La fórmula matemática que transforma votos en escaños en España no es neutral: el método D'Hondt, combinado con un mapa electoral diseñado por provincias, beneficia sistemáticamente a los partidos con mayor respaldo y penaliza a las formaciones pequeñas con voto disperso territorialmente. Así lo constata el propio diseño del sistema, que asigna representación parlamentaria mediante divisores sucesivos aplicados circunscripción a circunscripción, no sobre el conjunto del electorado nacional.
La mecánica del reparto
El método D'Hondt opera dividiendo los votos obtenidos por cada candidatura en una circunscripción entre una serie de divisores —1, 2, 3, 4…— hasta alcanzar tantos cocientes como escaños correspondan a ese territorio. Los escaños se adjudican a los cocientes más altos, en orden descendente. El resultado es que, en circunscripciones con pocos escaños en juego —que son mayoría en España—, el umbral real para obtener representación supera con holgura el mínimo legal del tres por ciento fijado por la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG).
El papel determinante de la provincia
España divide su territorio electoral en 52 circunscripciones, correspondientes a las cincuenta provincias más las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. El Congreso de los Diputados cuenta con 350 escaños en total. Cada provincia tiene garantizados al menos dos diputados, independientemente de su población, lo que genera una desproporción estructural: las provincias menos habitadas eligen un número de representantes desproporcionadamente alto en relación con su censo, mientras que las más pobladas ven diluido el peso de cada voto individual. Provincias con escasos escaños en disputa convierten el sistema en algo próximo al mayoritario, donde solo los dos o tres partidos más votados obtienen representación.
El sesgo que favorece al voto concentrado
La consecuencia práctica es doble. Por un lado, los partidos de implantación nacional pero con apoyo moderado y repartido entre todas las circunscripciones obtienen sistemáticamente menos escaños de los que les correspondería en un sistema proporcional puro. Por otro, las formaciones de base territorial concentrada —con fuerte respaldo en pocas provincias— pueden lograr representación parlamentaria significativa con un número de votos totales inferior al de otras fuerzas de alcance estatal. Este fenómeno es inherente al diseño de la circunscripción provincial, no a la fórmula D'Hondt en sí misma, que en circunscripciones grandes tiende a producir resultados más proporcionales.
Origen y marco legal
El sistema vigente hunde sus raíces en la Ley para la Reforma Política de 1977 y se consolidó en la LOREG de 1985, norma que sigue siendo el texto rector del proceso electoral español. La elección de la provincia como unidad electoral respondió, en la Transición, a un equilibrio entre la representación territorial y la integración de distintas sensibilidades regionales en un Estado que iniciaba su descentralización. La Constitución de 1978 establece en su artículo 68 que el Congreso se compone de entre trescientos y cuatrocientos diputados, elegidos por sufragio universal, libre, igual, directo y secreto, y que la circunscripción electoral es la provincia.
Cómo se calcula en la práctica
El proceso concreto sigue pasos reglados: concluido el escrutinio, la Junta Electoral competente toma los votos válidos de cada candidatura —excluidos blancos y nulos, y descartadas las listas que no alcancen el tres por ciento de los votos válidos en la circunscripción—, aplica la tabla de cocientes y asigna los escaños disponibles. En una provincia con cinco escaños en juego, por ejemplo, solo los cocientes que ocupen las cinco primeras posiciones generan representación. Una candidatura puede haber obtenido un porcentaje de votos relevante y quedar sin escaño si sus cocientes no superan a los de sus competidoras en ese tramo.
Lo que el sistema no garantiza
El método D'Hondt no asegura proporcionalidad estricta entre votos nacionales y escaños nacionales. Dos partidos con idéntico porcentaje de voto agregado pueden obtener representaciones parlamentarias muy distintas dependiendo de cómo esté distribuido ese voto entre circunscripciones. Esta característica es conocida y ha sido objeto de debate académico y político recurrente en España, con propuestas periódicas de reforma que han abarcado desde ampliar el número total de diputados hasta reducir el mínimo provincial o establecer una circunscripción única nacional, ninguna de las cuales ha prosperado hasta la fecha al requerir reforma de la LOREG con mayoría absoluta del Congreso.
El debate sobre la reforma
La discusión sobre la proporcionalidad del sistema electoral español no es nueva ni está cerrada. Distintas corrientes académicas señalan que el verdadero factor distorsionador es el tamaño reducido de la mayoría de las circunscripciones, más que la fórmula matemática en sí. En circunscripciones grandes como Madrid o Barcelona, el método D'Hondt produce resultados cercanos a la proporcionalidad real; en provincias que eligen dos o tres diputados, el efecto mayoritario domina. Cualquier evaluación del sistema exige, por tanto, distinguir entre la fórmula de reparto, el mapa de circunscripciones y la asignación mínima de escaños por territorio: tres variables que operan de forma conjunta y producen el resultado final.

