Antes de convertirse en una referencia del periodismo de aventuras, Quadra-Salcedo fue atleta olímpico y llevó una vida itinerante que lo condujo a trabajar como prospector de oro, operador de cámara en los Andes y conductor de camiones por rutas de montaña. Esa experiencia de contacto directo con el terreno, lejos de los despachos, fue la que después trasladó a su labor como reportero, cubriendo con rigor y espíritu explorador selvas, desiertos y cordilleras desde California hasta Tierra del Fuego.
Esa etapa de formación vital, previa a su notoriedad, resulta clave para entender el personaje: no fue un comunicador que después se aventuró en el terreno, sino alguien que llegó al periodismo desde la propia experiencia física del continente que después divulgaría durante décadas, documentando geografías y comunidades indígenas de norte a sur del hemisferio.
La Ruta Quetzal, tres décadas de expediciones
El proyecto que definió su legado fue la Ruta Quetzal, que dirigió de forma continuada entre 1979 y 2016, con distintos nombres según el patrocinador de cada etapa: Aventura 92, Ruta Quetzal Argentaria, Ruta Quetzal BBVA y Ruta BBVA. A lo largo de ese periodo se organizaron 31 expediciones que siguieron, de forma simbólica, los itinerarios de los exploradores y descubridores españoles de los siglos XV y XVI, combinando la exploración geográfica con la investigación científica y el encuentro cultural entre jóvenes de ambas orillas del Atlántico.
Según recogen los Coloquios Históricos de Extremadura en su estudio sobre las expediciones científicas españolas a América, el programa unía la investigación de campo con la convivencia entre jóvenes procedentes de España y de distintos países latinoamericanos, ligados por el idioma común. La cifra de participantes —más de 10.000 jóvenes de 57 países— da la medida de una iniciativa que trascendió lo turístico o educativo para convertirse en un fenómeno generacional a ambos lados del océano.
El formato alternaba desplazamientos por parajes de fuerte carga histórica —desde asentamientos precolombinos hasta rutas de conquistadores— con actividades de campo en biología, geografía o antropología, bajo la premisa de que el conocimiento del territorio debía acompañarse de un aprendizaje sobre las culturas que lo habitaron y lo habitan. Esa vocación divulgadora entronca con una larga tradición española de expediciones científicas al continente americano, desde las ilustradas del siglo XVIII hasta las misiones geográficas del XIX.
Una filosofía convertida en método
La frase que resume su pensamiento —«uno no es español del todo hasta que no conoce y ama a Hispanoamérica»— condensa una idea que practicó de forma sistemática. Para Quadra-Salcedo, España y América Latina formaban parte de una misma experiencia cultural, y conocer una era condición para comprender la otra. Su trabajo en la Ruta Quetzal tradujo esa convicción a lo concreto, al llevar a miles de jóvenes a recorrer los mismos caminos que los exploradores del siglo XVI para que regresaran con una comprensión distinta de lo que significa ser español en el mundo.
El periodista Antonio Pérez Henares, autor de la biografía "El último explorador" y una de las personas que más de cerca lo conoció, recuerda en Canal Literatura que Quadra-Salcedo le transmitió esa misma idea como principio vital, y no como simple lema de sus expediciones. La cita se atribuye de forma popular al poeta Federico García Lorca, a quien se adjudica la frase «el español que no conoce América no conoce España», aunque, según ha trascendido, era el propio explorador quien la repetía con frecuencia como formulación de su filosofía, inspirada por su vínculo personal con el continente.
Quadra-Salcedo recibió a título póstumo la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio tras su muerte en 2016, la distinción con que el Estado español reconoce méritos culturales, educativos y científicos. En vida, la Junta de Extremadura le había concedido en 2012 la Medalla de Extremadura, galardón autonómico que distingue a personas o entidades cuya labor haya tenido especial repercusión en esa comunidad.
El conjunto de estos reconocimientos, sumado al eco de su figura en biografías, coloquios académicos y semblanzas periodísticas una década después de su muerte, da cuenta de la huella de un proyecto que trascendió lo mediático para convertirse en objeto de estudio historiográfico, como muestra su inclusión en los trabajos sobre expediciones científicas españolas a América que elabora la institución extremeña.
La Ruta Quetzal dejó de organizarse tras el fallecimiento de su fundador en 2016, sin que hasta la fecha se haya puesto en marcha una iniciativa equivalente que replique su formato y alcance. Diez años después de su desaparición, la memoria de Quadra-Salcedo sigue circulando a través de publicaciones, homenajes puntuales y el recuerdo de quienes participaron de jóvenes en aquellas expediciones, hoy adultos que mantienen vivo el relato de una experiencia que marcó su relación personal con América Latina.

