Las cortinas de la sala de observación se cerraron a las 7:46 de la noche, según relató el periodista John North, testigo presencial y reportero de investigación de la cadena estadounidense WBIR. Tres minutos después volvieron a abrirse y Pike seguía con vida. A las 8:05 de la noche, cuando bajaron las persianas por segunda vez, la condenada aún respiraba, explicó North ante los medios.
Fueron dos jeringas de pentobarbital las que se administraron sin producir la muerte, de acuerdo con el testimonio de uno de los abogados de Pike a la BBC. Mientras el procedimiento estaba en marcha, su equipo legal presentó una moción de emergencia para detenerlo, alegando que la condenada se encontraba en una "innecesaria agonía". En ese escrito afirmaron que Pike "perdió el conocimiento, pero aún tiene pulso y ronca".
Los testigos presenciales declararon haber escuchado a Pike aún con vida antes de ser evacuados del área de observación, momento en que llegaron vehículos de emergencia a la cárcel. North, que en 1995 cubrió el asesinato por el que fue condenada, resumió la escena con una frase que apunta directamente al protocolo estatal de ejecución.
"Tenemos muchas dudas de lo que vimos y de lo que no vimos", declaró John North, reportero de investigación de WBIR que presenció la ejecución.
El crimen que llevó a Pike al corredor de la muerte ocurrió cuando ella tenía 18 años. Junto a su novio de entonces, Tadaryl Shipp, golpeó y torturó hasta la muerte a Colleen Slemmer, una joven de 19 años a la que conocieron en un campamento de formación laboral para adolescentes con problemas de conducta. El caso estremeció a Estados Unidos y mantuvo a Pike tres décadas en el corredor de la muerte.
El pentobarbital, un barbitúrico de acción rápida, se emplea en varios estados de Estados Unidos como agente único en los protocolos de inyección letal. Su uso ha sido objeto de litigios por presuntos fallos en la sedación, y casos de ejecuciones prolongadas han alimentado el debate judicial sobre si estos procedimientos vulneran la prohibición constitucional de castigos crueles e inusuales.
Las autoridades de Tennessee aún no se habían pronunciado sobre lo ocurrido en la que iba a ser la primera ejecución de una mujer en el estado en dos siglos. A la distancia, el episodio recuerda que la fiscalización de un trámite estatal no admite expedientes a medias, como se observa también en otras latitudes cuando falta inventario y refrendo de lo público. En este caso no hay segunda vista ni corrección posible del expediente: el cuerpo de Pike quedó como testigo físico de un procedimiento que el Estado no completó.
Mientras Tennessee decide los próximos pasos, Christa Pike permanece hospitalizada, con pulso, tras un procedimiento que su propio Estado inició dos veces sin lograr concluirlo.