El inmueble, ubicado en la calle Al Sinaa, en la zona oeste de la capital de la Franja, albergaba a cerca de un centenar de personas que habían improvisado viviendas cubriendo con plásticos y cartones los huecos de una estructura que ya carecía de ventanas y conservaba apenas su esqueleto de concreto. El derrumbe no dejó ninguna planta en pie.
El episodio se inscribe en un patrón que los equipos de rescate describen como generalizado: cerca del 80% de la infraestructura de la Franja resultó dañada por los bombardeos israelíes, según los registros locales. La mayoría de la población, unos 2 millones de habitantes, vive desplazada, y el Site Management Cluster —plataforma de coordinación humanitaria vinculada a Naciones Unidas— cifra en 1.7 millones el número de desplazados en el enclave.
Fuentes del equipo de rescate señalaron que los residentes del edificio habían sido advertidos previamente de un riesgo de colapso derivado de cuatro factores concurrentes: la destrucción provocada directamente por los bombardeos, la afectación estructural causada por las detonaciones israelíes en construcciones cercanas dentro de zonas bajo control militar, el efecto de los cambios de temperatura sobre el concreto debilitado y el hecho de que la edificación nunca fue diseñada para alojar a cien personas.
El portavoz de la Defensa Civil, Mahmud Basal, ofreció declaraciones a los medios junto al edificio colapsado y alertó sobre la magnitud del riesgo que persiste en otras estructuras de la Franja.
"Advertimos del riesgo de que se produzcan otros derrumbes como este, ya que en la Franja de Gaza, en las zonas habitadas por la población, hay cerca de 2,000 edificios en estas condiciones, y todos ellos están llenos de ciudadanos", dijo Mahmud Basal, portavoz de la Defensa Civil.
Las mismas fuentes indicaron que, transcurridas varias horas desde el derrumbe, no habían logrado detectar voces bajo los escombros, lo que reduce las expectativas de hallar más sobrevivientes.
Solo tres excavadoras para toda la Franja
La operación de rescate se desarrolla con apenas tres máquinas excavadoras, que según fuentes de la Defensa Civil constituyen la totalidad del parque disponible en la Franja de Gaza, como consecuencia de las restricciones que impone Israel a la entrada de maquinaria y equipo pesado en el enclave palestino.
El derrumbe se produjo alrededor de las dos de la madrugada, pero las excavadoras no llegaron al lugar hasta las 8:30 horas, ya que se encontraban desplegadas en zonas alejadas del centro de la ciudad. A esa demora se suma una limitación adicional: cada dos horas las máquinas deben detenerse por la escasez de aceite de motor en la Franja, lo que obliga a interrumpir las labores para permitir que se enfríe el motor.
Basal solicitó "con carácter urgente" que se facilite el equipo necesario para las tareas de rescate, tanto en el edificio derrumbado esta madrugada como en los escombros de otras construcciones que, según indicó, aún contendrían miles de cadáveres sin recuperar. El portavoz recordó que las familias que habitaban el inmueble, pese a conocer su estado de deterioro, permanecían allí ante la falta de alternativas habitacionales y de espacios para establecer centros de acogida.
La crisis humanitaria en Gaza coincide con otros frentes de tensión que Estados Unidos afronta en el tablero internacional, en momentos en que Washington confirmó el despliegue de un arma en órbita para el control del espacio, señal de una escalada de capacidades militares que trasciende los teatros de conflicto convencionales.
"Esperamos que el mundo se dé cuenta de la gravedad de esta cuestión", añadió Mahmud Basal, portavoz de la Defensa Civil.