El acto cerraba la visita de Sánchez a Estados Unidos con motivo de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Tras el discurso sobre regulación de la inteligencia artificial y una conversación con un moderador, el turno de palabra pasó a la profesora Shoshana Zuboff, que calificó la intervención de «conmovedora, emotiva y hermosa». Cuando los estudiantes tomaron el micrófono, sin control de los organizadores, encadenaron cinco preguntas, la mayoría incómodas.
La pregunta de Santos llegó en último lugar. El estudiante inquirió a Sánchez si hacía un llamamiento a la celebración de elecciones libres en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero y la transición encabezada por Delcy Rodríguez en cooperación con la Administración de Donald Trump, un proceso que de momento no ha derivado en convocatoria electoral. Sánchez desvió la respuesta hacia la regularización de inmigrantes aprobada por su Gobierno, que incluye a ciudadanos venezolanos, dijo estar siempre a favor de elecciones sin exigirlas y evitó pronunciarse sobre Zapatero.
«El presidente no se mojó. No quiso pedir una elección presidencial en este contexto y ni siquiera hubo respuesta sobre Zapatero, quedó como en el aire», relata Santos, que explica su motivación: «Tengo mucho interés por la política de Venezuela, como todos los venezolanos, y lo que pasa en Venezuela e Hispanoamérica está íntimamente atado a España».
Antes de esa intervención, otro estudiante, identificado como Peter e investigador en inteligencia artificial en su tercer año, preguntó por los casos judiciales que afectan al entorno del presidente. «Tengo curiosidad por preguntarle por el hecho de que su esposa, su hermano, su exfiscal general, su antiguo secretario de Organización, o la asistente personal de su mujer están entre los nueve casos de corrupción que actualmente afectan a su Gobierno», planteó, para añadir que, según encuestas de la Comisión Europea, muchos españoles consideran a Sánchez «una de las razones de la corrupción en España». La pregunta recibió aplausos.
Sánchez respondió con gesto contrariado, rechazó la culpabilidad de sus familiares y enmarcó los casos como «política sucia, no corrupción», una respuesta que también fue aplaudida. Un tercer estudiante, Nicolás, alumno de máster, preguntó por el espionaje con el programa Pegasus al teléfono del presidente, el papel de Marruecos en la crisis migratoria de Ceuta y el giro de España respecto al Sáhara Occidental. Sánchez calificó el impacto de Pegasus de «fake news».
El formato resultó excepcional para un presidente que lleva tiempo sin conceder entrevistas a medios españoles no estatales ni afines, y cuyas escasas ruedas de prensa se celebran con turnos reducidos y periodistas casi siempre elegidos por Moncloa. La condición del acto en la Kennedy School era, precisamente, someterse a preguntas de los estudiantes sin su control. «Quizá no se lo esperaba», resume Santos.
El propio Sánchez había defendido en Harvard, según su intervención ante los estudiantes, que el caso judicial que afecta a su esposa Begoña Gómez es un «ataque personal» de la oposición. Santos admite cierta sorpresa por el tono del debate y por el desconocimiento de algunos asistentes: «Yo pensaba que mi pregunta iba a ser la más polémica, pero no».
«Me hubiera gustado que su respuesta fuera distinta», afirma Daniel Santos Ramírez, estudiante de máster en la Kennedy School of Government de Harvard.


