Zelenski publicó un video de ese encuentro en redes sociales acompañado del mensaje "Ucrania trabaja por la paz. ¡Agradezco a nuestros socios su apoyo!". El gesto, sin embargo, contrasta con el deterioro de la relación personal entre ambos mandatarios, que nunca ha sido cercana pero que en los últimos diez días habría alcanzado su punto más bajo desde el inicio de la invasión rusa en 2022.
Trump había declarado la semana pasada al canal de televisión Newsmax que "Zelenski no es un buen tipo para tratar". El lunes, al ser consultado sobre la sugerencia del líder ucraniano de que un eventual acuerdo sobre diésel con Rusia colocaba a Estados Unidos "en el lado equivocado de la historia", el mandatario estadounidense respondió que "Zelenski no sabe de lo que habla".
Los ataques personales son habituales en el estilo diplomático de Trump, lo que dificulta medir su alcance real. En junio arremetió contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, al afirmar que "no tiene ni pizca de criterio", y cuatro meses después lo respaldó al calificarlo de "gran primer ministro guerrero".
El acuerdo del diésel ruso
El episodio que marcó el quiebre más reciente ocurrió a principios de este mes, cuando negociadores ucranianos viajaron a Miami para reunirse con Witkoff y con Jared Kushner, los enviados de Trump para múltiples frentes diplomáticos. Allí se enteraron de que el mandatario estadounidense acababa de cerrar con el presidente ruso, Vladimir Putin, un acuerdo para abrir el mercado de Estados Unidos al diésel producido en Rusia.
Analistas citados por medios internacionales cuestionaron si esa medida tendría un impacto real en los precios de la gasolina estadounidense antes de las elecciones legislativas de medio término, el motivo que se le atribuye. Para Kiev, el mensaje de fondo fue distinto: una señal de descontento de Washington por la campaña de ataques ucranianos contra refinerías rusas y una muestra de disposición a negociar directamente con el Kremlin.
Trump fue más allá el viernes pasado al levantar las sanciones contempladas en la denominada Ley Graham, que lleva el nombre del fallecido exsenador Lindsey Graham, defensor histórico de la ayuda a Ucrania. La decisión se tomó apenas dos días antes de que esas sanciones contra Rusia entraran en vigor. El mandatario estadounidense justificó la medida argumentando que esas sanciones entorpecerían sus gestiones para alcanzar la paz.
Para Kiev y sus aliados, la decisión constituyó una nueva señal de que la Casa Blanca se alinea con posiciones favorables al Kremlin.
"Lo que está haciendo el gobierno de Trump es ofrecer incentivos a los rusos y aplicar medidas coercitivas a los ucranianos. Es inexplicable y triste", declaró William Taylor, exembajador de Estados Unidos en Kiev.
El enviado ruso Kiril Dmitriev calificó el levantamiento de sanciones como "un momento importante y verdaderamente histórico". Para Moscú, la medida habría representado un regreso al llamado "espíritu de Alaska", la expresión que funcionarios rusos emplearon tras la cumbre entre Trump y Putin celebrada en ese estado estadounidense en agosto de 2025.
La escasez de interceptores Patriot
Un factor adicional de tensión es el suministro de los misiles de defensa aérea Patriot, de fabricación estadounidense, cuya demanda mundial se disparó tras la guerra de Estados Unidos con Irán este año. Según reportes del Washington Post, que cita a un funcionario ucraniano no identificado, solo quedarían "un par" de interceptores Patriot en las reservas de Ucrania, mientras el gobierno de Trump habría ralentizado el mecanismo por el cual los aliados estadounidenses solicitan autorización para transferir sus propios inventarios a Kiev.
Esa escasez dificultaría que las fuerzas ucranianas derriben los misiles balísticos rusos en un momento crítico del conflicto. Funcionarios estadounidenses no han confirmado esos reportes, que se suman a señalamientos sobre una ralentización del servicio satelital Starlink hacia Ucrania.
El precedente del Despacho Oval
La relación entre ambos mandatarios ya había atravesado una crisis severa en febrero de 2025, cuando una discusión televisada en el Despacho Oval terminó con Trump acusando a Zelenski de "jugar con la Tercera Guerra Mundial". Aquella ruptura derivó en la suspensión temporal de la asistencia militar estadounidense y en restricciones al intercambio de inteligencia, aunque la crisis se resolvió en apenas una semana.
Más adelante, cuando el gobierno de Trump decidió no financiar directamente la asistencia militar a Ucrania, se estableció un mecanismo para que los países europeos costearan la compra de equipo estadounidense. Ian Bond, analista del Centro para la Reforma Europea, advirtió sobre el patrón de comportamiento del mandatario estadounidense.
"Trump siempre puede dar marcha atrás, pero esto sí que da mala imagen", señaló Ian Bond, del Centro para la Reforma Europea.
Zelenski, que suele describir a su contraparte estadounidense como "poco fiable pero vital", dejó entrever su frustración ante una delegación del Congreso de Estados Unidos, al referirse a "decisiones por parte de EE.UU. que son difíciles de explicar entre amigos" y expresar su temor de que se haya adoptado una decisión política para frenar el apoyo que recibe Kiev. El lunes, en respuesta a la acusación de Trump de que él representa el principal obstáculo para una solución negociada, el mandatario ucraniano escribió en Telegram que "hemos acogido con satisfacción absolutamente todos los intentos de nuestros socios por poner fin a esta guerra con dignidad".

