Villalón, que resume su filosofía en la frase «no gasto en vestidos, lo invierto en restaurantes», ha construido su perfil público en torno a la recomendación constante de locales y productos, una suerte de guía informal que sus seguidores consultan antes de reservar mesa. Según relata, antes de ser madre visitaba más de 400 restaurantes al año, cifra que reconoce haber reducido sin abandonar su «búsqueda de la excelencia». Su actividad se enmarca en el auge de los creadores de contenido gastronómico, perfiles que en los últimos años han pasado a complementar la función que tradicionalmente cumplían las guías impresas y la crítica especializada.
En el cuestionario, la creadora sostiene que en la nevera playera perfecta no pueden faltar un gazpacho frío embotellado y agua con gas, además de fruta variada y un plato principal que evite mezclarse con la arena. Insiste en el uso de recipientes de cristal y cubiertos metálicos —«nada de plásticos»—, en línea con la sensibilidad creciente hacia la reducción de plásticos de un solo uso en espacios naturales.
Para un menú completo sobre la toalla, propone una ensalada de garbanzos con tomate, huevo duro y pepino como primer plato, y filetes de pollo rebozados —pasados por harina y huevo, no por pan rallado— como plato principal, una técnica que, según explica, mantiene más jugosa la carne. Como bebida recomienda agua o kombucha, la bebida fermentada que en los últimos años ha ganado presencia en el mercado español de productos considerados saludables.
Los sabores que definen su verano
Preguntada por los sabores que la transportan a la temporada estival, Villalón menciona el bonito encebollado, las rabas de calamar y los sobaos, tres clásicos de la gastronomía cántabra que, afirma, no faltan en sus vacaciones. El sobao pasiego, dulce tradicional de la comarca de los Valles Pasiegos, cuenta con Indicación Geográfica Protegida reconocida por la Unión Europea, distintivo que ampara su elaboración artesanal frente a imitaciones industriales.
La creadora asocia también el verano a sensaciones no gastronómicas: el salitre en el pelo tras el baño y el olor a humedad al acercarse en coche a la costa, detalles que refuerzan la dimensión sensorial que suele acompañar a este tipo de relatos de temporada.
Entre sus caprichos destaca el queso fresco de Las Garmillas, una quesería cántabra cuyo producto, dice, solo encuentra cuando está en la región, lo que subraya el valor que otorga a los productos de proximidad y estacionales. En el capítulo de helados, se declara incondicional del jaspeado de moka de la marca cántabra Regma, con presencia consolidada en el mercado heladero regional desde hace décadas.
Villalón aporta además una receta pensada para los días en que no apetece cocinar: triturar brócoli y zanahoria crudos hasta lograr una textura similar a la del cuscús, aliñados con aceite de oliva virgen extra, vinagre de manzana, sal, pimienta y semillas de girasol o calabaza. Se trata de una propuesta que se inscribe en la tendencia de recetas rápidas y frías que han proliferado en redes sociales como alternativa a la cocina tradicional en los meses de más calor.
Para la merienda infantil recomienda fruta cortada —con la sandía como favorita por estar en plena temporada— junto con patatas fritas elaboradas en aceite de oliva y un sándwich saludable, combinando el disfrute de los más pequeños con criterios que buscan limitar azúcares y grasas de peor calidad.
El fenómeno de los prescriptores gastronómicos en redes sociales ha transformado en la última década la manera en que buena parte de los consumidores decide dónde comer o qué productos adquirir en cada temporada, un cambio de hábito que coexiste con las guías tradicionales y la crítica especializada sin sustituirlas, pero complementando de forma decisiva la información gastronómica al alcance del público.

