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Vaquerizo relata su audiencia con León XIV: «La doctrina cristiana es la que debemos seguir todos»

El músico y frontman de las Nancys Rubias describió el encuentro en 'El Hormiguero' como una experiencia que le dejó «un poco tocado» espiritualmente.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Mario Vaquerizo, músico y figura pública conocida por su adscripción al universo glam y su perfil mediático, narró el lunes 9 de junio en el programa 'El Hormiguero' —espacio de máxima audiencia en Antena 3— los detalles de su reciente audiencia con el papa León XIV.

Las Nancys Rubias en el plató: entre la gira y la audiencia papal

El pretexto de la visita al programa conducido por Pablo Motos era la presentación de la próxima gira del grupo y los avances de su nuevo disco. Sin embargo, la conversación tomó derroteros más amplios, como suele ocurrir en el formato de entretenimiento de Antena 3, que combina la entrevista promocional con la digresión personal. Vaquerizo acudió acompañado por varios integrantes de las Nancys Rubias, la banda que lidera desde hace años y que aúna pop, glam rock y electrónica en una propuesta de largo recorrido en la escena española.

Fue dentro de ese cajón de sastre conversacional donde surgió el relato del encuentro con el papa. Vaquerizo lo introdujo con entusiasmo: «He sido bendecido por el Santo Padre», afirmó, subrayando que fue invitado como representante de la cultura y el entretenimiento. La frase tuvo un eco irónico inmediato —el propio artista es consciente de la disonancia que supone su imagen transgresora en el marco institucional del Vaticano—, pero derivó en una reflexión genuina sobre el impacto personal de la experiencia.

León XIV y el perfil de un pontificado que busca interlocutores culturales

El papa León XIV, cuya elección en el cónclave de 2025 supuso un giro notable en el perfil de la cúpula vaticana, ha mantenido desde su inicio una política de apertura hacia representantes de sectores alejados del catolicismo tradicional. La recepción de figuras del mundo cultural —artistas, comunicadores, creadores de opinión pública— forma parte de una estrategia diplomática y pastoral que el Vaticano ha empleado con distintos grados de intensidad desde el pontificado de Juan XXIII y que se intensificó con Juan Pablo II, quien convirtió los encuentros con figuras del arte y el espectáculo en herramienta de proyección institucional.

Vaquerizo señaló que lo que más le impactó fue la proximidad física y la sensación de estar ante alguien con una autoridad moral singular: «Ver al Papa León XIV fue como ver a un santo», declaró. Al margen del componente emocional de la afirmación, la frase ilustra algo relevante desde el punto de vista sociológico: la pervivencia del carisma institucional de la figura papal incluso entre personas que no se inscriben en una práctica religiosa convencional. En España, según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) correspondientes a su barómetro de diciembre de 2024, el porcentaje de ciudadanos que se declaran católicos practicantes se sitúa en torno al 18%, frente a más del 50% que se identifican como católicos no practicantes, un dato que contextualiza la audiencia amplia y heterogénea a la que el pontificado dirige su comunicación.

El mensaje de concordia y su recepción en tiempos de crispación

La parte sustancial de la reflexión de Vaquerizo no fue la anécdota de la audiencia en sí, sino la adhesión explícita al contenido del mensaje que León XIV defiende públicamente. El músico sintetizó ese mensaje en una fórmula que el propio pontífice ha repetido en distintos formatos desde su elección: la necesidad de rebajar el tono del debate público, de eliminar lo que llamó «tonterías» del espacio colectivo, y de aplicar el principio de reciprocidad —querer para los demás lo que uno desea para sí— como guía de conducta cívica.

Vaquerizo lo enunció con sus propias palabras antes de atribuirlo explícitamente a la doctrina cristiana: «Es la doctrina cristiana la que debemos seguir todos», sentenció. La afirmación tiene una carga interpretativa no menor: al universalizar la validez normativa del mensaje más allá de los creyentes, el músico se situó en una posición que resulta tan inclusiva como potencialmente polémica en un debate sobre laicidad y valores compartidos. Que esa frase provenga de una figura como Vaquerizo —cuya trayectoria pública ha incluido provocaciones estéticas y referencias a la contracultura— añade una capa de significado que el propio formato televisivo no llegó a explorar en profundidad.

La coincidencia de que esa misma semana el actor José Sacristán, en el programa rival 'La Revuelta' de TVE, elogiara las palabras del papa sobre la inmigración, señala una línea de convergencia entre figuras mediáticas de distinta procedencia ideológica y estética en torno al discurso pontificio. No es un fenómeno nuevo: el mensaje social del papa Francisco ya generó adhesiones similares entre sectores progresistas y conservadores, aunque por razones distintas, lo que ilustra la plasticidad comunicativa del mensaje vaticano cuando se dirige a audiencias seculares.

El papel de la televisión de prime time como altavoz de narrativas religiosas

El hecho de que una audiencia con el papa se convierta en materia de prime time televisivo en un programa de entretenimiento no es trivial desde el punto de vista de la sociología de los medios. 'El Hormiguero' acumula de manera consistente entre tres y cuatro millones de espectadores en sus emisiones ordinarias, según datos de Kantar Media que el propio canal difunde regularmente. Esa masa crítica de audiencia convierte cada aparición en un altavoz de dimensiones difíciles de igualar para cualquier otro soporte.

La Iglesia católica española es consciente desde hace décadas de que los espacios de entretenimiento masivo constituyen un canal de evangelización informal incomparablemente más eficaz que los medios confesionales propios. La aparición de figuras culturales que narran experiencias de encuentro con la institución eclesiástica en clave personal —sin catecismo, sin liturgia— reproduce un patrón de comunicación religiosa que los estudiosos de la comunicación denominan «religión mediada», y que ha sido documentado en trabajos académicos desde los años noventa del siglo pasado en el contexto anglosajón, con aplicaciones crecientes al caso español.

Vaquerizo como figura-puente: transgresión y conformismo institucional

La paradoja que encarna Vaquerizo en este episodio no es nueva en la historia de la relación entre cultura popular y religión institucional. En la España de la Transición, figuras del espectáculo con perfiles igualmente heterodoxos —desde cantantes de copla hasta representantes de la movida— fueron incorporadas progresivamente al circuito de legitimación cultural del Estado y, en algunos casos, de la Iglesia. La diferencia entonces era que la institución eclesiástica operaba aún desde una posición de hegemonía cultural mucho más sólida que la actual.

Hoy, con una sociedad española más secularizada —el mismo barómetro del CIS de diciembre de 2024 registra un 13,5% de ciudadanos que se declaran ateos y un 10,3% no creyentes, cifras que han crecido sostenidamente en la última década— la lógica se invierte parcialmente: es la Iglesia la que necesita interlocutores culturales con proyección popular para mantener su relevancia pública. Que Vaquerizo sea uno de ellos dice tanto del emisor como del receptor del mensaje.

Desde la perspectiva de la gestión de imagen del propio artista, la aparición en el contexto de una audiencia papal tampoco es inocua. Vaquerizo ha construido su personaje sobre la provocación amable, el glam sin aristas reales y la transgresión de baja intensidad. El relato de la audiencia encaja perfectamente en esa narrativa: refuerza su imagen de figura que cruza fronteras simbólicas sin romperlas, que visita el Vaticano sin renunciar al purpurina. Es, en ese sentido, una operación de marca tan eficaz como el propio mensaje que transmite.

Lo que viene: gira, disco y el debate sobre cultura y valores en la esfera pública

Más allá del episodio mediático concreto, la aparición de las Nancys Rubias en 'El Hormiguero' tiene una dimensión profesional tangible: la presentación de una gira y un nuevo disco en fase de preparación. La industria musical en España, según datos de Promusicae correspondientes a 2024, mantiene una tendencia de crecimiento en los ingresos por actuaciones en directo, con cifras que superan los registros prepandemia por tercer año consecutivo, lo que convierte la visibilidad televisiva en prime time en un activo promocional de primer orden para cualquier artista con gira en perspectiva.

El debate de fondo que deja el episodio —hasta qué punto el discurso de concordia del papa León XIV puede funcionar como referente ético compartido en una sociedad plural y secularizada, y qué papel juegan las figuras culturales populares en la transmisión de ese mensaje— tendrá continuidad en los próximos meses. El pontífice tiene previstas visitas a varios países europeos a lo largo de 2025, y su presencia mediática en España seguirá generando reacciones en espacios tan distintos como los programas de máxima audiencia y los foros de debate político. Vaquerizo, consciente o no, ha puesto sobre la mesa una pregunta que trasciende el espectáculo: qué queda del mensaje cristiano cuando lo transmite alguien que lo abraza sin ser, en ningún sentido convencional, su portavoz natural.

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