Trump insistió en que mantiene una buena relación tanto con Zelenski como con el presidente ruso, Vladimir Putin, y se presentó como mediador dispuesto a impulsar un cierre del conflicto que arrancó con la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022. «Me gustaría que pusiera fin a la guerra», remarcó tras afirmar que su reunión con Zelenski «fue bien». El presidente ucraniano, por su parte, valoró que las relaciones «son mucho más constructivas» y que el tono «ya no es tan emocional como antes».
La cifra de 25.000 muertos en un mes que manejó Trump no ha sido confirmada por organismos internacionales ni por las partes. La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos documenta periódicamente víctimas civiles verificadas, muy inferiores a las estimaciones de bajas totales que circulan sobre el frente, mientras que ni Kiev ni Moscú publican de forma sistemática y contrastable sus pérdidas militares. El dato del mandatario estadounidense debe leerse, por tanto, como una estimación política y no como una cifra oficial contrastada.
La visita del martes al Despacho Oval fue la tercera desde el cara a cara de finales de febrero de 2025, cuando una discusión pública entre Trump, el vicepresidente JD Vance y Zelenski derivó en la suspensión temporal de la ayuda militar y de inteligencia estadounidense a Ucrania. Aquel episodio marcó un punto de inflexión en la relación bilateral y sembró dudas en las cancillerías europeas sobre la continuidad del respaldo de Washington a Kiev.
El precedente de Minsk y la desconfianza de Kiev
La cautela ucraniana tiene una raíz histórica concreta. Los acuerdos de Minsk I (2014) y Minsk II (2015), auspiciados por Francia y Alemania tras la anexión rusa de Crimea y el estallido del conflicto en el Donbás, no lograron detener los combates y fueron interpretados en Kiev como una tregua que Rusia aprovechó para consolidar posiciones. Esa experiencia alimenta el escepticismo ante cualquier alto el fuego que no incluya mecanismos de verificación robustos y garantías de seguridad vinculantes, previsiblemente respaldadas por Estados Unidos o la OTAN. Zelenski ha subrayado en distintas ocasiones que esas garantías son su prioridad antes de cualquier acuerdo territorial.
La Administración Trump ha planteado a lo largo de 2025 y 2026 fórmulas de negociación que contemplarían el reconocimiento de facto de parte de los territorios ocupados por Rusia, una posición rechazada por Kiev y por buena parte de las capitales europeas, que sostienen que cualquier cesión debe ser decisión soberana de Ucrania y no puede imponerse desde fuera. Moscú, en el otro extremo, mantiene como condiciones el reconocimiento de la anexión de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón y la renuncia de Ucrania a ingresar en la OTAN. El Kremlin no se ha pronunciado oficialmente sobre las declaraciones de Trump de este miércoles.
El conflicto tiene una dimensión estratégica que trasciende el frente militar. Ucrania es un corredor clave para el tránsito de grano hacia Oriente Próximo y África a través del mar Negro, y en su territorio se ubican infraestructuras que fueron esenciales para el tránsito de gas ruso hacia Europa. La central nuclear de Zaporiyia, la mayor del continente, permanece bajo control ruso desde 2022 y sigue bajo supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica, que ha alertado en repetidas ocasiones sobre los riesgos de un incidente en plena zona de combate.
La Unión Europea, que ha aportado ayuda militar, financiera y humanitaria a Ucrania por decenas de miles de millones de euros desde 2022 según cifras acumuladas por la Comisión Europea, sigue con atención cualquier movimiento en el diálogo entre Washington, Kiev y Moscú. Un pacto cerrado sin su participación directa podría condicionar el futuro de las sanciones europeas contra Rusia y el propio proceso de adhesión de Ucrania al bloque, país candidato oficial desde junio de 2022.
En el plano interno estadounidense, la postura de Trump sobre Ucrania ha dividido al Congreso. Algunos legisladores republicanos respaldan su enfoque de presionar a ambas partes hacia una negociación rápida, mientras que sectores demócratas —y parte de los propios republicanos— advierten de que un repliegue prematuro del apoyo a Kiev podría debilitar la posición negociadora ucraniana frente a Rusia.
Zelenski no ha concretado públicamente ninguna hoja de ruta ni plazos para un alto el fuego tras el encuentro de esta semana, y desde el Gobierno ucraniano se ha evitado confirmar si se negocia un eventual encuentro trilateral con Putin, escenario que Trump ha planteado en el pasado como posible desenlace del proceso.
A partir de ahora, la atención se centra en si la Casa Blanca convoca una nueva ronda de contactos con Moscú y en si Washington condiciona la continuidad de la ayuda militar a avances concretos en la negociación. La Unión Europea, por su parte, deberá pronunciarse en las próximas semanas sobre la prórroga de las sanciones a Rusia, que exige unanimidad entre los Veintisiete y ha topado en ocasiones anteriores con la resistencia de países como Hungría.


