El sociólogo Aris Komporozos-Athanasiou, profesor en el University College de Londres, sitúa el origen de ese reordenamiento en la crisis financiera de 2008. En su obra sobre comunidades especulativas, describe el tránsito del homo economicus —el individuo racional que calcula costos y beneficios— hacia un sujeto que, ante la incertidumbre, no tiene más recurso que especular.
"Cuanta mayor es la incertidumbre que percibimos, más tendemos a especular", afirma Aris Komporozos-Athanasiou, profesor de Sociología en el University College de Londres.
El dato que ilustra la magnitud del fenómeno es la fortuna de Musk, que según el análisis superaría el producto interno bruto de 172 países y duplicaría el de Sudáfrica, la nación en la que nació el empresario. La cifra se enmarca en la corrección bursátil posterior a 2008, cuando siete compañías vinculadas a la inteligencia artificial pasaron a representar un tercio de la capitalización del S&P500.
Para Habermas, formado en la tradición de la Escuela de Fráncfort bajo la influencia de Theodor W. Adorno, la salud de una democracia dependía de la existencia de una esfera pública libre de distorsiones, donde la ciudadanía pudiera deliberar sin la injerencia del Estado ni de intereses privados. Esa esfera, según su teoría de la acción comunicativa, debía sustentarse en procesos de comunicación capaces de desvelar las estrategias de ocultación del poder.
El filósofo advirtió sobre lo que llamó la "colonización del mundo de la vida": la sustitución de la deliberación política por criterios instrumentales de eficiencia. En el escenario que describe el análisis, la digitalización, las redes sociales y las plataformas bloquean ese ideal deliberativo, mientras los gobiernos, lejos de regular, se limitan a administrar los efectos del sistema, reducidos —según la expresión del texto— al papel de cajero.
Ese desplazamiento del Estado como garante de reglas hacia un rol de gestor tiene ecos en el debate panameño sobre la regulación de plataformas digitales y la fiscalización del gasto frente a actores privados cada vez más poderosos, un asunto que la Asamblea Nacional ha tratado de forma tangencial en discusiones sobre transparencia y protección de datos.
El artículo del 30 de noviembre de 2025
El texto más citado del filósofo en sus últimos meses fue un artículo de opinión publicado el 30 de noviembre de 2025 en El País, considerado su epitafio intelectual. En él expresó una preocupación que atravesó buena parte de su obra tardía: la fragilidad del proyecto de integración europea, que fue durante décadas su mayor esperanza para lograr una paz duradera.
"Al final de una vida política más bien favorecida por las circunstancias, no me resulta fácil llegar a esta conclusión implorante, pero lo cierto es que una mayor integración política, al menos en el núcleo de la Unión Europea, nunca ha sido tan vital para nosotros como lo es hoy. Y nunca ha resultado tan improbable", escribió Jürgen Habermas.
La tensión entre integración regional y fragmentación política que Habermas atribuía a Europa tiene un correlato en el hemisferio americano, donde bloques como el Sistema de la Integración Centroamericana enfrentan dilemas de cohesión frente a presiones externas, incluidas las que ejercen potencias como Estados Unidos y China en la disputa por influencia regional, un tema presente también en la mediación china ofrecida por Xi Jinping para la paz en el Golfo desde otro foro multilateral.
Uno de los episodios más citados del análisis remite a un diálogo entre Habermas y el filósofo Herbert Marcuse, relatado por la pensadora Adela Cortina, en el que ambos discutían durante años cuál era el fundamento normativo de la teoría crítica. La respuesta llegó, según ese relato, apenas dos días antes de la muerte de Marcuse, ya en el hospital.
"¿Ves? Ahora ya sé en qué se fundan nuestros juicios de valor más elementales: en la compasión, en nuestro sentimiento por el dolor de los otros", dijo Herbert Marcuse a Jürgen Habermas, según el relato de Adela Cortina.
Ese giro hacia la compasión como base última del juicio moral contrasta con la biografía de un filósofo que, desde niño, cargó con las secuelas de un paladar hendido operado dos veces, a los cinco años, lo cual le valió acoso escolar y una relación siempre incómoda con la exposición pública. Cuando se emocionaba, tartamudeaba y evitaba las apariciones en televisión, según recoge el texto.
La visión de Habermas de una sociedad donde la ciudadanía se reúne en una esfera pública no controlada por el Estado ni por corporación alguna, guiada por la razón y el intercambio de argumentos, se presenta hoy como un ideal en retirada frente al modelo descrito como tecnofeudalismo. En ese esquema, la concentración de capital y datos en pocas manos —ejemplificada por la fortuna de Musk o el peso bursátil de las siete grandes tecnológicas— desplaza la deliberación colectiva por decisiones tomadas en consejos corporativos ajenos a todo escrutinio democrático.
La obra de Habermas marcó la filosofía política occidental desde la segunda posguerra mundial hasta la irrupción de la revolución digital, y queda como referencia para entender lo que él mismo describió como una nueva era de posdemocracia, en la que la política se reduce a pura gestión frente al avance de fuerzas económicas que escapan al control de los Estados. En ese contexto, concluye el análisis, el tecnofeudalismo imperante arruina todo atisbo de progreso en la dirección que el filósofo alemán propugnaba.