El estudio, basado en 1,000 entrevistas en Panamá entre el 7 de mayo y el 17 de junio de este año y con un margen de error de 3%, atribuye estas bajas a que la alternancia de gobierno "parece tener menos esperanza" en los países donde el respaldo democrático retrocedió. Sobre el caso panameño, el documento recuerda que en las elecciones de mayo de 2024 ganó José Raúl Mulino, a quien describe como "el delfín" de Ricardo Martinelli, expresidente (2009-2014) condenado por lavado de dinero en el caso New Business. El texto añade que Mulino fue investigado y luego absuelto por la compra de radares cuando era ministro de Seguridad Pública.
Entre los datos que recoge Latinobarómetro figura que solo 14% de los panameños considera que el Estado ha hecho "mucho o algo" por ellos y su familia en los últimos tres años. La cifra contrasta con el 50% registrado en 2011, durante el gobierno de Martinelli: una pérdida de 36 puntos que coloca a Panamá, junto con Guatemala, en el último lugar de la región en esa percepción. El promedio regional se ubica en 26%.
El informe también documenta una desconfianza extendida hacia el manejo de los recursos estatales: 86% de los panameños no cree que los impuestos se gasten bien, la segunda cifra más alta de la región detrás de Perú (89%), frente a un promedio latinoamericano de 78%. A ello se suma que 78% de los panameños no se siente representado por la Asamblea Nacional, por encima del 76% regional. Pese a ese desencanto, el estudio halla una brecha entre la percepción personal y la nacional: 77% dice que su vida y la de su familia van en la dirección correcta, pero solo 28% opina lo mismo del país.
Para el abogado Rodrigo Noriega, el deterioro no obedece a una sola causa. "Hay una combinación de factores, es un cóctel en realidad, no es un solo factor", manifestó. El primero, dijo, es económico: recordó que Mulino ganó la elección de 2024 con una promesa de bonanza, el llamado "chen chen", que a su juicio no se concretó. "Eso no se manifestó y no se ha manifestado y ya han transcurrido dos años, ya es evidente que no se va a manifestar", afirmó. Noriega citó además una encuesta de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá según la cual 47% de las familias panameñas no come tres veces al día, cifra que contrastó con la mejora en el desempleo reportada por el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral.
Noriega apunta a la Asamblea Nacional
El segundo factor señalado por Noriega es político y apunta directamente a la Asamblea Nacional. "Los diputados y diputadas están haciendo lo que les da la gana", criticó, en referencia al aumento del presupuesto legislativo, las llamadas "botellas" y otras prebendas que, según el abogado, ocurren "a espaldas de las necesidades del país". El señalamiento coincide con el escrutinio reciente sobre la iniciativa que, según ha advertido Transparencia Internacional, reduciría los controles al financiamiento político.
El tercer elemento que identificó Noriega es la eficiencia del Estado, que calificó como "un elemento común con gran parte de América Latina". Mencionó las calles con huecos y sin luminarias, los problemas de abastecimiento de agua, la acumulación de basura y la inseguridad como manifestaciones cotidianas, cuya expresión más visible, dijo, es la fila: para comprar comida a bajo precio, para conseguir medicinas en la Caja de Seguro Social o para cobrar la beca del Programa de Asistencia Social Educativa Universal.
"Esa persona no está satisfecha con la democracia", aseveró Rodrigo Noriega, abogado, al describir a quien llega a una fila a las 8:30 de la noche y espera hasta las 7:00 de la mañana siguiente.
La abogada y activista de derechos humanos Magaly Castillo ofreció una lectura distinta. "No es que los ciudadanos no crean en la democracia, sino que existe lo que se conoce como el desencanto con la democracia", explicó. Castillo añadió que la ciudadanía "no cree en que exista democracia porque no se respetan las reglas del juego de la democracia" y, sobre la mayor caída registrada en Panamá, la atribuyó a la insatisfacción en empleo, salud y educación.
"Cambian los gobiernos, prometen el cielo y la tierra pero las necesidades siguen insatisfechas", opinó Magaly Castillo, abogada y activista de derechos humanos.