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Zaragoza y Huesca registran su temperatura más alta en un septiembre

Zaragoza habría superado el récord de 1964 y Huesca capital, valores no vistos desde 1988, según los primeros datos del episodio de calor en el valle del Ebro

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Zaragoza y Huesca capital habrían registrado este viernes 4 de septiembre de 2026 las temperaturas más elevadas jamás anotadas en un mes de septiembre en ambas ciudades. En el caso de Zaragoza, el termómetro habría superado el registro histórico de 1964, mientras que en Huesca capital se habrían alcanzado valores que no se veían desde 1988.

El valle del Ebro, y en particular la depresión donde se asientan Zaragoza y Huesca, constituye una de las zonas de España más propensas a episodios de calor extremo por su configuración geográfica: una cubeta rodeada de sistemas montañosos —el Sistema Ibérico al sur, los Pirineos al norte— que favorece el estancamiento de masas de aire cálido y dificulta la ventilación nocturna. Esa circunstancia orográfica explica que ambas capitales figuren de forma recurrente entre las ciudades españolas con registros térmicos más severos en los meses centrales y finales del verano.

De confirmarse por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), organismo dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica que custodia las series históricas oficiales de temperatura en España, los datos situarían septiembre de 2026 en un lugar excepcional dentro de los registros disponibles para ambas ciudades, con series que en el caso de Zaragoza se remontan a mediados del siglo XX.

Dos marcas de más de tres décadas y media

El precedente citado para Zaragoza, 1964, corresponde a una época en la que la instrumentación meteorológica y los criterios de homologación diferían notablemente de los actuales, aunque la AEMET considera comparables los registros de sus estaciones históricas mediante procesos de homogeneización de las series climáticas. Superar una marca con más de seis décadas de antigüedad constituye, en cualquier caso, un hito dentro de la climatología local.

Para Huesca capital, la referencia de 1988 sitúa el episodio en el contexto de otra década marcada por veranos extremos en el interior peninsular. Los estudios de atribución climática elaborados en las últimas décadas han documentado un aumento sostenido en la frecuencia e intensidad de las olas de calor en España desde finales del siglo XX, una tendencia que la propia AEMET ha reflejado en sus balances anuales de temperatura.

El episodio de este viernes se suma a otro dato del verano de 2026: el aumento de las noches tropicales, aquellas en las que la temperatura mínima no baja de los 20 grados, tanto en Zaragoza como en Huesca. Ambas ciudades habrían batido también sus propios récords de noches tropicales en lo que se describe como uno de los veranos más cálidos de su historia reciente, un indicador que los climatólogos consideran especialmente relevante porque incide directamente en la salud pública al impedir el descanso térmico nocturno.

El Ministerio de Sanidad mantiene desde 2004 un Plan Nacional de Actuaciones Preventivas por Altas Temperaturas, articulado tras la ola de calor de 2003, que la Organización Mundial de la Salud vinculó con decenas de miles de muertes atribuibles al calor en Europa. Ese plan activa alertas escalonadas cuando se superan determinados umbrales, con recomendaciones específicas para la población vulnerable: personas mayores, menores y quienes padecen patologías crónicas.

En el plano autonómico, el Gobierno de Aragón coordina la respuesta a través de sus servicios de Protección Civil, que activan preavisos y avisos amarillo, naranja o rojo en función de los umbrales de temperatura fijados por la AEMET para cada provincia. Esos umbrales se sitúan en Zaragoza y Huesca entre los más elevados de España, precisamente por la frecuencia histórica de episodios similares en el valle del Ebro.

La Organización Meteorológica Mundial y el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) han señalado en sus informes de evaluación que el aumento de la frecuencia, duración e intensidad de las olas de calor en la cuenca mediterránea constituye una de las señales más consistentes del calentamiento de origen humano, con la región identificada como un punto especialmente sensible a este fenómeno.

La comparación con episodios previos ayuda a dimensionar lo ocurrido. El verano de 2003 marcó un antes y un después en la gestión española de las altas temperaturas y precipitó la creación del plan estatal de vigilancia; desde entonces, veranos como los de 2015, 2022 o 2023 han encadenado récords sucesivos que han obligado a revisar al alza los umbrales de referencia en buena parte del país.

La consolidación de estos registros depende ahora de la validación de la AEMET, que somete los datos de sus estaciones a controles de calidad antes de incorporarlos a las series oficiales. Solo tras ese proceso podrá confirmarse si Zaragoza y Huesca han establecido efectivamente nuevos récords mensuales, un extremo que el organismo suele publicar en sus balances y avances climatológicos en los días posteriores al episodio.

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