Octavio Gómez, gerente de producto y adquiriencia del Norte de Fiserv, explicó en entrevista que el centro de monitoreo instalado en el estadio permitía observar en vivo la cantidad de refrescos, tacos, donas, palomitas o frituras que se vendían, así como los niveles de aprobación de las transacciones, lo que facilitaba identificar zonas con alta demanda para reforzar al personal de venta.
"Era interesante ver que cuando México anotaba goles, se incrementaban las ventas; increíble ver que cuando se cantaba el Himno Nacional, estas se detenían", relató el directivo, en un patrón que ilustra cómo los momentos de mayor carga emotiva —tanto el silencio del himno como la euforia posterior a una anotación— moldearon el pulso comercial dentro del inmueble.
El ticket promedio de consumo se ubicó en 474 pesos por transacción, de acuerdo con Fiserv, aunque en el partido inaugural del certamen esa cifra subió hasta 570 pesos. En conjunto, cada partido generó hasta 146,000 pagos con tarjeta en promedio, cifra que multiplicada por los cinco encuentros disputados en el Azteca suma alrededor de 730,000 transacciones.
La cerveza se consolidó como el producto más vendido dentro del estadio, con cerca de la mitad de esas 730,000 operaciones, seguida por los refrescos de cola, con aproximadamente 20%, y los alimentos, que concentraron el 30% restante. Los precios reportados por Fiserv ubican la cerveza entre 280 y 310 pesos, mientras que entre los alimentos destacaron la marquesita en 150 pesos, las papas fritas en 200 pesos y el hot dog en 380 pesos.
El salto de los pagos sin contacto
El Mundial marcó también un hito en la forma de pagar dentro del recinto. Según Fiserv, el 80% de las ventas realizadas en el estadio Ciudad de México durante los cinco partidos se hizo mediante pagos contactless, es decir, aquellos en los que el usuario solo acerca su tarjeta a la terminal sin necesidad de digitar su NIP. Esa proporción contrasta con el 30% de adopción de esta modalidad que existe en promedio en el resto del país, de acuerdo con la misma fuente.
Gómez atribuyó ese salto a la necesidad de agilizar el servicio ante la alta afluencia de público, un fenómeno que obligó a los vendedores a privilegiar la rapidez en el cobro. La compañía señaló que el recinto se ubicó entre los tres estadios con mayor volumen de ventas a nivel global durante el torneo, con picos de hasta 25 transacciones por segundo en los momentos de mayor demanda.
La modalidad sin contacto opera bajo el esquema de tarjetas y terminales certificadas por las redes de pago internacionales, que fijan límites de monto para las operaciones que no requieren NIP. Su adopción en puntos de venta físicos ha avanzado de forma gradual en México, un mercado en el que el efectivo mantiene un peso relevante; la alta concentración de visitantes internacionales acostumbrados a este tipo de pago habría actuado como catalizador temporal de esa curva dentro del inmueble.
La banca tradicional domina frente a las fintech
Los datos de Fiserv documentan además una brecha notable entre la banca tradicional y las empresas de tecnología financiera dentro del estadio. Las tarjetas más utilizadas fueron las emitidas por BBVA, Banamex, Banorte, American Express, Santander y Scotiabank, mientras que Nu, la firma de origen brasileño, apareció hasta el séptimo lugar de la lista.
Gómez explicó que la menor presencia de los llamados neobancos frente a las instituciones tradicionales respondería, probablemente, al perfil de los asistentes, en su mayoría de un segmento medio-alto y de rangos de edad que suelen mantener mayor arraigo con la banca convencional. Los neobancos, en cambio, han ganado terreno en el mercado mexicano en los últimos años, sobre todo entre la población más joven.
Del total de tarjetas utilizadas dentro del recinto, entre 80% y 85% correspondió a plásticos emitidos por bancos mexicanos, mientras que el resto fueron tarjetas extranjeras, principalmente de instituciones estadounidenses como JP Morgan, Bank of America, Chase, Capital One y Wells Fargo. Esa proporción de tarjetas foráneas ofrece un indicador indirecto del peso de la afición internacional que acudió al Azteca durante la Copa del Mundo.
El estadio Ciudad de México, sede histórica de las Copas del Mundo de 1970 y 1986 —en las que México ya había sido anfitrión—, fue remodelado en los años previos al torneo. La incorporación de sistemas de pago digital y monitoreo en tiempo real formó parte de esas adecuaciones, en un proceso que involucró al propio recinto y a los proveedores tecnológicos contratados para la operación comercial durante el evento.
La Secretaría de Turismo y el comité organizador del Mundial en México no han publicado hasta el momento cifras oficiales sobre el consumo dentro de los estadios sede. Fiserv tampoco precisó si estos patrones de consumo se replicaron de forma similar en los otros recintos mexicanos que albergaron partidos del torneo.