El planteamiento central del artículo sostiene que la sociología no puede eludir una toma de posición metodológica antes de erigirse en disciplina científica plena. La pregunta de si el análisis social debe partir de la experiencia de quienes padecen un fenómeno o de quienes lo ejecutan no es, según el autor, un asunto meramente retórico, sino una cuestión que determina el tipo de teoría que se produce y las conclusiones a las que puede arribar.
Martínez Pineda enmarca esa discusión dentro de lo que denomina el "problema ontológico" de la disciplina, es decir, la naturaleza misma de aquello que la sociología pretende estudiar y explicar. Esa cuestión, de acuerdo con el planteamiento difundido, antecede a cualquier discusión posterior sobre técnicas de investigación, muestreo o análisis de datos, porque —según su argumento— sin resolver el punto de partida epistemológico toda propuesta metodológica carecería de fundamento sólido. El texto no propone una solución cerrada, sino que presenta el dilema como una tensión constitutiva de la disciplina.
De Comte a la Escuela de Fráncfort: un debate de dos siglos
La cuestión de la cientificidad de las ciencias sociales ha sido objeto de debate internacional desde el siglo XIX, cuando Auguste Comte propuso la sociología como una física social capaz de emular el rigor de las ciencias naturales. Esa aspiración fue matizada décadas después por Max Weber, quien introdujo la distinción entre juicios de hecho y juicios de valor, y posteriormente cuestionada por corrientes críticas que, como la Escuela de Fráncfort, plantearon que toda ciencia social está atravesada por intereses y relaciones de poder. El planteamiento de Martínez Pineda se inscribe en esa tradición, que enfrenta a quienes defienden la neutralidad valorativa de la disciplina y a quienes sostienen que toda investigación parte de supuestos que conviene explicitar.
El propio autor, cuya trayectoria incluye la publicación periódica de columnas de análisis social y político en medios salvadoreños, ha insistido en entregas anteriores en que la sociología latinoamericana enfrenta una tensión entre modelos importados de teoría social —principalmente de tradición europea y estadounidense— y la necesidad de desarrollar categorías propias que respondan a las particularidades históricas de la región, marcadas por conflictos armados internos, procesos de transición democrática y desigualdad estructural.
El debate no es nuevo en el ámbito académico salvadoreño. Desde la firma de los Acuerdos de Paz de 1992, que pusieron fin a doce años de conflicto armado, universidades como la Universidad de El Salvador y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas han sido escenario de discusiones análogas, en torno a cómo estudiar fenómenos como la violencia de posguerra, las estructuras pandilleriles o la migración forzada hacia EUA sin caer en enfoques que legitimen o estigmaticen a los sujetos de estudio.
Por qué la elección de perspectiva no es abstracta en El Salvador
La discusión tiene implicaciones más allá del plano académico. En un país donde el régimen de excepción rige de forma prorrogada desde marzo de 2022, la pregunta sobre desde qué perspectiva se construye el conocimiento sociológico incide directamente en cómo se interpretan las cifras de homicidios, detenciones y reinserción que divulgan periódicamente instituciones como la PNC y la FGR. Cada enfoque implica, de manera explícita o no, una elección sobre desde qué lugar se narra el fenómeno estudiado.
El artículo no hace referencia a datos oficiales recientes, sino que se concentra en el plano teórico. No obstante, el debate que propone conecta con discusiones más amplias sobre la producción de conocimiento social en contextos de alta polarización, donde la elección de una perspectiva de análisis puede determinar si un estudio es percibido como herramienta de comprensión o como instrumento con intenciones políticas.
El texto se inserta en un género de columnas de opinión académica que circulan en medios digitales salvadoreños, dirigidas tanto a un público universitario como a lectores interesados en la reflexión política y social del país. Este tipo de textos, aunque no constituyen investigación empírica, mantienen viva la discusión teórica en un espacio público donde la producción sociológica formal, publicada en revistas académicas indexadas, tiene una circulación más limitada.
No se prevé, por ahora, una respuesta formal de instituciones académicas al planteamiento, dado que se trata de un artículo de opinión y no de una publicación sometida a revisión por pares. El debate, sin embargo, es previsible que siga circulando en espacios universitarios y columnas de análisis en los próximos meses, en la medida en que el régimen de excepción y sus efectos sociales continúen siendo objeto de estudio por parte de centros de investigación nacionales.

