El desmentido chino responde a versiones que atribuían a Pekín un supuesto intercambio de datos con Teherán en las horas previas al ataque. La base golpeada forma parte de la red de instalaciones que Estados Unidos mantiene en Medio Oriente para vigilar a Irán y a los grupos armados aliados de la República Islámica en la región.
La sospecha sobre una posible colaboración de inteligencia entre ambos gobiernos se apoyaba en la precisión con que los misiles iraníes alcanzaron objetivos dentro del recinto militar. De confirmarse, esa hipótesis apuntaría a un salto cualitativo en la relación estratégica entre China e Irán, que en los últimos años han estrechado lazos económicos y militares frente a las sanciones occidentales.
China ha mantenido una posición de equidistancia en los conflictos de Medio Oriente, presentándose como mediador antes que como parte beligerante. Esa postura quedó reflejada cuando Xi Jinping ofreció a China como mediadora para la paz en el Golfo desde los Brics, en un intento de proyectar a Pekín como actor diplomático capaz de tender puentes entre Teherán y las potencias occidentales.
El vínculo entre China e Irán se sostiene sobre todo en el terreno energético: Pekín es uno de los principales compradores de petróleo iraní pese a las sanciones estadounidenses, y ambos países firmaron en 2021 un acuerdo de cooperación estratégica a 25 años que incluye inversión en infraestructura. Esa cercanía alimenta las dudas de Washington cada vez que Teherán exhibe capacidades militares de alcance o precisión inesperados.
La cooperación militar entre potencias y actores regionales ha marcado episodios previos en la zona. Durante la guerra de Irak, iniciada en 2003, Estados Unidos acusó reiteradamente a Irán de suministrar armamento y adiestramiento a milicias que atacaban a sus tropas, un patrón de responsabilidad indirecta que Teherán siempre rechazó y que hoy reaparece en las acusaciones cruzadas sobre inteligencia compartida.
Según el material disponible, ninguna institución estadounidense ha confirmado públicamente que existiera transferencia de datos de inteligencia entre China e Irán antes del ataque. La muerte de los tres militares estadounidenses en la base se produjo en el marco de un intercambio de acciones militares que mantiene en alerta a las fuerzas desplegadas por Washington en Medio Oriente.
El episodio se suma a una serie de choques que han situado a Pekín en el centro de la atención internacional por su papel en conflictos alejados de sus fronteras. China insiste en desvincularse de cualquier participación directa en la escalada entre Irán y Estados Unidos, mientras la atribución de responsabilidades sobre el ataque del 17 de julio permanece sin una versión oficial conjunta de las partes.