Trump se presentó como "destapador de engaños" y reservó para la IA el tipo de lenguaje que suele emplear contra lo que más desprecia: llegó a ridiculizar la idea de que "los robots marcharán hacia nuestras ciudades y acabarán con todos nosotros". Al involucrarse de lleno en la disputa situó el asunto en el centro de la política estadounidense, incluso a riesgo de enemistarse con aliados de muchos años.
Las críticas no proceden solo de la izquierda. El martes, durante una conferencia sobre los peligros de la IA, el exasesor de Trump Steve Bannon advirtió sobre los riesgos de dejar el desarrollo de la tecnología sin control alguno.
"Creemos que esta podría ser una gran tecnología, pero no vamos a darles carta blanca a estos tipos", declaró Steve Bannon, exasesor de Donald Trump.
Poco antes, ante la misma audiencia, el senador por Vermont Bernie Sanders —de ideología socialista democrática— sostuvo que los responsables políticos de Washington no habían abordado las "consecuencias potencialmente catastróficas" de una IA sin regulación.
"El Congreso, tanto bajo control demócrata como republicano, se ha quedado completamente dormido al volante, y ahora tenemos un presidente cuya ignorancia sobre este tema es verdaderamente vergonzosa", afirmó el senador Bernie Sanders.
Frente a esas advertencias, Trump insiste en que la solución no pasa por nuevas leyes ni debates en el Congreso, sino por concentrar la decisión en la presidencia. En sus mensajes del lunes escribió que "el único control o 'salvaguarda' que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE (¡con un alto coeficiente intelectual!), y Estados Unidos cuenta con ello de sobra", y sostuvo que el país ya dispone de "amplias facultades penales y regulatorias sobre estas empresas".
El pronunciamiento llega cuando la inversión en IA se ha convertido en pilar de la economía estadounidense. Según un informe reciente de la firma de análisis ING, la inversión tecnológica representó más de un tercio de toda la expansión económica de Estados Unidos en el segundo trimestre de 2026; el auge bursátil y el crecimiento de los fondos de jubilación se atribuyen en gran parte al gasto en chips, centros de datos e infraestructuras que sustentan la tecnología.
La lógica de concentrar la autoridad en el Ejecutivo no es nueva en el segundo mandato de Trump: se repite en su manejo de la inmigración y del comercio, donde reclama la potestad exclusiva de decidir aranceles y flujos migratorios. El mandatario, que aboga por la participación estatal en el capital de US Steel y del fabricante de semiconductores Intel, dista de ser un conservador tradicional partidario de un Estado reducido.
Trump también enmarca la disputa como una competencia industrial frente a China, la otra gran potencia económica mundial. "Llevamos ventaja a China en IA", declaró el sábado, "y, francamente, quiero que siga siendo así, porque quien gana en IA, gana la partida".
