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España retira al embajador en Israel tras expirar el ultimátum de Albares: Carderera inicia la repatriación mientras Abukeshek recibe diálisis de emergencia y 15 países exigen sanciones en la mayor ruptura diplomática desde la guerra de Gaza

El ministro de Exteriores firmó la orden de retirada a las 12:15, veintidós minutos después de que venciera el plazo sin respuesta israelí; Irlanda retira simultáneamente a su embajador; Bélgica y Eslovenia llaman a consultas a los representantes israelíes; Noruega anuncia la revisión de sus exportaciones de defensa; la Cruz Roja logró a las 14:00 una mediación de emergencia para iniciar la diálisis de Abukeshek, cuyo estado renal se ha deteriorado hasta requerir intervención inmediata

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid· · Actualizado:
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España retira al embajador en Israel tras expirar el ultimátum de Albares: Carderera inicia la repatriación mientras Abukeshek recibe diálisis de emergencia y 15 países exigen sanciones en la mayor ruptura diplomática desde la guerra de Gaza

A las 12:15 de esta mañana, en un despacho del segundo piso del Palacio de Santa Cruz que huele a madera vieja y a historia reciente, José Manuel Albares estampó su firma en un documento de tres páginas que ningún ministro de Exteriores español había tenido que firmar desde la crisis de Venezuela en 2019: la orden de retirada del embajador de España en Israel para consultas. Fernando Carderera, un diplomático de carrera con 34 años de servicio exterior que lleva dieciocho meses en Tel Aviv y que en las últimas tres semanas ha vivido la peor crisis bilateral entre los dos países desde el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1986, recibió la notificación en su residencia de Herzliya a las 12:22, siete minutos después de la firma, a través de una llamada cifrada que el protocolo ministerial registró con la lacónica anotación «instrucciones de retirada comunicadas al jefe de misión».

La retirada del embajador Carderera se inscribe en una cascada diplomática que ha convertido la tarde del jueves 15 de mayo en la jornada de mayor actividad en la política exterior europea desde las sanciones a Rusia de marzo de 2022. A las 12:40, apenas veinticinco minutos después de que Madrid comunicara formalmente su decisión a la embajada israelí en la capital española, Dublín anunció que Irlanda retiraba simultáneamente a su embajadora en Tel Aviv, Sonya McGuinness, en una decisión coordinada que el primer ministro Simon Harris calificó de «inevitable ante la persistente negativa de Israel a respetar el derecho internacional y la integridad física de los detenidos de la Flotilla». La sincronización no fue casual: Albares y su homólogo irlandés, Micheál Martin, habían pactado en una llamada a las 07:00 de esta mañana que ambos países ejecutarían la retirada en la misma franja horaria para maximizar el impacto mediático y evitar que Israel pudiera aislar a España como un actor solitario movido por cálculos electorales domésticos. La estrategia funcionó: a las 13:15, Bélgica anunció que convocaba al embajador israelí en Bruselas para una explicación formal, y a las 13:45, Eslovenia hizo lo propio, elevando a cuatro el número de países europeos que han tomado medidas diplomáticas concretas contra Israel en un solo día. Noruega, que no es miembro de la UE pero mantiene una influencia desproporcionada en la política exterior del continente a través de su papel en los procesos de paz de Oriente Medio, cerró la jornada de la mañana con un anuncio que los analistas consideran aún más significativo que las retiradas de embajadores: Oslo revisará todas sus exportaciones de material de defensa a Israel, un proceso que podría culminar en la suspensión de licencias de venta de componentes electrónicos militares que la industria armamentística israelí necesita para sus sistemas de vigilancia fronteriza.

La situación médica de Saif Abukeshek experimentó un giro dramático a primera hora de la tarde que ha añadido urgencia a una crisis ya de por sí extrema. A las 14:00, tras seis horas de negociaciones entre la Cruz Roja Internacional y las autoridades penitenciarias militares israelíes, un equipo médico de la organización humanitaria accedió a la prisión de Megiddo con un equipo portátil de diálisis. La mediación, que involucró al presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja, Mirjana Spoljaric, en persona a través de una conferencia telefónica con el ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, logró lo que las demandas diplomáticas de quince países no habían conseguido en tres semanas: una concesión humanitaria que Israel presentó como «un gesto de buena voluntad compatible con las obligaciones de potencia detenedora bajo el Cuarto Convenio de Ginebra». Los médicos de la Cruz Roja encontraron a Abukeshek en un estado que sus informes preliminares describen como «crítico pero estabilizable»: creatinina en 4,1 mg/dL, potasio en 6,2 mEq/L, presión arterial de 78/48, peso de 55,5 kilos y signos de encefalopatía urémica intermitente. La sesión de diálisis, que duró aproximadamente tres horas, logró reducir la creatinina a 2,8 mg/dL y estabilizar el potasio en 5,1 mEq/L, pero los médicos advirtieron que sin un programa regular de diálisis cada 48 horas, el activista sufrirá un deterioro renal irreversible que podría comprometer su supervivencia antes de fin de mes.

En el plano multilateral, la declaración actualizada que los 15 países firmantes emitieron a las 16:00 hora de Madrid marca un salto cualitativo respecto al texto anterior. La nueva versión, coordinada por el Ministerio de Exteriores irlandés con aportaciones sustantivas de España, Sudáfrica y Brasil, ya no se limita a exigir la liberación de los detenidos y una investigación independiente: incluye, por primera vez, una referencia explícita a la posibilidad de sanciones económicas si Israel no cumple con las demandas en un plazo de diez días. El lenguaje del párrafo sexto de la declaración es deliberadamente ambiguo en cuanto al tipo de sanciones —no especifica si serían comerciales, financieras o de otro tipo—, pero la mera mención del término rompe un tabú diplomático que los países europeos habían mantenido desde el inicio de la guerra de Gaza. Sudáfrica fue la principal impulsora del lenguaje sancionador, respaldada por Chile y Colombia, mientras que España y Bélgica prefirieron una formulación más cautelosa que dejara margen de maniobra para el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE que se celebrará el martes. La declaración también solicita formalmente al Consejo de Derechos Humanos de la ONU que establezca una misión de investigación sobre las condiciones de detención en las prisiones militares israelíes, una petición que cuenta con el respaldo explícito del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, quien emitió un comunicado paralelo calificando la situación de Abukeshek de «ejemplo paradigmático de la erosión del derecho internacional humanitario».

El Consejo de Asuntos Exteriores de la UE programado para el martes 20 de mayo se perfila como el escenario donde la crisis de la Flotilla podría transformarse de un conflicto bilateral en un enfrentamiento institucional entre la Unión Europea e Israel. La propuesta necesita una mayoría cualificada para prosperar, lo que significa al menos 15 Estados miembros que representen el 65 por ciento de la población de la UE. Los seis países promotores suman apenas 68 millones de habitantes, muy lejos del umbral de 292 millones necesario, pero las fuentes señalan que Alemania, cuya posición ha sido históricamente protectora de Israel, ha enviado señales de que estaría dispuesta a apoyar una revisión «limitada y reversible» si la situación de los detenidos no mejora sustancialmente antes del martes. La posición alemana, si se confirma, podría arrastrar a Francia y a los países nórdicos, creando una masa crítica que convertiría la revisión en una posibilidad real por primera vez en la historia del acuerdo.

La reacción de Israel a la retirada de los embajadores fue rápida pero contenida, lo que los analistas interpretan como una señal de que el gabinete de Netanyahu está evaluando el coste real de la escalada antes de decidir su respuesta. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, Lior Haiat, emitió un comunicado a las 14:30 en el que lamentaba «las decisiones unilaterales de España e Irlanda» y las calificaba de «gestos políticos que no contribuyen a resolver las diferencias legítimas entre aliados». El comunicado evitó cuidadosamente cualquier amenaza de represalia y no mencionó la posibilidad de retirar a los embajadores israelíes en Madrid y Dublín, una asimetría que sugiere que Netanyahu prefiere dejar abiertos los canales diplomáticos mientras mide la reacción de Washington. Y la reacción de Washington, que es siempre la variable decisiva en cualquier crisis que involucre a Israel, llegó a las 17:00 hora de Madrid en forma de un escueto comunicado del portavoz del Departamento de Estado, Matthew Miller, que se limitó a decir que Estados Unidos «monitoriza la situación y anima a todas las partes a buscar una solución diplomática». La ausencia de cualquier crítica a España o Irlanda fue interpretada en los círculos diplomáticos europeos como un guiño implícito: la administración Biden, a ocho meses de las elecciones presidenciales, no puede permitirse defender públicamente la detención de activistas humanitarios europeos sin arriesgar el voto de su base progresista.

En el frente doméstico, la retirada del embajador ha tenido un efecto inmediato sobre la jornada electoral del 17-M que ningún estratega de campaña podría haber previsto hace un mes. La noticia ha dominado todos los informativos del mediodía y la tarde, desplazando completamente el cierre de campaña en Andalucía de los titulares principales. Moreno celebró su acto de cierre en la Plaza de España de Sevilla ante 14.000 personas —cifra oficial del PP-A que la Delegación del Gobierno rebajó a 11.200—, pero su discurso de 52 minutos apenas pudo competir con las alertas de última hora que los teléfonos de los asistentes no dejaban de emitir. El candidato popular dedicó los primeros ocho minutos a la Flotilla, expresando «solidaridad con el Gobierno de España en la defensa de sus ciudadanos» pero advirtiendo de que «la retirada del embajador no debe convertirse en un instrumento electoral». La frase, calculada para ocupar un espacio de responsabilidad institucional sin criticar abiertamente la decisión, fue recibida con aplausos tibios por un público que había venido a escuchar propuestas sobre sanidad y empleo, no sobre geopolítica. Montero, en Cádiz, fue más directa: «Hoy España ha demostrado que tiene dignidad y que la dignidad no entiende de calendarios electorales», dijo ante 2.200 personas en el Palacio de Congresos, una frase que el equipo de Sánchez difundió inmediatamente en todas las redes sociales del PSOE como si fuera un eslogan de cierre de campaña que nadie había planificado pero que la realidad había escrito.

La dimensión histórica de la jornada no puede subestimarse. España ha retirado embajadores en contadas ocasiones desde la restauración de la democracia: de Argentina durante la guerra de las Malvinas en 1982 (por solidaridad con el Reino Unido bajo un marco OTAN), de Venezuela en 2019 durante la crisis de Guaidó, y ahora de Israel por primera vez desde el establecimiento de relaciones en 1986. La medida, que técnicamente es un acto de protesta diplomática reversible —el embajador vuelve a Madrid «para consultas» y la embajada sigue operativa bajo la dirección del encargado de negocios—, tiene sin embargo un peso simbólico que trasciende su alcance jurídico. Retirar al embajador significa decirle a un Estado aliado que la relación ha cruzado un umbral que la diplomacia ordinaria no puede gestionar, y ese mensaje, una vez enviado, no se borra con un comunicado de reconciliación ni se archiva con un apretón de manos en un pasillo de Naciones Unidas. Carderera, que esta tarde preparaba su equipaje en la residencia de Herzliya con la ayuda de dos funcionarios consulares, dejará atrás una embajada reducida a su mínima expresión funcional —ocho personas, frente a las 23 habituales— y un país de acogida que, según las encuestas del Israel Democracy Institute, apoya mayoritariamente la detención de los tripulantes de la Flotilla y considera la retirada del embajador español como una «agresión diplomática desproporcionada». El vuelo de Carderera a Madrid está programado para mañana viernes a las 09:30, lo que significa que el embajador aterrizará en Barajas en plena jornada de reflexión del 17-M, una imagen que los fotógrafos de la prensa ya se preparan para captar y que resumirá, en un solo fotograma, la colisión entre la política exterior y la política interior que define estos días de mayo.

Las próximas 96 horas concentran una secuencia de acontecimientos que determinará no solo el futuro de la relación hispano-israelí sino el papel de España en la arquitectura de seguridad europea. Mañana viernes, jornada de reflexión, Carderera aterrizará en Madrid mientras los partidos andaluces guardan silencio obligatorio. El domingo 17, Andalucía votará con la retirada del embajador como telón de fondo, y cada analista intentará determinar cuántos votos ha sumado o restado la crisis al PSOE y al PP. El lunes, Albares viajará a Bruselas para coordinar con los socios europeos la posición común para el Consejo del martes. Y el martes 20, los 27 ministros de Exteriores de la UE se sentarán alrededor de la mesa del Consilium para decidir si la revisión del acuerdo de asociación con Israel pasa del terreno de lo posible al terreno de lo real. Si la revisión avanza, la Unión Europea habrá dado un paso que ninguna organización internacional ha dado desde que la Corte Internacional de Justicia declaró ilegal el muro de separación en 2004. Si no avanza, la retirada de embajadores se quedará en un gesto simbólico que Israel absorberá sin consecuencias materiales. La salud de Abukeshek, mientras tanto, sigue siendo el reloj que marca el tempo de la crisis: la diálisis de hoy le ha comprado 48 horas, pero sin un programa regular, el activista volverá a estar en peligro el sábado, el mismo día en que los españoles estarán pensando si vale la pena ir a votar bajo la lluvia.

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