La historia de Estevanico ha llegado hasta hoy de manera indirecta: él no dejó registros escritos propios, de modo que los historiadores han debido reconstruir su periplo a partir de los testimonios de los tres capitanes españoles que sobrevivieron junto a él al naufragio y que sí documentaron por escrito lo vivido. Esa circunstancia explica por qué, pese a la magnitud de su hazaña, su verdadero nombre se desconoce y su figura ha permanecido durante siglos en un segundo plano frente a la de sus compañeros europeos.
Nacido a comienzos del siglo XVI en Azamor, en la costa atlántica marroquí, fue esclavizado por el noble español Andrés Dorantes de Carranza, quien lo incorporó a la expedición de Narváez rumbo al Nuevo Mundo. Como a los musulmanes se les prohibía viajar en expediciones oficiales de la Corona española, Dorantes lo bautizó y le impuso el nombre de Estevanico, borrando así cualquier rastro documental de su identidad original.
La expedición, integrada por cinco embarcaciones y unas 600 personas, zarpó de España en junio de 1527 con el objetivo de conquistar la Florida y la costa del Golfo de México. El viaje resultó desastroso desde el inicio: unos 140 hombres desertaron durante una escala en Santo Domingo, y las penurias posteriores —tormentas, hambre, enfrentamientos con tribus indígenas— fueron diezmando al resto del contingente. Tras un naufragio frente a las costas de Texas, apenas cuatro hombres quedaron con vida, según los relatos conservados: tres capitanes españoles y el marroquí esclavizado.
Entre ellos se encontraba Estevanico, quien —de acuerdo con los testimonios disponibles— terminó por convertirse en el líder de facto del reducido grupo durante los años posteriores al naufragio. Su dominio de idiomas, adquirido en parte durante un cautiverio entre comunidades indígenas donde también ejerció como sanador, resultó determinante para la supervivencia de los cuatro hombres en un territorio por completo desconocido para los europeos.
Una travesía sin precedentes
Entre 1528 y 1536, Estevanico habría recorrido a pie unos 3,620 kilómetros hacia el occidente, desde la costa de la Florida hasta el litoral del Pacífico mexicano, en lo que se considera ampliamente la primera travesía registrada del interior de Norteamérica y el Caribe en la historia documentada. La hazaña se produjo casi 300 años antes de que la expedición de Lewis y Clark alcanzara la costa de Oregón, un hito que en la historiografía estadounidense suele presentarse como pionero sin mención de los antecedentes ibéricos.
Tras esa primera travesía, Estevanico habría recorrido junto a los otros tres sobrevivientes otros 2,100 kilómetros hacia el sur, desde el golfo de California hasta lo que hoy es la Ciudad de México, donde el grupo finalmente se reincorporó a las autoridades españolas. Poco después, según los relatos disponibles, emprendió una expedición independiente de unos 2,400 kilómetros hacia el norte y se convirtió en la primera persona no indígena documentada en adentrarse en los actuales territorios de Nuevo México y Arizona.
«Estevanico es una de las figuras más extraordinarias, aunque menos reconocidas, de la historia temprana de lo que llegaría a ser el suroeste de Estados Unidos», afirmó el antropólogo Hsain Ilahiane, profesor de la Universidad de Arizona que ha dedicado años al estudio de este explorador. Según el investigador, «contribuyó a abrir rutas y senderos, y a generar conocimientos geográficos que más tarde sirvieron de base para las incursiones españolas» en esa región.
El caso de Estevanico se inscribe en un patrón más amplio de la exploración temprana del continente americano, en el que personas esclavizadas, africanas e indígenas participaron de manera activa en las travesías de la conquista, pero rara vez figuraron con nombre propio en los registros coloniales. Ese mismo fenómeno se documenta en las crónicas de la exploración del istmo panameño, escenario de expediciones bajo la Corona española durante el mismo periodo colonial.
Un reconocimiento tardío
Pese a la magnitud de su recorrido, la mayoría de las personas nunca ha escuchado hablar de Estevanico, ni siquiera dentro de Estados Unidos, donde su historia ha quedado relegada frente a la de los capitanes españoles que sobrevivieron junto a él. Esa invisibilidad contrasta con el peso simbólico que hoy se le atribuye como uno de los primeros africanos, arabófonos y musulmanes documentados en territorio estadounidense, casi cuatro décadas antes del primer asentamiento europeo permanente en la región.
Con Estados Unidos conmemorando en 2026 su aniversario 250 y en pleno proceso de revisión de sus orígenes históricos, un número creciente de museos, recorridos turísticos y monumentos en distintos estados ha comenzado a destacar el legado de Estevanico, hasta ahora prácticamente ausente de los relatos fundacionales difundidos en su sistema educativo. La revalorización de su figura coincide con un debate más extenso sobre quiénes protagonizaron la historia temprana del país.
Los historiadores advierten que, al no existir testimonio directo de Estevanico, buena parte de los detalles de su vida —incluido su nombre original y las circunstancias exactas de su muerte— seguirán dependiendo de la interpretación de fuentes indirectas escritas por terceros, lo que mantiene abiertas ciertas incógnitas sobre uno de los episodios más singulares de la exploración temprana del continente. La difusión de nuevos estudios académicos y exhibiciones en el marco del aniversario estadounidense podría, en los próximos meses, sacar de las sombras a un explorador cuyo rastro documental apenas conserva el nombre que le impusieron sus captores.