Domínguez explicó que casi 70 buques han sido atacados y 20 trabajadores del mar han perdido la vida desde que se desató el conflicto. "Mi mensaje para los armadores y los operadores, incluyendo las navieras, es que primeramente lleven a cabo las evaluaciones de riesgo, pero, sobre todo, que eviten transitar el estrecho de Ormuz", sostuvo. El responsable del organismo detalló que los movimientos registrados en los últimos días han sido "muy limitados", en niveles similares a los del inicio del conflicto, y recalcó que la prioridad debe ser proteger a la gente de mar antes que mantener el flujo comercial por esa vía.
La magnitud del problema trasciende lo naval. Según cifras aportadas por Domínguez, por el estrecho de Ormuz pasa alrededor del 20% del petróleo crudo que se comercia en el mundo, el 19% del gas natural licuado y el 13% de los químicos y fertilizantes que utilizan otras economías para sostener su producción agrícola. Esa dependencia llevó al secretario general a advertir que la prolongación de la crisis no solo golpeará el transporte marítimo y los precios de la energía, sino que puede trasladarse a la producción de alimentos a escala global.
"Mientras más se extiende este conflicto", afirmó, más se afectará a los tripulantes y a la población mundial por un impacto económico que también se reflejará "en la seguridad alimentaria en años venideros". El funcionario se refirió asimismo al encarecimiento del transporte marítimo: según indicó, algunos fletes han llegado a situarse entre dos y tres veces por encima de sus precios normales, mientras los seguros de las embarcaciones también han subido y el encarecimiento del combustible se ha acompañado de episodios de escasez en algunas regiones del planeta.
Domínguez remarcó que todos los países tienen un papel en la búsqueda de una solución y en evitar que los buques civiles sean utilizados como "colaterales" de conflictos ajenos a su operación comercial. La OMI, dijo, mantiene contactos diarios con los países directamente involucrados, además de trabajar para facilitar asistencia a los tripulantes que continúan atrapados y para que compañías y armadores mantengan el suministro de provisiones.
El secretario general amplió su análisis a la seguridad marítima más allá de Ormuz y advirtió que la multiplicación de conflictos en otras rutas, entre ellas el mar Rojo, seguirá elevando la presión sobre la economía mundial. Los buques mercantes y sus tripulaciones, insistió, "ni están preparados ni están destinados" a participar en enfrentamientos armados. Evitó poner una fecha al final de la crisis y reiteró el llamado del organismo al multilateralismo y a la desescalada, al considerar que el conflicto "nunca debió iniciar".
Un panameño al frente del organismo marítimo global
La designación de Domínguez al frente de la OMI reviste particular relevancia para Panamá, país que administra uno de los pasos marítimos más importantes del planeta a través de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) y cuyo registro de naves es el de mayor tonelaje del mundo. La crisis en Ormuz, aunque geográficamente distante del Canal, ilustra los riesgos que enfrenta el comercio marítimo internacional cuando rutas estratégicas quedan comprometidas por conflictos bélicos, un escenario que impacta directamente los intereses de la marina mercante que opera bajo bandera panameña.
La OMI, agencia especializada de las Naciones Unidas con sede en Londres, es el foro que fija las normas internacionales de seguridad, protección y prevención de la contaminación en el transporte marítimo. Sus recomendaciones no tienen carácter vinculante inmediato sobre las decisiones comerciales de los armadores, pero orientan las evaluaciones de riesgo que operadores y aseguradoras aplican antes de autorizar un tránsito por zonas de alta tensión.
El estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán, ha sido históricamente uno de los puntos más sensibles del comercio energético mundial, comparable en su importancia estratégica al propio Canal de Panamá como corredor imprescindible para el tránsito de mercancías entre continentes. Las tensiones registradas en esa vía durante la guerra Irán-Irak, en la década de 1980, cuando ambos bandos atacaron petroleros civiles en la llamada "guerra de los tanqueros", ya habían generado alertas internacionales similares sobre el riesgo de bloqueo del paso.
Ante la ausencia de una resolución diplomática visible, la OMI continuará monitoreando la situación y emitiendo recomendaciones a la industria naviera en las próximas semanas, mientras persiste la incertidumbre sobre cuándo podrán ser evacuados los tripulantes que permanecen atrapados en la zona. Domínguez no precisó plazos para una evacuación ni para el restablecimiento del tránsito comercial ordinario por el estrecho.