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El extranjero de Camus cumple 84 años como clásico de apenas 120 páginas

La primera novela de Albert Camus, publicada en 1942, sigue siendo puerta de entrada a la filosofía del absurdo y se reedita en decenas de idiomas.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El extranjero, la primera novela del escritor francoargelino Albert Camus, cumple 84 años desde su publicación en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial. Camus la habría terminado de escribir en 1940, cuando era todavía un periodista poco conocido nacido en Argelia, según recoge la Enciclopedia de Filosofía de Stanford.

La brevedad de El extranjero forma parte de su leyenda literaria. Según las ediciones consultadas, la novela oscila entre las 118 y las 128 páginas, una extensión mínima para una obra que ha resistido más de ocho décadas de lecturas académicas y populares. El manuscrito habría quedado terminado en 1940, pero su publicación se retrasó hasta 1942 por el contexto bélico: Francia vivía la ocupación alemana y buena parte del continente estaba sumido en la Segunda Guerra Mundial. Aun así, el libro encontró lectores con rapidez y la crítica de la época reparó de inmediato en la singularidad de su voz narrativa, distante y aparentemente indiferente.

Camus nació en 1913 en Mondovi, entonces parte de la Argelia francesa, en el seno de una familia humilde. Antes de consolidarse como novelista, trabajó como periodista y dramaturgo, oficios que marcaron su estilo directo y desprovisto de ornamentación. Su infancia estuvo condicionada por la pobreza y por el contacto temprano con la enfermedad, circunstancias que él mismo reconoció como determinantes en la formación de su mirada literaria.

La novela sigue a Meursault, un oficinista francoargelino cuya indiferencia emocional ante el mundo constituye el eje de la trama. La historia arranca con la muerte de la madre del protagonista y avanza hacia un crimen cometido, en apariencia, sin motivo, bajo el sol de una playa argelina. La estructura, dividida en dos partes de cinco capítulos cada una, separa la vida cotidiana de Meursault de su posterior juicio. En ese proceso judicial, el tribunal termina condenando al protagonista menos por el homicidio en sí que por su comportamiento durante el entierro de su madre, en el que no llora ni muestra el duelo esperado socialmente.

Un absurdo que abría paso a la libertad

A través de Meursault, Camus dio forma literaria a su concepto del absurdo, entendido como el desajuste entre la búsqueda humana de sentido y el silencio del universo ante esa búsqueda. Para el autor, reconocer esa ausencia de sentido trascendente no debía conducir a la desesperación, sino abrir paso a una forma de libertad y a una vida vivida con mayor intensidad en el presente, al margen de consuelos metafísicos.

El extranjero se integra en lo que el propio Camus denominó el ciclo del absurdo, que agrupa también el ensayo El mito de Sísifo y la obra teatral Calígula. Ese conjunto inicial se completaría más adelante con La peste y El hombre rebelde, textos en los que el escritor profundizó en las implicaciones éticas y políticas de su pensamiento, desplazándose del absurdo individual hacia una reflexión sobre la rebeldía colectiva.

En 1957, quince años después de la publicación de su primera novela, Camus recibió el Premio Nobel de Literatura a los 44 años, lo que lo situó entre los galardonados más jóvenes en la historia del reconocimiento sueco. La distinción confirmaba el recorrido iniciado con El extranjero casi dos décadas antes.

La vida de Camus se truncó de forma abrupta en enero de 1960, cuando murió en un accidente de coche a los 46 años, apenas dos años después de recoger el Nobel. Viajaba como acompañante de su editor, Michel Gallimard, en un vehículo que se estrelló contra un árbol en una carretera francesa. La muerte prematura del escritor alimentó posteriormente numerosas lecturas sobre el carácter trágico de su propio final, en paralelo a las ideas que había desarrollado en su obra.

El propio recorrido de Camus estuvo marcado por la relación intelectual con Jean-Paul Sartre, referente del existencialismo francés de mediados de siglo, con quien mantuvo un vínculo tan fecundo como tenso que culminó en la conocida ruptura pública tras la aparición de El hombre rebelde en 1951. Aquel debate, uno de los episodios centrales de la vida intelectual europea de la posguerra, situó a ambos autores en polos distintos del pensamiento de la época.

Más de ochenta años después de su primera edición, El extranjero mantiene un lugar consolidado entre las novelas más leídas y estudiadas del siglo XX. Su presencia constante en programas educativos de secundaria y universidad en distintos países, así como sus reediciones periódicas en decenas de idiomas, confirman una vigencia poco habitual para una obra de su brevedad.

El interés recurrente por la novela se explica también por su capacidad de conectar con inquietudes contemporáneas sobre la alienación individual y el cuestionamiento de las normas sociales, temas que no han perdido actualidad pese al paso de las décadas. Los catálogos de las principales editoriales siguen incluyendo la obra entre sus títulos de fondo, aquellos que garantizan ventas sostenidas al margen de modas literarias pasajeras.

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