se extiende por el istmo desde 2023, con casos documentados en Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala. La plaga se transmite principalmente a través del ganado bovino y otros animales domésticos, por lo que el movimiento transfronterizo de reses —formal e informal— es la principal vía de dispersión que vigilan los servicios sanitarios de la región.
El escudo biológico que se debilitó
El precedente más relevante para Centroamérica es la campaña binacional entre EE.UU. y México, iniciada en la década de 1970, que empleó la técnica del insecto estéril para erradicar la plaga de Norteamérica y del istmo hacia finales de los años noventa. Panamá operó durante décadas como barrera biológica de contención mediante la Comisión Panamá-Estados Unidos para la Erradicación y Prevención del Gusano Barrenador del Ganado (COPEG), que liberaba moscas estériles de forma constante en la frontera con Colombia. La reaparición de casos ha sido atribuida por especialistas veterinarios de la región al movimiento no controlado de ganado y a la reducción de esas liberaciones durante la pandemia de covid-19, que debilitó temporalmente los programas binacionales.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) han urgido a los países del área a reforzar la vigilancia epidemiológica y a garantizar el diagnóstico temprano en centros de salud rurales, donde suelen presentarse primero los casos por la mayor exposición de la población a la actividad ganadera. La respuesta institucional ha sido dispar: Panamá y Costa Rica han intensificado la liberación de moscas estériles en zonas fronterizas con apoyo técnico estadounidense, mientras que en Honduras gremios ganaderos locales han cuestionado lo que consideran una respuesta tardía frente al aumento sostenido de casos animales detectados desde 2023.
Qué implica para El Salvador
En El Salvador, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) mantiene, junto con el Ministerio de Salud, un plan de vigilancia epidemiológica animal con controles en los pasos fronterizos con Honduras y Guatemala. El país comparte con ambos una extensa frontera terrestre por donde circula ganado con frecuencia, tanto de forma regulada como sin registrar. Hasta la fecha no se ha reportado ningún caso humano ni animal confirmado de gusano barrenador en territorio salvadoreño durante 2026.
El marco normativo aplicable recae en la Ley de Sanidad Vegetal y Animal, que faculta al MAG para declarar zonas de cuarentena y restringir el movimiento de ganado ante la detección de plagas o enfermedades de reporte obligatorio. El Código de Salud, por su parte, obliga a los establecimientos médicos a notificar de inmediato al Ministerio de Salud cualquier caso sospechoso de miasis en humanos.
El episodio hondureño presiona a mantener actualizados los protocolos de bioseguridad en los pasos fronterizos de La Hachadura, El Poy y Anguiatú, además de los puntos de tránsito menores, donde la circulación de ganado resulta más difícil de fiscalizar para las autoridades aduaneras y agropecuarias. El impacto potencial no se limita a la salud pública: la ganadería aporta una porción del producto interno bruto agropecuario y cualquier restricción sanitaria internacional a las exportaciones de carne o productos derivados tendría efecto directo sobre los productores locales.
De cara a los próximos meses, se prevé que el MAG mantenga o refuerce las medidas de control fronterizo vigentes y que el Ministerio de Salud actualice sus guías clínicas para el diagnóstico de miasis en centros de atención primaria, en particular en los departamentos limítrofes con Honduras. La evolución del brote en el país vecino y la eventual confirmación de nuevos casos humanos en la región marcarán el ritmo de la respuesta binacional en las semanas siguientes.

