La piscina localizada en Trales destaca por unas dimensiones poco habituales entre los balnearios romanos de Asia Menor. Sus 37 metros de largo por 12 de ancho la convierten en una infraestructura de gran capacidad, concebida no para el baño individual sino para el uso colectivo, con aforo estimado por los responsables de la excavación en unas 300 personas de forma simultánea.
El hallazgo se enmarca en el Hamam Gymnasium, un complejo termal y educativo que ocupa una superficie aproximada de 40.000 metros cuadrados dentro del yacimiento de Trales, en el suroeste de la actual Turquía. La magnitud del conjunto ofrece indicios sobre la relevancia que tuvo la urbe como núcleo social durante la época imperial romana, un periodo en el que las ciudades de provincia dotaban sus espacios públicos de infraestructuras de higiene, ocio y formación.
Un frigidarium dentro del recorrido termal romano
La piscina se ubicaba en el frigidarium, la sección de agua fría dentro de la secuencia termal romana, un modelo constructivo extendido por todo el Imperio que también incluía el caldarium, de agua caliente, y el tepidarium, de temperatura intermedia. Este recorrido respondía a una concepción del baño público como ritual higiénico y social que estructuraba buena parte de la vida cotidiana en las ciudades romanas. La estructura, por tanto, no era un elemento aislado, sino parte de un itinerario asociado a la actividad diaria de quienes acudían al gimnasio.
La vinculación de la piscina con el gimnasio adyacente es uno de los aspectos que los arqueólogos subrayan. En la tradición grecorromana, los gimnasios no eran solo espacios de entrenamiento físico, sino también centros de formación intelectual para los jóvenes, que combinaban el ejercicio corporal con la instrucción teórica. La existencia de una piscina de estas dimensiones junto al recinto encaja con la hipótesis de que el complejo de Trales funcionaba como centro integral de educación juvenil, según el modelo helenístico que Roma adoptó y adaptó en sus provincias orientales.
Las excavaciones en el frigidarium comenzaron en 2022 y se han prolongado durante los últimos años, en un proceso que ha requerido retirar capas de tierra y escombros acumulados durante siglos. La intervención no se ha limitado a la exhumación de la estructura: ha incorporado tareas de consolidación y restauración orientadas a garantizar la estabilidad del conjunto y a preparar su futura exhibición pública.
La dirección científica del proyecto corre a cargo del profesor Murat Çekilmez, arqueólogo de la Universidad Adnan Menderes, en coordinación con la Dirección General de Bienes Culturales y Museos, dependiente del Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía. Esta colaboración entre instituciones académicas y organismos estatales es habitual en los grandes yacimientos turcos, un país que concentra un patrimonio arqueológico grecorromano de primer orden, con emplazamientos como Éfeso, Afrodisias o Pérgamo entre los más conocidos del Mediterráneo oriental.
El caso de Trales admite paralelismos con las grandes termas imperiales de la propia Roma, como las de Caracalla o las de Diocleciano, cuyos frigidaria alcanzaban también dimensiones monumentales y servían como espacios de encuentro social además de higiénico. La asociación explícita con un gimnasio de formación juvenil, no obstante, sitúa el hallazgo más cerca de la tradición de los gimnasios griegos de época helenística, reconvertidos y ampliados bajo administración romana tras la incorporación de Asia Menor al dominio de Roma.
Los responsables del proyecto han señalado que la recuperación de la piscina no cierra la investigación en el complejo. Quedan por explorar otras dependencias del Hamam Gymnasium, entre ellas las palestras, destinadas al ejercicio de la lucha y otras disciplinas atléticas, y las salas de reunión donde se impartía la instrucción teórica. Estos espacios podrían aportar información adicional sobre la organización interna del centro y la vida cotidiana de quienes lo frecuentaban.
La piscina, ya visible tras los trabajos de excavación, no está todavía abierta a las visitas del público general. La apertura al turismo dependerá de que se completen los recorridos de acceso al yacimiento, un proceso que en sitios de esta envergadura suele extenderse durante varios años antes de su habilitación definitiva.
El hallazgo se suma a los descubrimientos recientes en el oeste de Turquía que perfilan con mayor detalle la red de ciudades romanas de Anatolia occidental, un territorio estratégico en la Antigüedad por su situación entre el mar Egeo y el interior de Asia Menor, y que hoy concentra algunos de los yacimientos arqueológicos más visitados del país.

