El lago Ontario es uno de los cinco Grandes Lagos de Norteamérica y forma frontera natural entre la provincia canadiense de Ontario y el estado estadounidense de Nueva York. Su nombre, según recordó Carney, procede del término wendat Ontari'io, que significa «el lago es hermoso, el lago es grande», y tiene una antigüedad de más de 400 años, anterior tanto a la Confederación de Canadá (1867) como a la Declaración de Independencia estadounidense (1776).
«Los canadienses también sabemos que llamar a la realidad por su nombre significa llamarlo lago Ontario: antes, ahora y siempre», afirmó Carney en su mensaje. El primer ministro añadió que Estados Unidos «está cambiando: sus relaciones comerciales, su política exterior, sus monumentos nacionales, sus hidrónimos», en alusión a otras decisiones simbólicas de la Administración Trump.
La orden firmada obliga únicamente a las agencias federales de Estados Unidos a emplear la nueva denominación en mapas, documentos y bases de datos oficiales. Trump afirmó que el cambio tiene efecto inmediato, aunque concedió 30 días para completar el proceso. La medida no altera la cartografía canadiense ni la de organismos internacionales, que no tienen obligación alguna de secundar el cambio.
«Sobre el cambio a 'lago de América' es algo en lo que llevo pensando mucho tiempo», declaró Trump al anunciar la firma. El mandatario había lanzado la amenaza el martes a través de redes sociales, un día después de enzarzarse en una disputa verbal con el jefe de Gobierno de la provincia de Ontario, Doug Ford, en el marco de la escalada comercial entre ambos países.
Una guerra comercial de fondo
La disputa por el topónimo se enmarca en la escalada de tensión comercial entre Washington y Ottawa tras el fracaso de las negociaciones y la imposición mutua de nuevos aranceles. Trump volvió a acusar el jueves a Canadá de haberse «aprovechado de Estados Unidos en materia comercial desde hace mucho tiempo, lamentablemente».
El presidente cifró en 60.000 millones de dólares anuales de media durante los últimos 15 años las pérdidas que su Administración atribuye a la relación comercial con el país vecino: «Así que simplemente ya no podemos hacerlo», sostuvo. La Oficina del Censo de Estados Unidos, que elabora las estadísticas oficiales de comercio bilateral, no ha publicado datos que respalden de forma directa ese cálculo.
Trump calificó a los dirigentes canadienses de «gente desagradable», pese a cerrar su intervención con un mensaje hacia la ciudadanía: «Queremos mucho al pueblo de Canadá». El presidente apuntó también la posibilidad de extender en el futuro este tipo de cambios de denominación a los océanos Atlántico o Pacífico, sin concretar plazos ni justificación adicional.
Precedentes de renombrar por decreto
La práctica de renombrar accidentes geográficos por decisión ejecutiva no es inédita en la política reciente de Washington. El monte Denali, en Alaska, fue rebautizado como monte McKinley por orden de Trump al inicio de su segundo mandato, revirtiendo una decisión de 2015 que había restituido el nombre indígena. También el golfo de México pasó a denominarse «Golfo de América» en los registros federales estadounidenses. Ninguno de aquellos cambios alteró el reconocimiento internacional del topónimo previo.
El derecho internacional no obliga a los Estados a adoptar la toponimia que un tercer país decida aplicar en sus propios registros administrativos. Los nombres geográficos compartidos, como ríos o lagos fronterizos, suelen regirse por el uso consuetudinario y los acuerdos bilaterales. El Grupo de Expertos de las Naciones Unidas en Nombres Geográficos recomienda el consenso entre países limítrofes, aunque sus directrices no tienen carácter vinculante.
Carney, que asumió el cargo de primer ministro canadiense en 2025 tras la salida de Justin Trudeau, no ha anunciado hasta el momento medidas de represalia específicas vinculadas al cambio de nombre, más allá de su respuesta pública. La discrepancia se suma a un clima de opinión en Canadá marcado por el rechazo a las políticas arancelarias estadounidenses y a los comentarios previos de Trump sobre la posibilidad de que el país se integrara como un estado más de Estados Unidos, que Ottawa rechazó.
A falta de que el Departamento de Interior complete el proceso administrativo en el plazo de 30 días fijado por la orden, la denominación «Lake America» pasará a figurar en la cartografía y bases de datos oficiales de Estados Unidos, mientras que Canadá mantendrá el nombre Ontario en toda su documentación pública. No existe mecanismo previsto para resolver la discrepancia entre ambos países, cuyas negociaciones comerciales permanecen bloqueadas.



