Un plan de manejo es el instrumento que fija los usos permitidos dentro de un área protegida: qué actividades pueden desarrollarse, qué zonas quedan restringidas al público y qué medidas de restauración o vigilancia deben aplicarse. La actualización de este instrumento para el Cerro Ancón permitirá ordenar el tránsito de visitantes que suben al mirador y establecer criterios frente a la presión de las áreas construidas que rodean la reserva.
El Cerro Ancón es un símbolo de la memoria histórica panameña. Allí funcionó durante décadas la sede administrativa de la antigua Zona del Canal bajo control estadounidense, y en su cima ondea la bandera nacional, izada tras el traspaso pleno de la vía interoceánica a Panamá el 31 de diciembre de 1999, conforme a los tratados Torrijos-Carter de 1977. La reserva convive hoy con barrios residenciales, oficinas gubernamentales e instalaciones vinculadas a la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).
El macizo es una de las pocas elevaciones boscosas que subsisten en el corazón de una capital latinoamericana, y funciona como corredor biológico dentro del entramado urbano. Alberga fauna asociada al bosque tropical y sirve de refugio a especies de aves en un entorno cada vez más edificado, lo que ha convertido su conservación en un asunto recurrente para las autoridades ambientales.
La gestión de áreas protegidas insertas en la trama urbana ha sido un desafío persistente en Panamá, donde la expansión inmobiliaria y el tránsito vehicular presionan sobre los espacios naturales que sobreviven en la ciudad. El Cerro Ancón concentra buena parte de ese conflicto por su ubicación central y su cercanía a zonas de alta demanda de suelo.
La protección de este cerro se inscribe en el mismo proceso de recuperación patrimonial que acompañó a la reversión del Canal. Junto con las antiguas instalaciones militares y las áreas revertidas del enclave, el macizo pasó a formar parte del patrimonio nacional tras casi un siglo de administración extranjera, y su preservación quedó ligada a esa narrativa de soberanía.
La aprobación llega en un año en que el Canal de Panamá vuelve a estar bajo escrutinio internacional, en medio de las presiones sobre su administración expresadas desde Washington, un debate que ha reactivado la discusión sobre la soberanía de la vía. El propio expresidente estadounidense Donald Trump ha reivindicado en distintos foros el papel de Estados Unidos sobre el enclave, como recogió El Hemiciclo a propósito de sus posiciones sobre soberanía y territorios.
El plan aprobado establece un horizonte de diez años para la ejecución de las medidas de conservación, un plazo que se ajusta a los ciclos habituales de planificación ambiental y que permitirá evaluar resultados antes de su vencimiento previsto para 2036.