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Kuwait denuncia ataques contra infraestructura civil en la escalada entre EUA e Irán

La confrontación en Medio Oriente habría entrado en una fase de mayor riesgo tras reportes de ofensivas contra instalaciones estratégicas del Golfo Pérsico.

Por Redacción de El Hemiciclo· San Salvador·
4 min de lectura
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Kuwait denunció este miércoles 22 de julio de 2026 una ofensiva sostenida contra infraestructura vital en su territorio, en el marco de la confrontación entre Estados Unidos e Irán que, según reportes recogidos por medios de la región, habría ampliado su alcance más allá de los objetivos estrictamente militares.

Según la versión kuwaití, instalaciones de carácter civil habrían sido alcanzadas en los últimos días, en lo que constituiría un salto cualitativo respecto a las fases previas del enfrentamiento entre Washington y Teherán. De confirmarse, el patrón descrito representaría una escalada que trasciende el terreno estrictamente bélico para tocar la vida cotidiana de la población civil en la región. La magnitud exacta de los daños atribuidos a esa infraestructura no cuenta, por ahora, con verificación independiente.

El Golfo Pérsico concentra una de las mayores densidades de infraestructura energética del planeta: refinerías, terminales de exportación de crudo y gas, plantas desalinizadoras y redes eléctricas que sostienen tanto el consumo doméstico como el comercio internacional de hidrocarburos. Cualquier daño sostenido a esa infraestructura tendría repercusiones más allá de las fronteras de los países directamente involucrados, dado que la zona provee una porción significativa del petróleo y el gas natural licuado que se transporta hacia Asia, Europa y América.

El estrecho de Ormuz, paso marítimo por el que circula una parte sustancial del comercio petrolero mundial, se mantiene como el punto geográfico más sensible de todo el conflicto. Cualquier interrupción prolongada en ese corredor —ya sea por acción directa, minado de rutas navales o simple percepción de riesgo por parte de las navieras— eleva de inmediato los costos del transporte marítimo y presiona al alza los precios internacionales del crudo, con efectos que llegan hasta economías dolarizadas y dependientes de importaciones energéticas, como la salvadoreña.

Un choque que se remonta a 1979

El conflicto entre Estados Unidos e Irán tiene raíces que se remontan a la revolución islámica de 1979, cuando la caída del sha Mohammad Reza Pahleví y la instauración de la República Islámica rompieron una alianza estratégica de décadas y dieron paso a una hostilidad diplomática que se ha prolongado, con distintos grados de intensidad, durante más de cuatro décadas. El programa nuclear iraní, las sanciones económicas impuestas por Washington y sus aliados, y el respaldo de Teherán a milicias y actores no estatales en la región han sido los ejes recurrentes de esa confrontación.

Kuwait, país anfitrión de bases militares estadounidenses desde la primera Guerra del Golfo en 1991, ocupa una posición geográfica particularmente expuesta: comparte frontera con Irak y se encuentra a corta distancia marítima de la costa iraní. Su papel como plataforma logística para fuerzas de Estados Unidos en la región lo convierte en un actor con intereses directos en la contención del conflicto, pero también en un blanco potencial de represalias si la escalada continúa.

El precedente más cercano en la memoria regional es la llamada «guerra de los petroleros» de la década de 1980, durante el conflicto entre Irak e Irán, cuando ambos países atacaron buques cisterna y terminales petroleras en el Golfo, lo que obligó a Estados Unidos a desplegar una flota naval para proteger las rutas de navegación. Aquel episodio elevó los precios del petróleo a nivel mundial y evidenció la vulnerabilidad de la infraestructura energética del Golfo ante conflictos armados prolongados, un antecedente que reaparece en la coyuntura actual.

En el plano multilateral, la Organización de las Naciones Unidas y el Consejo de Cooperación del Golfo han urgido en episodios previos de tensión regional a la contención y al diálogo, aunque su capacidad de intervención efectiva en un conflicto de esta naturaleza ha sido históricamente limitada frente al peso de los intereses estratégicos de las grandes potencias. La Organización del Tratado del Atlántico Norte no tiene un mandato directo en el Golfo Pérsico, aunque varios de sus miembros mantienen presencia militar en la zona bajo acuerdos bilaterales.

Hasta el momento, ni el gobierno de Estados Unidos ni las autoridades iraníes han emitido una posición oficial detallada sobre la denuncia kuwaití, lo que deja pendiente la versión de ambas partes sobre el alcance real de los ataques reportados. La ausencia de confirmación por parte de organismos como el Consejo de Seguridad de la ONU obliga a tratar con cautela la dimensión de los hechos denunciados por Kuwait.

El eco en la economía dolarizada salvadoreña

Para El Salvador, que no produce petróleo y depende casi en su totalidad de importaciones de combustibles y derivados, una escalada sostenida en el Golfo Pérsico tendría un correlato directo en los precios de la gasolina, el diésel y el gas licuado que se expenden en el país. Las variaciones del precio internacional del petróleo figuran de forma recurrente entre los principales factores externos de riesgo para la inflación doméstica y para el comportamiento de la balanza comercial nacional.

El seguimiento de este conflicto no es, para el país, un ejercicio meramente informativo. Las autoridades económicas nacionales —entre ellas el Banco Central de Reserva y la Superintendencia General de Electricidad y Telecomunicaciones— monitorean de forma rutinaria las cotizaciones internacionales del crudo como parte de sus proyecciones de inflación y de balanza de pagos, dada la exposición de una economía dolarizada a los choques de precios importados.

Los próximos días serán determinantes para calibrar si la denuncia kuwaití marca efectivamente un punto de inflexión en la naturaleza del conflicto o si se trata de un episodio aislado dentro de una confrontación que, hasta ahora, se había mantenido con mayor apego a objetivos de carácter militar. La evolución de los precios del crudo en los mercados internacionales, así como eventuales pronunciamientos de organismos multilaterales o de gobiernos de la región, ofrecerán las primeras señales concretas sobre el rumbo que tomará esta nueva fase del enfrentamiento entre Washington y Teherán.

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