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El infierno en la tierra de las afganas: de la prohibición de estudiar a la violación legal de niñas

Los talibanes han aprobado desde 2021 alrededor de 140 medidas contra las mujeres mientras la Unión Europea da pasos para legitimar su gobierno

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid· · Actualizado:
2 min de lectura
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Los talibanes han aprobado desde 2021 alrededor de 140 medidas contra las mujeres mientras la Unión Europea da pasos para legitimar su gobierno El País ha adelantado esta información, que El Hemiciclo recoge, reescribe y contextualiza para sus lectores conforme a su línea editorial de rigor y verificación.

Los talibanes han promulgado cerca de 140 medidas restrictivas contra las mujeres afganas desde que recuperaron el poder en agosto de 2021, según el material verificado, convirtiendo Afganistán en el único Estado del mundo donde el acceso femenino a la educación, el trabajo y el espacio público está prohibido por ley. Al mismo tiempo, la Unión Europea ha iniciado pasos orientados a una normalización de sus relaciones con el régimen talibán, una dinámica que sitúa en tensión directa los valores fundacionales del bloque europeo con sus intereses geopolíticos y de gestión migratoria en Asia Central.

140 decretos en cuatro años

Desde la caída de Kabul el 15 de agosto de 2021 y la retirada de las tropas de la OTAN, el Emirato Islámico —denominación oficial del régimen— ha articulado un sistema normativo que, por volumen y sistematicidad, no tiene parangón contemporáneo en la restricción de derechos por razón de sexo. Las aproximadamente 140 medidas documentadas abarcan desde la prohibición de que las niñas accedan a la educación secundaria y universitaria hasta la legalización del matrimonio de menores, lo que en la práctica supone amparar jurídicamente la violación de niñas bajo el vínculo conyugal. Ningún gobierno reconoce formalmente al régimen talibán, pero varios ejecutivos y organismos internacionales mantienen canales de interlocución.

Por qué importa ahora

La relevancia de este momento no radica únicamente en la acumulación de vulneraciones —documentadas desde 2021— sino en la confluencia de dos procesos simultáneos: la consolidación normativa del régimen y la apertura de vías de diálogo por parte de la Unión Europea. Cuando una entidad supranacional con capacidad de sancionar, condicionar ayuda o imponer requisitos de derechos humanos opta por aproximarse sin exigir reversiones verificables en esas políticas, la señal política trasciende lo diplomático y afecta directamente a las afganas que resisten dentro del país y a las que pugnan por no ser devueltas desde territorio europeo.

El marco legal europeo y sus contradicciones

La política exterior de la UE en materia de derechos humanos se articula sobre el Tratado de Lisboa, que establece que la acción exterior del bloque debe regirse por los principios que han inspirado su propia creación, entre ellos la igualdad y el Estado de Derecho. El Parlamento Europeo ha aprobado en legislaturas anteriores resoluciones no vinculantes calificando la situación de las mujeres afganas como apartheid de género, un concepto que, aunque no tiene aún encaje en el Estatuto de Roma como crimen autónomo, ha sido impulsado por juristas internacionales precisamente a partir del caso afgano. La tensión entre ese posicionamiento declarativo y los pasos hacia la normalización constituye la contradicción de fondo que esta pieza documenta.

Prohibiciones que se superponen

El catálogo de restricciones no es estático ni acumulativo de forma lineal: los decretos talibanes se superponen y refuerzan mutuamente. La prohibición de educación femenina más allá de la escuela primaria, una de las primeras en dictarse, fue seguida por vedas al empleo en ONG nacionales e internacionales, al acceso a parques y espacios públicos sin mahram —tutor masculino—, al ejercicio de la medicina por parte de mujeres y, más recientemente, por normas que regulan el matrimonio de forma que eliminan la edad mínima efectiva para las niñas. El resultado es un ordenamiento jurídico diseñado para hacer inviable la vida autónoma de la mujer en cualquiera de sus dimensiones.

Afganistán como precedente sistémico

Los analistas de derecho internacional y las organizaciones de derechos humanos han señalado que la respuesta —o la ausencia de respuesta— de la comunidad internacional ante Afganistán establece un umbral práctico para otros regímenes. La pregunta que subyace es si la gravedad de las violaciones, su volumen y su carácter sistemático son condición suficiente para mantener el aislamiento diplomático o si, por el contrario, intereses como la contención de flujos migratorios, la estabilidad regional o el acceso a recursos pueden justificar la interlocución. No es una pregunta nueva —se planteó con Myanmar, con Arabia Saudí, con Irán— pero en el caso afgano adquiere una dimensión singular porque el régimen no oculta sus políticas ni las presenta como transitorias.

La posición de la UE y el silencio de los Estados miembros

Hasta la fecha, el bloque europeo no ha fijado públicamente una condicionalidad explícita y verificable —un conjunto de reversiones normativas mínimas exigibles— como prerequisito para cualquier forma de reconocimiento o cooperación ampliada con Kabul. Los Estados miembros, por su parte, han gestionado individualmente sus relaciones con el régimen, en particular en lo relativo a los retornos de ciudadanos afganos en situación irregular. Esta fragmentación dificulta que la UE actúe como actor unitario con capacidad de presión real, precisamente cuando el régimen talibán ha demostrado en cuatro años que es inmune a la presión simbólica no acompañada de consecuencias materiales.

Derecho de réplica

Este espacio queda abierto para incorporar sus respuestas en cuanto sean recibidas. El régimen talibán no dispone de representación diplomática reconocida ante la que formular la solicitud en los términos habituales.

Qué puede ocurrir

La trayectoria de los últimos cuatro años no apunta a ningún cambio autoinducido por el régimen: cada nueva medida ha ahondado en la restricción, no en la flexibilización. El debate en las próximas semanas y meses se librará en dos frentes: en los foros internacionales donde se discute la categorización jurídica del apartheid de género como crimen perseguible, y en las cancillerías europeas donde se negocia qué pasos concretos —si alguno— implica la normalización de contactos con Kabul. Para las afganas que hoy no pueden salir a la calle sin tutor, estudiar, trabajar ni casarse libremente, el resultado de ese debate no es abstracto.

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