El robo ocurrió a plena luz del día, en octubre de 2025. Un grupo armado con potentes sierras de disco accedió a la Galería de Apolo mediante una grúa montada sobre un camión, que les permitió alcanzar un balcón de la sala desde una calle abierta al tránsito de automóviles. Ahí cortaron ventanas y vitrinas para llevarse ocho piezas de las joyas de la corona francesa, valuadas en conjunto en unos 100 mdd, según trascendió en su momento.
La Galería de Apolo, una de las salas más ornamentadas del Louvre, había sido la vitrina permanente de ese conjunto de joyas históricas, testimonio del periodo monárquico e imperial francés. Tras el atraco, el espacio ganó una notoriedad distinta: la de haber sido escenario de uno de los robos más señalados de los últimos años, que —en palabras del material— dejó al mundo atónito y expuso una serie de fallas de seguridad en el recinto.
La reapertura de este miércoles convirtió a la sala en un punto de atracción adicional para los visitantes, más allá de su valor artístico. "Para mí es un honor estar aquí el primer día, por la mañana", declaró a la agencia AFP Jenny Lee, guía turística de 34 años que atiende a grupos coreanos, para quien el robo representa "una nueva historia" para la galería.
Otros visitantes valoraron el nuevo aspecto despojado de la sala. "Es hermosa, tal como la recuerdo. Creo que la prefiero vacía, sin las joyas", dijo a la misma agencia Alison Leslie, exagente de policía escocesa de 52 años que acudió al recinto en su reapertura.
Las piezas que no fueron robadas y que integraban la colección de la Galería de Apolo se retiraron del espacio y, según el material, se exhibirán en el futuro en una sala segura sin ventanas, como parte de las medidas de protección adoptadas tras el incidente.
Una vulnerabilidad advertida desde 2019
El atraco expuso fallas de seguridad que ya habían sido identificadas años antes. Una auditoría encargada por el propio museo en 2019 había señalado vulnerabilidades en el acceso a la Galería de Apolo, entre ellas la posibilidad de ingresar por el balcón desde la calle, así como el estado obsoleto del sistema de videovigilancia. Esas conclusiones, de acuerdo con lo reportado, nunca se tradujeron en acciones correctivas antes del robo.
El episodio derivó en una crisis interna, con protestas de trabajadores del museo. La entonces presidenta del Louvre, Laurence des Cars, renunció al cargo en ese contexto y fue sustituida en febrero de este año por Christophe Leribault, historiador del arte que previamente dirigía el Palacio de Versalles. Un informe parlamentario elaborado en Francia tras el robo afirmó que el museo había descuidado su seguridad, en línea con lo que ya advertía la auditoría de 2019.
Las autoridades francesas detuvieron a cuatro hombres señalados como presuntos responsables en las semanas posteriores al atraco. Todos son originarios de la región parisina y contaban con antecedentes penales que van de robos a proxenetismo, según la información disponible. Ninguna de las joyas sustraídas ha sido localizada, pese a las búsquedas de los investigadores franceses en la región de París y a los intercambios de información con policías de Bélgica, Italia y otros países.
El Louvre, que alberga la Mona Lisa, recibió alrededor de nueve millones de visitantes durante el año pasado, una cifra que superó su capacidad prevista y que ha generado problemas recurrentes de saturación en sus salas más concurridas, de acuerdo con datos del propio museo.
Los robos en museos de gran afluencia no son inéditos. En México, el Museo Nacional de Antropología sufrió el 25 de diciembre de 1985 la sustracción de más de un centenar de piezas arqueológicas de las culturas maya, mexica, mixteca-zapoteca y de la Costa del Golfo, en uno de los episodios que también expuso las fallas de vigilancia de una institución de referencia; la mayoría de esas piezas fue recuperada años después. El paralelismo ilustra la tensión que enfrentan los grandes recintos entre la apertura masiva y la protección del patrimonio.
De cara a los próximos meses, la atención se concentra en dos frentes: el avance de la investigación judicial francesa contra los cuatro detenidos, cuyo proceso continuará en tribunales de ese país, y la eventual recuperación de las joyas, que hasta ahora no ha sido reportada. El museo, por su parte, deberá mostrar resultados en la implementación de las medidas de seguridad pendientes desde la auditoría de 2019, bajo un escrutinio público reforzado tras el cambio en su dirección.