El cierre se mantenía hacia las 22.35 horas, según confirmó la Delegación del Gobierno en Melilla, que no ofreció de forma inmediata un balance de heridos ni detalles sobre la procedencia de los disparos escuchados junto al paso de Beni Enzar. Efectivos policiales españoles trabajaban sobre el terreno para conducir a varios grupos de personas desde la zona fronteriza, en una operación que se prolongaba durante la noche, que verificó los hechos en las inmediaciones.
Las primeras informaciones apuntan a un intento de cruce en tromba de un grupo de personas que trató de sobrepasar el perímetro aprovechando la oscuridad. Este tipo de episodios, conocidos como saltos a la carrera, se han repetido en los últimos años tanto en Melilla como en Ceuta, y suelen implicar a decenas de personas que corren de forma simultánea hacia las vallas o los pasos habilitados para superar los controles.
El incidente no fue un episodio aislado. Se produjo la misma jornada en que Ceuta registraba entradas masivas de migrantes procedentes de Marruecos, lo que sitúa ambas situaciones dentro de un mismo momento de presión sobre las dos ciudades autónomas del norte de África. Por el momento no se ha detallado si existe coordinación entre los grupos que intentaron cruzar en ambos enclaves o si se trata de movimientos independientes.
Un paso estratégico y una frontera con precedentes graves
Beni Enzar es el único paso fronterizo operativo entre Melilla y Marruecos tras el cierre de otros accesos en los últimos años, en el marco de sucesivas tensiones diplomáticas y de la pandemia. Por esta vía transitan habitualmente trabajadores transfronterizos, mercancías y viajeros, por lo que su cierre tiene un impacto inmediato en una comarca que depende del comercio y el tránsito de personas entre ambos lados. Melilla, junto con Ceuta, constituye la única frontera terrestre de la Unión Europea con el continente africano, un estatus que convierte a ambas ciudades en puntos de fricción recurrentes en la gestión migratoria europea.
El precedente más grave en Melilla se registró en junio de 2022, cuando un intento de entrada masiva en el paso de Barrio Chino se saldó con decenas de muertos, según los balances difundidos entonces por autoridades y organizaciones de derechos humanos, que discreparon sobre las cifras. Aquel episodio fue investigado por organismos internacionales y de derechos humanos y provocó interpelaciones en el Parlamento Europeo sobre el uso de la fuerza en la gestión de fronteras.
La relación migratoria entre España y Marruecos ha oscilado entre la cooperación reforzada y episodios de tensión abierta. El más recordado se produjo en mayo de 2021, cuando Marruecos relajó los controles en Ceuta, permitiendo la entrada de miles de personas en cuestión de horas, en un episodio que Rabat vinculó al acogimiento en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Tras la crisis, ambos gobiernos reconstruyeron la cooperación fronteriza, especialmente después del giro español de marzo de 2022 sobre el Sáhara Occidental, aunque con fricciones puntuales.
La gestión de estas fronteras se rige por el marco del acervo Schengen y la normativa española de extranjería, que obligan a distinguir entre quienes solicitan protección internacional y quienes intentan una entrada irregular sin esa vía. Las denominadas devoluciones en caliente, aplicadas en el entorno de las vallas de Ceuta y Melilla, han sido objeto de litigios ante el Tribunal Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que en su sentencia de febrero de 2020 en el caso N.D. y N.T. contra España avaló su aplicación bajo determinadas condiciones, un fallo que sigue delimitando el margen de actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
Organizaciones humanitarias como CEAR o Amnistía Internacional han reclamado en episodios anteriores que se garanticen vías seguras y legales para solicitar asilo en los pasos fronterizos, con el fin de evitar entradas masivas y peligrosas.
El control fronterizo marroquí es a su vez resultado de acuerdos de cooperación bilateral que se han reforzado en los últimos años. Marruecos recibe fondos europeos, entre otros a través del Fondo Fiduciario de la UE para África y de programas bilaterales con España, destinados al refuerzo de la vigilancia en su lado de la frontera, un mecanismo que condiciona la intensidad de los flujos según la aplicación que Rabat hace de esos controles.
La Delegación del Gobierno en Melilla no precisó cuándo podría reabrirse el paso de Beni Enzar, cuya reapertura depende de la evaluación de riesgo que realicen las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad sobre el terreno. En episodios similares, la normalización suele producirse en un plazo de horas, una vez despejado el perímetro. La coincidencia con las entradas registradas en Ceuta obligará en los próximos días a una valoración por parte del Ministerio del Interior sobre si ambos episodios responden a un mismo patrón y si procede reforzar la coordinación con Rabat, un asunto que, de derivar en tensión diplomática, sería objeto de seguimiento en los foros bilaterales y en las instancias comunitarias competentes en fronteras exteriores.


