España dio el miércoles el último adiós institucional a Carlos Garaikoetxea, primer lehendakari de la democracia, en un funeral celebrado en la parroquia de San Francisco de Pamplona-Iruñea. El acto vespertino cerró una jornada de homenaje que comenzó por la mañana con una capilla ardiente multitudinaria en el Palacio de Ajuria Enea, sede histórica de la Presidencia del Gobierno Vasco, y concluyó con un entierro privado en el cementerio de Iruñea al que solo asistió la familia.
Capilla ardiente multitudinaria en Ajuria Enea
La capilla ardiente instalada en el Palacio de Ajuria Enea concentró durante las horas de la mañana largas colas de ciudadanos vascos y navarros que acudieron a rendir tributo al primer presidente del Gobierno Vasco tras la restauración democrática. Al desfile de particulares se sumaron representantes de todo el arco parlamentario de las dos comunidades. El Palacio —sede emblemática que los lehendakaris abandonaron por razones de seguridad durante los años de mayor actividad de ETA y a la que regresó simbólicamente el uso institucional en décadas posteriores— se convirtió en el escenario de un duelo transversal que trascendió las divisiones entre partidos.
Sánchez y Feijóo coinciden en el funeral de Pamplona-Iruñea
La presencia simultánea en el templo de San Francisco del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y del líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, dotó al funeral de una dimensión de Estado infrecuente en actos de esta naturaleza celebrados fuera de Madrid. Esa coincidencia subrayó el peso histórico que la figura de Garaikoetxea tiene no solo en el ámbito vasco, sino en el relato más amplio de la construcción del Estado autonómico español, cuya arquitectura jurídica arranca del período constituyente de 1977-1979 y del Estatuto de Autonomía del País Vasco —conocido como Estatuto de Gernika—, aprobado en referéndum el 25 de octubre de 1979 con el 90,3 % de votos favorables, según los datos de la Junta Electoral Central.
Pradales pronuncia la oración fúnebre y le llama 'arquitecto del autogobierno'
El lehendakari en ejercicio, Imanol Pradales, pronunció la oración fúnebre y calificó a Garaikoetxea de 'arquitecto del autogobierno', una expresión que sintetiza el papel que la historiografía y la clase política vasca atribuyen a quien negoció y puso en marcha las primeras instituciones autonómicas vascas —el Parlamento, el Gobierno y la Ertzaintza— en los primeros años ochenta. Pradales asumió así la representación institucional del Gobierno Vasco en el acto religioso, ejerciendo la función protocolaria que corresponde al lehendakari en el duelo por quien ostentó por primera vez ese cargo.
Quién fue el primer lehendakari democrático
Carlos Garaikoetxea fue elegido primer lehendakari democrático tras las elecciones al Parlamento Vasco de marzo de 1980, las primeras celebradas al amparo del Estatuto de Gernika. Su mandato quedó asociado a la puesta en marcha del autogobierno en un contexto marcado por la violencia de ETA, la consolidación de la democracia española y la negociación permanente de las competencias transferidas desde el Estado central, proceso regulado por la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra de 1982 en el caso navarro y por los sucesivos reales decretos de traspasos en el caso vasco. Garaikoetxea fundó posteriormente Eusko Alkartasuna tras abandonar el Partido Nacionalista Vasco, lo que le situó en una posición singular dentro del nacionalismo: figura fundacional del sistema y, al mismo tiempo, disidente de la formación que lo había impulsado.
El precedente más cercano de un duelo institucional de alcance similar en el País Vasco fue el fallecimiento del lehendakari en el exilio José Antonio Aguirre en 1960, cuyo homenaje tuvo entonces un carácter forzosamente clandestino bajo la dictadura franquista. La contraposición entre aquella despedida silenciada y el funeral de Estado del miércoles ilustra la distancia recorrida por las instituciones vascas en seis décadas.
Entierro privado y debate sobre el autogobierno que queda abierto
El carácter privado del entierro, con asistencia restringida a los familiares, reflejó una voluntad expresamente diferenciada de los actos institucionales de la jornada. Esta separación entre el homenaje público y el momento íntimo del sepelio en el cementerio de Iruñea es una práctica habitual en los protocolos de Estado para personalidades de primera magnitud, que permite conciliar el reconocimiento colectivo con el respeto a la privacidad familiar.
La naturaleza transversal del homenaje —con el Gobierno central, la oposición nacional, las instituciones vascas y navarras y miles de ciudadanos confluyendo en una misma jornada— pone de relieve la singularidad de Garaikoetxea como figura que, más allá de su trayectoria partidaria posterior, encarna un momento fundacional compartido por fuerzas políticas con posiciones enfrentadas en múltiples cuestiones del autogobierno. En el País Vasco, donde la memoria de la Transición y el desarrollo estatutario siguen siendo materia viva de debate político, la unanimidad en la despedida constituye un hecho en sí mismo reseñable.
La desaparición del primer lehendakari deja abierta en el debate público vasco la reflexión sobre el estado actual del autogobierno que él contribuyó a diseñar hace cuatro décadas. El Estatuto de Gernika ha sido objeto de reivindicaciones de reforma y de propuestas de nuevo estatus por parte de distintas fuerzas políticas vascas en los últimos años —entre ellas la ponencia parlamentaria de actualización estatutaria iniciada en la legislatura 2020-2024—, sin que ninguna de esas iniciativas haya culminado hasta la fecha en una reforma acordada. El debate sobre los límites y el futuro del autogobierno vasco permanece, por tanto, sin resolver en el momento en que desaparece quien lo inauguró.



