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Los Ig Nobel salen de EE UU por primera vez en 35 años y se celebran en Zúrich

La gala de la ciencia insólita premió estudios sobre calzoncillos enterrados, urinarios sin salpicaduras y la definición del beso, y se traslada a Suiza por dudas migratorias

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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La ceremonia de los Ig Nobel, los llamados 'premios Anti-Nobel' que distinguen investigaciones capaces de «hacer reír y después pensar», se celebró esta semana en Zúrich (Suiza) tras 35 años ininterrumpidos en Estados Unidos. Los organizadores decidieron el traslado al considerar que la política migratoria estadounidense no ofrecía garantías suficientes para que todos los laureados pudieran entrar en el país.

El cambio de sede rompe una tradición que se mantenía sin interrupción desde hace 35 años en Estados Unidos, cuna del certamen. Los organizadores justificaron la elección de Zúrich no solo por la incertidumbre sobre la entrada de investigadores extranjeros en territorio estadounidense, sino también con un guiño simbólico: «Suiza ha sido la cuna de muchas cosas inesperadas y maravillosas como la física de Albert Einstein, la economía mundial o el reloj del cuco», señalaron. Pese al cambio de ubicación, la gala mantuvo el tono deliberadamente irreverente que la caracteriza, ajeno a las reglas habituales de los actos científicos solemnes.

El traslado no será puntual. Los responsables del evento adelantaron que Zúrich acogerá la ceremonia cada dos años a partir de ahora, mientras que en los años impares los premios viajarán a otro país aún por determinar. La fórmula introduce cierta estabilidad europea en un galardón que siempre ha cultivado la informalidad frente al boato de los Nobel suecos, entregados cada diciembre en Estocolmo con la medalla de oro que reproduce el perfil de Alfred Nobel, según el testamento del inventor de la dinamita que rige los premios desde 1901.

De los calzoncillos enterrados a la mordedura de las serpientes

Entre los diez trabajos premiados destacó una investigación con participación de la Universidad de Zúrich que utilizó ropa interior para medir la salud del suelo. El equipo enterró calzoncillos en distintos puntos de Suiza y los desenterró dos meses después: cuanto mayor era el deterioro de la tela, mayor era la actividad biológica del terreno y, por tanto, su riqueza en materia orgánica. Como recompensa, los científicos recibieron un antiguo billete de diez billones de dólares zimbabuenses —moneda arrasada por la hiperinflación que vivió Zimbabue a finales de la década de 2000 y que hoy circula como pieza de coleccionista, cotizada en torno a los diez francos suizos— además del característico trofeo en forma de seta con pie humano.

El Ig Nobel de Biología recayó en un equipo que investigó qué factores incitan o disuaden a una serpiente venenosa de morder a un ser humano. Para ello los propios investigadores participaron directamente en el experimento: entre ellos, Joao Miguel Alves-Nunes fue distinguido por pisar con suavidad de forma repetida serpientes venenosas a distintas temperaturas para averiguar qué lleva al animal a morder. El trabajo, de corte experimental y no exento de riesgo físico para sus autores, aspira a aportar datos aplicables a la prevención de accidentes por mordedura en zonas rurales de países tropicales.

En biomecánica, un equipo conjunto de Estados Unidos y Reino Unido fue reconocido por proponer una definición científica precisa del beso aplicable a distintas especies: un contacto oral que implica movimiento de labios y boca pero sin transferencia de alimento, categoría en la que entrarían tanto los seres humanos como determinadas conductas observadas en hormigas, aves y osos polares.

Un grupo de investigadores japoneses recibió el premio por un estudio titulado 'Estudio sobre la aerodinámica del sonado de nariz', centrado en determinar cuál es la técnica más eficaz para sonarse. El Ig Nobel de Física, por su parte, distinguió a un equipo que abordó otro problema cotidiano de ingeniería: qué forma geométrica debe tener un urinario para reducir al máximo las salpicaduras, un trabajo que combina dinámica de fluidos y diseño industrial con aplicaciones directas en el mantenimiento de espacios públicos.

El canadiense Changhong Cao obtuvo el Ig Nobel de Tecnología por ser pionero en el uso de probóscides de mosquito como boquillas de impresión 3D de alta resolución, una técnica bautizada como «necroimpresión». El galardón de la Paz fue para una investigación centrada en las dinámicas sociales del rencor compartido: por qué tendemos a apreciar a aquellos amigos que se comportan de manera desagradable con personas que nosotros mismos detestamos, un fenómeno que los autores vinculan a mecanismos de cohesión grupal.

Los Ig Nobel se conciben como una parodia afectuosa de los Nobel auténticos: premian estudios que resultan primero cómicos y después reveladores, y a diferencia de los galardones suecos carecen de dotación económica relevante y de respaldo institucional estatal. Buena parte de su prestigio informal procede de la participación voluntaria de premios Nobel reales como presentadores o entregadores de trofeos durante la gala, un contraste buscado entre la solemnidad de la ciencia consagrada y el humor de la investigación insólita.

La edición de este año, marcada por el cambio de sede, coincide con un mayor escrutinio sobre las políticas de visados y entrada de científicos extranjeros en Estados Unidos, un asunto que en los últimos años ha generado inquietud en comunidades académicas internacionales por las restricciones y demoras en la tramitación de permisos. El traslado a Europa convierte esa preocupación, hasta ahora reservada a foros especializados, en un gesto público protagonizado por un certamen de alcance mediático mundial.

Los organizadores no han precisado qué país acogerá la próxima edición en año impar, aunque han confirmado que el formato itinerante bienal se mantendrá como fórmula estable: Zúrich en los años pares y una sede rotatoria en los impares, anunciada con antelación suficiente para facilitar la participación de los equipos galardonados.

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