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Una participante de 'First Dates' relata su trabajo como dominatrix en el programa

La comensal, identificada como Soraya, explicó ante Carlos Sobera y su cita el esquema de consentimiento previo que aplica en sus sesiones

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El programa de citas a ciegas 'First Dates' emitió un nuevo episodio en el que una de las participantes, identificada como Soraya, de 39 años, relató durante la charla previa a su cita con el presentador Carlos Sobera que trabaja como dominatrix. La confesión se produjo en el tramo inicial del espacio de Cuatro, antes de que la comensal conociera a Federico, el soltero que la organización le había asignado, y llegó cuando la participante explicaba el perfil de su clientela ante las cámaras.

La comensal declaró que, entre sus clientes, cuenta con hombres a los que trata «como mascotas», una afirmación que, según se vio en la emisión, sorprendió al equipo del programa. «Cuando ha dicho chicos como mascotas, te miraba a ti», bromeó Sobera dirigiéndose a uno de los camareros, que respondió: «Yo justamente tenía que ir a buscar un plato».

Lejos de quedarse en la anécdota, la participante detalló el funcionamiento de su actividad y remarcó que se desarrolla siempre bajo consentimiento de todas las partes. «Yo hago sesiones. Vienen chicos a que yo los domine; todos los sumisos no son iguales, a todos no les gusta lo mismo», relató, subrayando que cada encuentro se adapta a las preferencias de quien contrata sus servicios.

Según describió, antes de cada sesión pacta los límites por escrito: «Evidentemente cuando se hacen esas sesiones, se consensúan antes. Las hablamos; les mando un cuestionario para que me digan lo que les gusta y lo que no les gusta», explicó. La comensal precisó además que ella misma fija sus propios límites profesionales —«Y dentro de lo que a ellos les gusta, lo que yo hago, porque evidentemente, yo no lo practico todo»—, dejando claro que la actividad se rige por una negociación mutua.

Tras esa conversación inicial, la velada siguió el desarrollo habitual del formato con la cena entre los dos protagonistas, en la que ambos compartieron detalles sobre sus gustos, aficiones y ocupaciones. La conversación fue fluida, pero quedaron patentes las diferencias de compatibilidad. En el reservado, Soraya le hizo un masaje a su acompañante, situación que él describió después, a solas ante las cámaras, como incómoda: «Me sentía como un gorila en una jaula».

En el tramo final del programa, en el que ambos comensales deben decidir si desean una segunda cita, ninguno mostró interés en continuar. «Federico me ha parecido un chico súper majo, pero creo que no somos compatibles», resolvió ella. Él coincidió con una comparación desenfadada: «En un gallinero solamente hay un gallo. Ella es gallo y yo también soy gallo, entonces… Chocaríamos siempre. Pero de colegas, sí».

Un formato veterano de la telerrealidad

'First Dates', que se emite en Cuatro desde 2016 bajo la conducción de Carlos Sobera, cumple este año una década en antena en la televisión española. El programa —adaptación de un formato británico— mantiene su fórmula de presentar a desconocidos ante las cámaras para una primera cita grabada en un restaurante, con la decisión final de cada comensal sobre un eventual segundo encuentro como cierre de cada historia. Su longevidad en la parrilla se apoya en la exposición de perfiles personales variados y en la reacción espontánea de los participantes.

La aparición de comensales vinculados a la industria del sexo o a prácticas menos habituales no es nueva en este tipo de programas, que a lo largo de sus ediciones han dado espacio a testimonios de trabajadores del sexo y a personas con estilos de vida diversos, siempre dentro del tono ligero característico del espacio. El formato se limita a mostrar la experiencia de los comensales sin introducir valoraciones externas sobre las ocupaciones que estos declaran durante la velada.

Conviene precisar el marco de la actividad relatada por la participante. En España, la prostitución no está regulada como profesión ni figura como actividad reconocida en el ordenamiento laboral, mientras que la práctica del BDSM entre adultos, cuando media consentimiento expreso, no constituye delito. El énfasis de la comensal en el acuerdo previo y en los límites pactados remite precisamente a ese consentimiento como elemento central de la práctica que describió.

Ni la cadena ni la productora han realizado declaraciones adicionales sobre el testimonio de la participante más allá de lo emitido. El episodio seguirá disponible, según la práctica habitual del formato, en la plataforma de contenidos a la carta del grupo, donde se acumulan los capítulos de las sucesivas temporadas.

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