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Precios mayoristas de EE.UU. suben en julio a su mayor ritmo en tres años

El índice de precios al productor repuntó por el alza en servicios, en un contexto de evaluación de los aranceles impuestos por el gobierno de Donald Trump.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Los precios mayoristas en EE.UU. registraron en julio su mayor repunte en tres años, impulsados principalmente por un incremento del 1.1% en los costos de servicios, que superó el avance del 0.7% en bienes. El dato se conoce mientras las autoridades económicas estadounidenses buscan medir el impacto de los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump sobre distintos socios comerciales, entre ellos países centroamericanos con fuertes vínculos comerciales con El Salvador.

El indicador, conocido como índice de precios al productor (PPI, por sus siglas en inglés), mide la variación de costos que enfrentan los productores antes de que estos se trasladen al consumidor final. Un repunte de esta magnitud suele anticipar presiones inflacionarias que, con cierto rezago, terminan reflejándose en los precios al consumidor, tanto en EE.UU. como en economías dolarizadas o altamente dependientes del comercio con ese país, como la salvadoreña.

El alza en los costos de servicios por encima de los bienes resulta relevante porque sugiere que la presión inflacionaria no proviene únicamente del encarecimiento de insumos importados —como podría esperarse tras la imposición de aranceles—, sino también de sectores como transporte, salud y logística, que pesan de forma considerable en la economía de servicios estadounidense.

Para El Salvador, que utiliza el dólar como moneda de curso legal desde 2001, cualquier movimiento inflacionario relevante en la economía estadounidense tiene una transmisión casi directa. Al no contar el país con política monetaria propia, importa en buena medida las condiciones financieras y de precios que se generan en EE.UU., un rasgo estructural de las economías dolarizadas de la región.

Un canal de transmisión sin filtros monetarios

La política arancelaria impulsada por Trump desde su regreso a la Casa Blanca ha generado incertidumbre entre los socios comerciales de EE.UU. en Centroamérica. El Salvador exporta a ese mercado productos como textiles y confección bajo el marco de tratados de libre comercio vigentes desde hace más de dos décadas, por lo que cualquier reconfiguración arancelaria puede afectar de forma directa a sectores productivos nacionales.

El seguimiento oficial de este tipo de indicadores corresponde al Departamento del Trabajo, cuyos datos sirven de insumo a la Reserva Federal para sus decisiones de política monetaria. Un repunte sostenido en los precios mayoristas podría influir en las decisiones sobre tasas de interés, lo que a su vez repercute en el costo del crédito en economías dolarizadas como la salvadoreña, cuyo sistema financiero está estrechamente ligado a las condiciones que se definen en EE.UU.

El precedente histórico más cercano en la relación económica bilateral se remonta a la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (CAFTA-DR), suscrito en 2004 y vigente para El Salvador desde 2006. Ese acuerdo eliminó de forma gradual aranceles para la mayoría de productos salvadoreños con destino estadounidense, por lo que un giro hacia políticas arancelarias más restrictivas representaría una ruptura parcial con un esquema de casi veinte años.

EE.UU. es el principal socio comercial de El Salvador y también el origen de la mayor parte de las remesas familiares que recibe el país, un flujo que constituye una proporción significativa del producto interno bruto nacional. Un encarecimiento sostenido de bienes y servicios en la economía estadounidense puede trasladarse a los precios de los productos importados que consume la población salvadoreña, en un país donde una parte considerable de la canasta básica depende de bienes traídos del exterior.

Reacciones y demandas del sector productivo

El sector empresarial salvadoreño, representado por gremiales como la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador y la Asociación Salvadoreña de Industriales, ha expresado en distintos momentos su preocupación por la falta de certeza sobre el rumbo de la política comercial estadounidense y ha pedido al Órgano Ejecutivo reforzar la diversificación de mercados de exportación para reducir la dependencia del mercado estadounidense. La industria de confección figura entre los principales empleadores del sector formal en el país.

Desde Casa Presidencial no se ha emitido pronunciamiento oficial sobre este dato en particular. El gobierno salvadoreño ha mantenido en los últimos años una política de apertura hacia las inversiones y el comercio con EE.UU., del que dependen buena parte de sus exportaciones y de las remesas que sostienen el consumo interno.

De cara a los próximos meses, los mercados financieros internacionales estarán atentos a la publicación de nuevos datos de inflación en EE.UU., así como a eventuales anuncios de la Reserva Federal sobre su política de tasas de interés. Para El Salvador, el seguimiento de estas variables resulta clave no solo por su relación comercial, sino porque el costo del crédito y las condiciones financieras internas quedan determinados, en la práctica, por las decisiones que se toman en Washington.

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