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Rodríguez anuncia contratos petroleros con EEUU y firmas privadas

La presidenta encargada de Venezuela presentó acuerdos energéticos que, según dijo, permitirán elevar el bombeo de crudo y expandir el gas y la petroquímica.

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
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Retrato de Delcy Rodríguez
Retrato de Delcy RodríguezFoto: Presidency of Venezuela, Public domain

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, afirmó este viernes en un acto con trabajadores petroleros retransmitido por la televisión estatal VTV que los contratos suscritos recientemente con compañías internacionales abren una nueva etapa para la industria de hidrocarburos del país.

Rodríguez presentó los nuevos entendimientos como el resultado de un proceso de negociación basado en el «respeto mutuo» y en una fórmula que calificó de «ganar-ganar». En su intervención agradeció expresamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por lo que describió como la reanudación de «una relación energética que data de 1859», en alusión a los primeros vínculos comerciales entre ambos países en torno al petróleo venezolano. La mandataria insistió en que las diferencias entre Washington y Caracas deben resolverse «a través de la diplomacia y de la negociación», sin precisar el contenido exacto de los contratos ni las empresas firmantes.

Según la información difundida por el Gobierno venezolano, la hoja de ruta contempla no solo un aumento del bombeo de crudo, sino también la expansión de la producción de gas natural y el desarrollo de la industria petroquímica. Rodríguez situó la producción petrolera venezolana en 1,2 millones de barriles diarios en diciembre, una cifra que, de confirmarse por organismos independientes, seguiría muy por debajo de los más de 3 millones de barriles diarios que Venezuela llegó a producir a finales de los años noventa, según datos históricos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), de la que el país es miembro fundador.

La dirigente subrayó lo que llamó «la paradoja» de las reservas venezolanas: el país cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, según las cifras que la propia OPEP recoge en sus informes anuales, pero ocupa el puesto 20 entre los países exportadores. «Venezuela es el país con las primeras reservas petroleras del planeta, pero es el número 20 en posición de país exportador. ¿De qué sirven esas riquezas si no las desarrollamos?», planteó, en un mensaje dirigido tanto a la audiencia interna como a los interlocutores internacionales que negocian con Caracas. Rodríguez remarcó que las conversaciones se prolongaron «meses arduos, difíciles» y que la finalidad última es que la reactivación se traduzca en mejores salarios, hospitales equipados y escuelas «con educación de calidad».

La estrategia energética fue vinculada por Rodríguez con un proyecto más amplio de reconstrucción del Estado de bienestar, apelando al ideario de Simón Bolívar expresado en el histórico Discurso de Angostura de 1819, en el que el Libertador defendió la búsqueda de «la mayor suma de felicidad posible» para los pueblos americanos. Sobre esa base la mandataria enmarcó lo que describió como «un acuerdo binacional con el Gobierno de los Estados Unidos», del que no ofreció detalles operativos.

Sanciones, PDVSA y un historial de idas y vueltas

El anuncio se produce en un contexto marcado por años de sanciones estadounidenses a la petrolera estatal PDVSA, impuestas desde 2019 durante la primera Administración Trump y mantenidas, con matices, durante el mandato de Joe Biden. Washington llegó a autorizar licencias específicas a compañías como Chevron para operar en suelo venezolano bajo condiciones restringidas, en un pulso diplomático que ha oscilado entre el endurecimiento y la flexibilización según la coyuntura. La actual Administración estadounidense no ha confirmado públicamente, hasta la fecha de esta información, los términos de un eventual acuerdo binacional energético con Venezuela en los términos descritos por Rodríguez, ni ha trascendido de forma oficial el nombre de las compañías privadas mencionadas ni el calendario de implementación, por lo que buena parte del anuncio descansa en la versión ofrecida por el propio Gobierno venezolano.

Venezuela ha basado históricamente su economía en la renta petrolera, con el sector de los hidrocarburos representando en las últimas décadas la práctica totalidad de sus ingresos por exportaciones, según estimaciones del Banco Central de Venezuela y organismos internacionales. La caída de la producción desde 2014, agravada por la falta de inversión, la fuga de personal cualificado de PDVSA y las sanciones internacionales, coincidió con una de las crisis económicas más severas registradas en América Latina en tiempos de paz, con hiperinflación y una contracción del producto interior bruto que el Fondo Monetario Internacional llegó a situar entre las más pronunciadas del continente en el siglo XXI.

En ese marco, cualquier acuerdo que permita a Venezuela recuperar capacidad de bombeo y acceder a tecnología extranjera tendría un impacto directo sobre sus ingresos en divisas, dado que el petróleo continúa siendo la principal fuente de financiación del Estado venezolano. La recuperación plena de la industria requeriría inversiones multimillonarias y años de trabajo técnico, dado el deterioro de infraestructuras como la Faja Petrolífera del Orinoco, la mayor reserva de crudo pesado del mundo. El propio bombeo actual, en torno a 1,2 millones de barriles diarios según la cifra ofrecida por Rodríguez, sigue distante de los máximos históricos del país.

La oposición venezolana, liderada en el plano internacional por figuras como María Corina Machado, ha cuestionado en numerosas ocasiones la transparencia de los contratos petroleros firmados por el Gobierno de Nicolás Maduro, reclamando mecanismos de control parlamentario y judicial sobre este tipo de acuerdos. Hasta el momento no se ha registrado una reacción pública de estos sectores al anuncio de Rodríguez, aunque sí han exigido en el pasado que cualquier pacto energético sea sometido a escrutinio de la Asamblea Nacional. La Ley Orgánica de Hidrocarburos, vigente desde 2001 y con reformas posteriores, exige que los contratos de asociación en materia petrolera sean aprobados por el Parlamento, un requisito objeto de disputa dada la existencia de instituciones paralelas y el reconocimiento internacional dividido sobre la legitimidad de la cámara venezolana.

A la espera de que trasciendan más detalles sobre el contenido específico de los contratos, incluidos los nombres de las empresas firmantes, los plazos de ejecución y las cifras de inversión comprometida, el anuncio se sitúa por ahora en el terreno de la declaración política. El Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, responsables de administrar el régimen de sanciones sobre Venezuela, no han emitido hasta la fecha un comunicado que confirme la existencia de un acuerdo binacional con los términos descritos.

El desarrollo de estos acuerdos, de materializarse, tendría que reflejarse en los próximos meses en los datos de producción que Venezuela reporta a la OPEP y en los registros de exportación que recopilan organismos como la Agencia Internacional de la Energía. Esas cifras, contrastables con fuentes independientes, permitirán calibrar si el anuncio de Caracas se traduce en un repunte real de la actividad petrolera o si permanece, como en anteriores ocasiones, en el terreno del anuncio sin concreción posterior.

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