El acto en Palma estuvo encabezado por el cónsul general de Marruecos en las Islas, Zakaria Balga, y reunió a representantes institucionales, diplomáticos y empresarios. Entre ellos figuró Othman Ktiri, propietario de OK Mobility, una de las figuras empresariales de origen marroquí con mayor proyección en Mallorca, que compartió públicamente en redes sociales su presencia en la celebración, donde coincidió con otros miembros destacados de la comunidad marroquí.
La coincidencia de fechas es el elemento central del episodio: mientras en Mallorca se festejaba oficialmente al rey Mohammed VI en un espacio vinculado al Ministerio de Defensa, en Ceuta se desplegaban efectivos militares para contener una entrada masiva de personas procedentes de Marruecos, concentrada en apenas dos jornadas, el 30 y el 31 de julio. El Castillo de San Carlos, en Palma, es un recinto de titularidad militar cuya autorización de uso corresponde a Defensa.
La tensión en la ciudad autónoma no ha remitido en las semanas posteriores. Los militares desplegados en Ceuta se movilizan este miércoles en protesta por el aumento de las agresiones que sufren por parte de personas en situación irregular que permanecen en la ciudad, cifradas por los propios colectivos en más de 20.000. La denuncia de fondo apunta a la dotación de armamento durante el patrullaje.
Militares con un fusil para cinco
Mientras en el resto de España cada militar recibe un fusil de forma individual, en Ceuta la proporción es de un arma para cada cuatro, cinco o seis efectivos durante las labores de patrullaje, según el colectivo, que describe una sensación de impotencia ante los ataques. Entre las consecuencias figuran ya efectivos con fractura de peroné y múltiples traumatismos derivados de agresiones, según denunciaron los propios militares a OKDIARIO.
«No nos dejan defendernos», declararon a OKDIARIO desde el colectivo de militares destinados en Ceuta.
La ciudad autónoma es, junto con Melilla, uno de los dos únicos puntos de frontera terrestre entre la Unión Europea y el continente africano. Esa condición la ha convertido en escenario recurrente de crisis migratorias. La entrada masiva de este verano recuerda a la de mayo de 2021, cuando más de 8.000 personas cruzaron la frontera en menos de 48 horas tras la relajación de controles por parte de las autoridades marroquíes.
Rabat vinculó abiertamente aquel episodio de 2021 a la tensión diplomática por la acogida en España del entonces líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, que recibía tratamiento hospitalario en Logroño. La crisis motivó el despliegue del Ejército en la frontera y una ruptura diplomática que tardó meses en reconducirse, hasta el giro de Madrid sobre el Sáhara Occidental en marzo de 2022.
Presión sobre Ceuta y Melilla
Marruecos ejerce sobre Ceuta y Melilla una presión estructural que combina el control de flujos migratorios con la reivindicación de soberanía sobre ambas ciudades, que Rabat considera territorio ocupado pese a que España las administra ininterrumpidamente desde los siglos XV y XVI, respectivamente. La frontera ha operado como instrumento de negociación bilateral en sucesivas ocasiones a lo largo de las últimas décadas.
La relación bilateral se sostiene, no obstante, sobre intereses económicos y de seguridad compartidos: el control migratorio conjunto, la cooperación antiterrorista y unos intercambios comerciales que sitúan a Marruecos entre los principales socios de España en el norte de África. Esa interdependencia marca la cautela con que Madrid gestiona los episodios de tensión fronteriza sin romper el canal de diálogo con Rabat.
La comunidad marroquí en Baleares mantiene una presencia empresarial consolidada en sectores como el alquiler de vehículos, el comercio y la hostelería, y una relación institucional activa con el Consulado General, que organiza cada año actos de representación coincidiendo con las principales fechas del calendario oficial marroquí. Entre ellas, la Fiesta del Trono, que conmemora la entronización de Mohammed VI en 1999.
El episodio de Palma se enmarca en un patrón más amplio de deferencia institucional hacia Rabat que ha marcado la agenda bilateral desde 2021 y que ha vuelto a primer plano tras los sucesos de julio en Ceuta. La cesión de un recinto militar para un acto de representación consular marroquí, coincidiendo con el despliegue del Ejército frente a una crisis fronteriza procedente del mismo país, ha reactivado el debate sobre los límites de esa relación cuando están en juego la seguridad fronteriza y los intereses de España.
La contradicción es la que resume el reportaje que publicó este medio: militares españoles desplegados en Ceuta y, el mismo día, un castillo vinculado a Defensa convertido en escenario de la celebración del rey de Marruecos, con destacados empresarios de origen marroquí entre los invitados. La movilización de los militares destinados en la ciudad autónoma, convocada para este miércoles, vuelve a poner el foco sobre las condiciones en que el Ejército opera en la frontera sur.


