El operativo, según el relato de la propia plataforma, no comenzó el día del robo sino cuatro meses antes. En junio, los atacantes lograron que un ingeniero de Binance descargara una versión contaminada de Homebrew, un programa de programación de uso extendido en la industria tecnológica, que contenía un virus. Los equipos de ciberseguridad de la empresa detectaron esa intrusión y la eliminaron, pero los piratas ya habían obtenido datos de ese empleado y de otros colegas suyos dentro de la organización.
Con esa información como punta de lanza, los atacantes regresaron en septiembre con una estrategia distinta: contactaron a otro ingeniero de Binance a través de una plataforma de empleo, le ofrecieron una entrevista de trabajo y, mediante lo que la compañía describió como "técnicas sofisticadas", consiguieron que instalara un nuevo malware. Ese software malicioso resultó determinante: fue la vía que permitió a los ciberdelincuentes establecer conexión con los sistemas internos de la casa de intercambio.
El 20 de octubre, el salto final
El 20 de octubre los atacantes dieron el siguiente paso: usaron el acceso ya obtenido junto con una herramienta interna de inteligencia artificial de la propia Binance para tomar el control del software utilizado por otros dos ingenieros de la plataforma. Nueve días más tarde, el 29 de octubre, activaron el código malicioso que puso en marcha el robo masivo de criptoactivos, en lo que la compañía describe como la culminación de una operación planificada durante meses.
El FBI atribuyó el ataque a estructuras vinculadas con las autoridades de Corea del Norte, un señalamiento que se suma a acusaciones previas de Washington contra Pyongyang por financiar su programa de misiles y armamento mediante el robo de criptomonedas a plataformas internacionales. La respuesta norcoreana llegó a través de la hermana del líder Kim Jong Un.
"Retórica absurda", calificó la hermana del líder Kim Jong Un la acusación del FBI sobre la responsabilidad de Corea del Norte en el hackeo a Binance.
Binance detalló la magnitud del daño y de la respuesta. La plataforma precisó que logró congelar alrededor de 2,850 millones de dólares de los fondos robados, lo que en la práctica impide a los atacantes convertir esa porción en otras criptomonedas o retirarla del sistema. El resto del monto recuperado —hasta completar el 98% reintegrado— salió de recursos propios de la compañía, no de un rescate de los activos originales.
El 2% que no se pudo recuperar
El 2% de los fondos que Binance no ha logrado reponer corresponde, según explicó la propia empresa, a criptomonedas con baja disponibilidad en el mercado, cuya escasez dificulta su adquisición incluso para una plataforma con la capacidad financiera de Binance, la mayor casa de intercambio de criptoactivos del mundo por volumen de operaciones diarias.
El episodio volvió a sacudir la confianza en el ecosistema cripto a nivel global. La sola difusión de la noticia del ciberataque provocó una caída abrupta en los precios de la mayoría de las principales criptomonedas, un patrón que ya se ha repetido en episodios anteriores de hackeos a casas de intercambio, cuando la incertidumbre sobre la seguridad de los fondos de los usuarios golpea de inmediato la valuación de los activos digitales.
El caso se inscribe en un patrón de ataques cada vez más sofisticados contra el sector, que combinan ingeniería social —el engaño directo a empleados mediante ofertas laborales falsas— con herramientas de inteligencia artificial para escalar privilegios dentro de sistemas corporativos. La utilización de una herramienta de IA interna de la propia Binance para tomar el control del software de los ingenieros marca, según el relato de la compañía, un salto cualitativo respecto a ataques previos del sector.
Para los usuarios mexicanos del ecosistema cripto, el episodio llega en un contexto de creciente atención sobre la integración de los activos digitales con el sistema financiero tradicional. Mientras el país avanza en otros frentes de la política económica —como lo muestra la inauguración de infraestructura industrial dentro del Plan México—, el caso Binance subraya los riesgos de ciberseguridad que enfrentan las plataformas financieras globales, incluidas aquellas con presencia y usuarios en México.
La compañía confirmó que el 98% de reintegración ya se concretó con fondos propios, cifra que, de sostenerse, situaría este episodio como uno de los más cuantiosos tanto en volumen robado como en capacidad de respuesta financiera de una plataforma cripto ante un ataque de esta escala.
