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Junts encadena bajas de cuadros del 1-O mientras ERC sube en sondeos

El partido de Puigdemont registra la salida de cerca de una veintena de dirigentes que le acompañaron tras el referéndum, en un contexto de descenso electoral.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Junts per Catalunya afronta la salida, en los últimos años, de cerca de una veintena de dirigentes y cargos que acompañaron a Carles Puigdemont tras el referéndum del 1 de octubre de 2017. La última baja conocida es la del exconsejero de Economía Jaume Giró, que atribuye su marcha a que las decisiones del partido responderían al interés personal del expresidente de la Generalitat.

El éxodo de cuadros se ha intensificado en los últimos dos años. Entre los nombres figura Miquel Sàmper, responsable de Interior con el expresidente Quim Torra entre 2020 y 2021, que dejó Junts en febrero de 2024 alegando una «brecha ideológica y de formas» con la dirección del partido. Sàmper ocupa hoy la consejería de Empresa y Trabajo en el Gobierno catalán de Salvador Illa (PSC), un trasvase de perfiles desde el espacio de Puigdemont hacia el socialismo catalán. Su antecesor en la cartera de Interior, Miquel Buch, ya se había dado de baja a finales de 2020 por considerar que la orientación del partido había dejado de representarle.

Jordi Sànchez, presidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) entre 2015 y 2017 y secretario general de Junts entre 2020 y 2022, abandonó la militancia en 2022 tras constatar que no podía influir en el rumbo de una formación que él mismo ayudó a construir en detrimento del PDECat. A esa lista se suman Clara Ponsatí, consejera de Educación en el Gobierno de Puigdemont en 2017 y opositora a cualquier acercamiento al Ejecutivo central; David Bonvehí, expresidente del PDECat y diputado en el Parlament desde 2017, que se distanció tras el fracaso del proceso soberanista; y, más recientemente, Eusebi Campdepadrós, que fue secretario de la Mesa del Parlament y encabezó la lista de Junts en Tarragona en 2017.

Otros casos apuntan a un desgaste más silencioso. Elsa Artadi, consejera y portavoz del Gobierno de Torra entre 2018 y 2019 y colaboradora en el diseño de la primera candidatura de Junts desde Bélgica, renunció en 2022 a su acta de concejala en Barcelona, a su escaño en el Parlament y a sus cargos orgánicos, alegando agotamiento, y anunció que dejaría también la militancia. Un año después hizo lo mismo Ferran Mascarell, que había sido delegado de la Generalitat en Madrid durante el mandato de Puigdemont.

No todas las salidas implican ruptura del carné. La empresaria Anna Navarro, presentada por Puigdemont como el gran fichaje de las elecciones de 2024 y número dos de la candidatura por Barcelona, renunció en julio a su escaño por motivos «personales y profesionales», aunque continúa en la dirección. Lourdes Ciuró, consejera de Justicia entre 2021 y 2022, declinó sustituirla y optó por mantenerse en el sector privado. El caso de Aurora Madaula, exvicepresidenta y diputada autonómica entre 2018 y 2024, próxima al sector liderado por Laura Borràs, apunta a otra dinámica: la de dirigentes desplazados de la estructura orgánica contra su voluntad que terminan retirándose de la primera línea.

El mapa electoral desde el referéndum

El goteo se produce en un contexto de pérdida de centralidad del espacio fundado por Puigdemont. Ciudadanos ganó las elecciones autonómicas catalanas de diciembre de 2017, las primeras tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la declaración unilateral de independencia. Illa, del PSC, se impuso después en los comicios de 2021 y en los de 2024, en los que Junts quedó por detrás tanto del PSC como de ERC en número de escaños. A ese escenario se ha sumado la irrupción de Aliança Catalana, la formación liderada por Sílvia Orriols, que compite por el electorado independentista más identitario que hasta ahora nutría a Junts.

Las encuestas conocidas en los últimos meses sitúan a la formación de Puigdemont en descenso sostenido, mientras ERC, bajo el liderazgo de Oriol Junqueras, consolidaría su proyecto con subidas en las proyecciones tanto para el Parlament como para el Congreso de los Diputados. Fuentes próximas al partido atribuyen el desgaste a la estrategia de bloqueo institucional mantenida por Puigdemont en detrimento de una vía de negociación orientada a obtener contrapartidas concretas para Cataluña, la fórmula conocida en el argot catalanista como portar el peix al cove (traer el pescado a la cesta). Un exdirigente resumía la discrepancia interna señalando que la dirección «prefiere los intereses de partido al bienestar y avanzar socialmente».

El desgaste ha alcanzado también la capacidad de Puigdemont para imponer decisiones dentro de su propio partido. Su influencia sobre la elección del candidato de Junts a la alcaldía de Barcelona se habría visto reducida, en contraste con el control que ejerció sobre las listas y los nombramientos en los años inmediatamente posteriores al referéndum de 2017 y a su marcha a Bélgica, desde donde ha dirigido la formación en la distancia.

Un legado nacionalista fragmentado

El precedente más directo de esta erosión se remonta a la disolución de Convergència i Unió (CiU) en 2015, la coalición nacionalista que gobernó Cataluña durante más de tres décadas y de la que surgió el espacio político que después heredaría Puigdemont. La fragmentación de aquel legado en distintas siglas —PDECat, Junts y ahora la competencia de Aliança Catalana— ilustra una recomposición constante del centro-derecha catalanista que enlaza con tensiones internas ya presentes en el nacionalismo catalán desde la Transición.

El partido ha defendido que las salidas responden a decisiones individuales y no a una crisis estructural, y ha reivindicado su papel como llave parlamentaria, condición que sigue esgrimiendo como principal activo político pese al deterioro de sus resultados electorales. Puigdemont no ha ofrecido, hasta la fecha, una respuesta pública detallada a las críticas que atribuyen las bajas a un estilo de liderazgo personalista.

De cara a los próximos meses, el calendario político catalán no prevé elecciones autonómicas inmediatas tras los comicios de 2024, por lo que la evolución de Junts dependerá en gran medida de su papel en la negociación presupuestaria y legislativa en el Congreso, así como de la capacidad de la dirección para frenar nuevas bajas antes de que los sondeos se traduzcan en una prueba electoral real.

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