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Elkins documenta la violencia colonial británica con Kenia como caso central

La historiadora, Pulitzer de Historia, sitúa la revuelta Mau Mau y sus campos de detención en el centro de un estudio sobre la coerción del Imperio británico.

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
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La historiadora estadounidense Caroline Elkins, especialista en historia del Imperio británico y ganadora del Premio Pulitzer, aborda en un estudio la represión colonial en Kenia como caso paradigmático de la violencia institucional ejercida por Londres, cuyo dominio llegó a abarcar una cuarta parte de la superficie terrestre.

El Imperio británico se extendió en su apogeo, hacia 1920, sobre aproximadamente una cuarta parte de la superficie terrestre y casi un cuarto de la población mundial, según estimaciones historiográficas recogidas por academias británicas y estadounidenses. Esa dimensión lo convirtió en la principal potencia colonial del siglo XIX y comienzos del XX, por delante de Francia, y dejó una huella administrativa, jurídica y lingüística que persiste en decenas de países hoy integrados en la Commonwealth.

Elkins profundiza en las líneas de investigación abiertas en su obra anterior sobre los campos de detención británicos en Kenia, galardonada con el Pulitzer de Historia en 2006. Su tesis sostiene que la represión no fue un fenómeno aislado ni excepcional, sino un mecanismo recurrente empleado por la administración colonial frente a los movimientos independentistas. La revuelta Mau Mau, protagonizada mayoritariamente por la etnia kikuyu contra la presencia británica y el reparto de tierras en las llamadas White Highlands, desencadenó una respuesta que incluyó la reclusión de cientos de miles de personas en campos entre 1952 y 1960.

Del silencio de los archivos al reconocimiento del Foreign Office

Investigaciones judiciales posteriores en el Reino Unido derivaron en una demanda colectiva presentada por antiguos detenidos kenianos, que forzó al Foreign Office a reconocer en 2013 el maltrato sufrido por los reclusos durante aquella campaña y a comprometerse a una compensación económica y a la construcción de un monumento en Nairobi. Aquel reconocimiento, sin embargo, no incluyó una disculpa formal en nombre de la Corona por el conjunto del proceso colonial, un matiz que organizaciones de derechos humanos kenianas han señalado reiteradamente como insuficiente.

El proceso fue posible en buena medida por la apertura de archivos coloniales mantenidos bajo secreto durante décadas en instalaciones del propio Foreign Office, un hecho revelado públicamente en 2011 que resultó determinante al aportar documentación que la Administración británica había negado poseer. El marco jurídico que permitió litigar estos episodios en tribunales británicos se apoya en la doctrina de responsabilidad extracontractual del Estado.

La comparación entre la represión en Kenia y los crímenes del nazismo remite a un recurso retórico presente en el debate historiográfico sobre el colonialismo europeo, que en las últimas dos décadas ha ganado espacio académico. Esa corriente sostiene que ciertos métodos de control poblacional ensayados en colonias africanas y asiáticas —campos de concentración, deportaciones forzosas, políticas de tierra arrasada— fueron estudiados por historiadores del nazismo como antecedentes, aunque la comparación directa sigue generando controversia entre especialistas que subrayan las diferencias de escala, intencionalidad y contexto histórico entre ambos fenómenos.

El precedente más citado en ese debate es la guerra colonial alemana contra los pueblos herero y nama en la actual Namibia, entre 1904 y 1908, reconocida oficialmente por el Gobierno alemán como genocidio en 2021, tras años de reclamaciones de las comunidades afectadas. La revisión académica del colonialismo británico se inscribe en la misma tendencia de reexamen histórico que ha alcanzado también a Francia, Bélgica y Países Bajos respecto de sus antiguas posesiones.

En España, el debate sobre el pasado colonial ha tenido menor intensidad institucional que en el Reino Unido o Alemania y se ha concentrado más en la revisión de la conquista americana que en episodios del siglo XX. Historiadores nacionales han abierto líneas de estudio comparado sobre la represión en el Protectorado de Marruecos y otras posesiones africanas, sin que exista hasta la fecha un proceso de reconocimiento institucional equiparable al del Foreign Office británico.

El Gobierno de Kenia, a través de sucesivas administraciones desde la independencia en 1963, ha mantenido reclamaciones simbólicas y económicas sobre el periodo colonial, mientras que organizaciones de veteranos Mau Mau y sus descendientes continúan demandando un reconocimiento más amplio, que abarque no solo la represión de 1952-1960, sino el conjunto del despojo territorial que precedió a la revuelta.

La aparición de estudios como el de Elkins coincide con un contexto en el que la historia del imperialismo europeo atrae creciente atención pública, alimentada por el debate sobre la retirada de estatuas coloniales en ciudades británicas, la revisión de fondos museísticos con piezas de origen colonial y las demandas de restitución de bienes culturales planteadas por antiguas colonias ante instituciones como el Museo Británico.

Ninguna instancia judicial internacional ha abierto hasta la fecha un proceso formal contra el Reino Unido por el conjunto de la represión colonial en Kenia más allá del litigio civil resuelto en 2013. El Foreign Office, por su parte, no ha anunciado nuevas líneas de revisión histórica institucional, mientras la presión de las organizaciones kenianas mantiene abierto el reclamo de una disculpa formal y de una compensación que abarque el despojo territorial previo a la revuelta.

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