La frase condensa una idea que el autor ha desarrollado en distintos formatos a lo largo de su carrera: que el relato histórico no se sostiene únicamente sobre la evidencia documental, sino sobre la voluntad sostenida de quienes se empeñan en defenderlo frente a versiones contrarias. Para Pérez-Reverte, según expone en el texto, tener razón no basta si nadie está dispuesto a defenderla con firmeza cuando otros la disputan.
«Patentes de corso» es la columna de opinión que Pérez-Reverte escribe desde 1991 en XLSemanal, el suplemento de Vocento que se distribuye en 25 diarios españoles y que, según datos de la propia publicación, alcanza más de 4,5 millones de lectores. El espacio se ha convertido a lo largo de más de tres décadas en una de las tribunas de opinión de mayor difusión del panorama periodístico español, y sus textos se reproducen habitualmente en la web personal del autor.
Un contencioso que arranca en Utrecht
El asunto elegido en esta ocasión, la disputa por la soberanía de Gibraltar, es uno de los contenciosos diplomáticos más longevos de la política exterior española. El peñón fue cedido a Gran Bretaña por el Tratado de Utrecht de 1713, que puso fin a la Guerra de Sucesión española, y desde entonces ha sido objeto de reclamaciones periódicas por parte de los sucesivos gobiernos españoles, con hitos como el cierre de la verja entre 1969 y 1985 durante el franquismo y su reapertura tras la incorporación de España a la Comunidad Económica Europea.
La cuestión ha vuelto a la agenda diplomática en los últimos años a raíz de las negociaciones entre España, el Reino Unido y la Unión Europea sobre el estatuto de Gibraltar tras el Brexit, formalizado el 31 de enero de 2020, que obligó a rediseñar el régimen de fronteras, aduanas y movilidad de trabajadores entre el peñón y el Campo de Gibraltar. Londres ha invocado tradicionalmente el principio de autodeterminación de los gibraltareños, mientras Madrid sostiene que la cesión de 1713 no incluyó el istmo y reclama la reintegración territorial; ambas capitales defienden sus posiciones con argumentos jurídicos e históricos.
La reflexión de Pérez-Reverte sobre la fuerza de quienes sostienen un relato se inserta en una preocupación recurrente de su obra, visible ya en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, titulado «El habla de un bravo del siglo XVII», con el que fue investido académico el 12 de junio de 2003 tras su elección como miembro de número el 23 de enero de ese mismo año. Ocupa el sillón T, vacante desde el fallecimiento del filólogo Manuel Alvar en agosto de 2001.
Esa misma tensión entre los hechos verificables y la voluntad de imponer una narrativa sobre ellos atravesó los 21 años que Pérez-Reverte ejerció como reportero, entre 1973 y 1994, antes de dedicarse en exclusiva a la literatura. Trabajó doce años en el diario Pueblo y nueve en los servicios informativos de Televisión Española como especialista en conflictos armados, cubriendo entre otros la guerra de Chipre, la guerra del Líbano, las de El Salvador y Nicaragua, la de las Malvinas, la de Angola, la crisis y guerra del Golfo y la guerra de Bosnia.
En esos escenarios, distintas versiones de un mismo suceso competían por imponerse tanto en la opinión pública internacional como en la memoria posterior del conflicto, una experiencia que el autor ha trasladado después a su producción narrativa y ensayística sobre la historia de España.
Su bibliografía está traducida a más de 40 idiomas e incluye títulos como «El maestro de esgrima» (1988), «El club Dumas» (1993), «La reina del sur» (2002) y «El francotirador paciente» (2013), además de la serie «Las aventuras del capitán Alatriste», iniciada en 1996, y la trilogía protagonizada por el espía Lorenzo Falcó, arrancada en 2016. Desde ese mismo año es también editor y cofundador de Zenda, una web dedicada a la promoción de libros y autores en español.
«Una historia de España», publicada en 2019, constituye el antecedente más directo de la reflexión planteada ahora en «Patentes de corso»: un repaso personal a episodios discutidos del pasado español en el que el autor plantea que la historiografía académica y la memoria popular no siempre coinciden, y que esa brecha se explica, en buena medida, por quién tiene el interés y la determinación de mantener viva una versión de los hechos.
La columna sobre Gibraltar no anuncia ninguna novedad diplomática ni jurídica sobre el estatus del peñón, cuyo marco actual sigue regulado por los acuerdos posteriores al Brexit entre Londres, Madrid y Bruselas y por el Tratado de Utrecht como referencia histórica de fondo. Se trata, en cambio, de una pieza de opinión que utiliza ese contencioso centenario como ejemplo para una reflexión más amplia sobre la construcción del relato histórico, una constante en la trayectoria del autor cartagenero.

