El sector construcción ha sido históricamente uno de los mayores generadores de empleo en El Salvador, tanto en obra pública como en desarrollos privados de vivienda, comercio e infraestructura. La actividad aporta una parte relevante del Producto Interno Bruto (PIB) y mantiene una fuerte demanda de mano de obra calificada y no calificada, particularmente en años de expansión de proyectos habitacionales y de infraestructura vial. Su comportamiento suele funcionar como termómetro del ciclo económico, al depender de la inversión privada y del gasto de capital del Órgano Ejecutivo.
De acuerdo con lo informado, las empresas del rubro estarían empezando a solicitar perfiles vinculados al modelado de información para la construcción (conocido internacionalmente como BIM, por sus siglas en inglés), manejo de software de planificación de obra, análisis de datos y herramientas de inteligencia artificial aplicadas a la gestión de proyectos, presupuestos y cronogramas. Estas competencias se sumarían —y no sustituirían de inmediato— a los oficios tradicionales de albañilería, electricidad, plomería y operación de maquinaria pesada.
La tendencia no sería exclusiva de El Salvador. En Centroamérica, la construcción ha adoptado de forma progresiva tecnologías de digitalización de procesos, en línea con dinámicas observadas en mercados mayores como el mexicano o el colombiano, donde firmas del ramo incorporaron desde hace años sistemas de gestión digital de proyectos para reducir costos y tiempos de ejecución. La escala de esos mercados permite amortizar antes la inversión tecnológica, ventaja de la que carecen las empresas más pequeñas del istmo.
Una brecha de formación por resolver
Para el mercado laboral salvadoreño, el proceso plantea un desafío de formación técnica. El desempleo estructural ha sido históricamente más alto entre jóvenes que buscan su primer empleo. La aparición de nuevas exigencias de perfil técnico-digital en un sector que tradicionalmente absorbía mano de obra con baja calificación formal podría ampliar la distancia entre la oferta educativa y la demanda real de las empresas si no se acompaña de programas de capacitación específicos.
Instituciones de formación técnica y superior, entre ellas el Instituto Salvadoreño de Formación Profesional (INSAFORP) y distintas universidades privadas con programas de ingeniería y arquitectura, han impulsado en los últimos años cursos y diplomados vinculados a herramientas digitales de diseño y gestión de obra. Con todo, la velocidad de adopción de estas tecnologías variaría considerablemente según el tamaño de la firma y el tipo de proyecto que ejecute.
Las grandes constructoras, ligadas a proyectos de infraestructura pública de mayor escala o desarrollos inmobiliarios de envergadura, tendrían mayor capacidad de inversión en tecnología y, por tanto, mayor demanda de perfiles especializados en digitalización. Las pequeñas y medianas empresas del rubro, que representan una proporción significativa del tejido empresarial de la construcción, enfrentarían mayores limitaciones para incorporar estas herramientas de forma inmediata, lo que podría derivar en una transición desigual dentro del propio sector.
El fenómeno se produce en un contexto de expansión de la obra pública, con proyectos de infraestructura vial y desarrollos urbanos impulsados desde Casa Presidencial en los últimos años, así como de un mercado inmobiliario privado que ha mostrado dinamismo en la construcción de vivienda y espacios comerciales en el área metropolitana de San Salvador y otras zonas del país.
Un antecedente relevante en la historia económica salvadoreña es la modernización tecnológica que atravesaron los sectores financiero y comercial tras la dolarización de la economía, adoptada en el año 2001. Distintos sectores productivos debieron adaptar entonces sus procesos administrativos y operativos a nuevas exigencias de eficiencia y competitividad, un proceso que tomó varios años y generó, de forma similar, una demanda creciente de perfiles técnicos especializados que antes no existían en la misma proporción.
Gremiales del sector, como la Cámara Salvadoreña de la Industria de la Construcción (CASALCO), han señalado en distintos foros públicos la necesidad de fortalecer la vinculación entre la formación académica y las necesidades reales de las empresas. Hasta el momento no se ha reportado un plan sectorial formal y unificado para la transición hacia perfiles más digitalizados, lo que deja la adaptación a la iniciativa de cada firma y centro de formación.
De cara a los próximos meses, la adopción de inteligencia artificial y herramientas digitales en la construcción salvadoreña dependerá en buena medida de la inversión que realicen las empresas y de la respuesta de las instituciones de formación técnica y superior. La evolución del empleo en el rubro y la eventual actualización de los programas de capacitación de INSAFORP y las universidades serán los indicadores a seguir para determinar si la transformación tecnológica se traduce en una mejora sostenida de la empleabilidad o en una brecha adicional dentro del mercado laboral.

