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El estado de la goma del frigorífico puede elevar el consumo eléctrico un 30%

La OCU advierte de que una junta de puerta deteriorada obliga al compresor a trabajar más y encarece la factura sin que el usuario lo perciba a simple vista.

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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El frigorífico es uno de los electrodomésticos que más horas permanece encendido en un hogar, ya que funciona sin interrupción las 24 horas del día, lo que lo convierte en un factor relevante del gasto eléctrico mensual.

El mecanismo por el que se produce ese sobrecoste es sencillo desde el punto de vista de la termodinámica doméstica. La goma perimetral de la puerta tiene como función mantener sellado el compartimento frío frente al aire exterior, más cálido y húmedo. Cuando ese sellado falla, el aire caliente penetra de forma constante, la temperatura interior sube por encima del rango óptimo y el compresor —el componente que más energía consume del aparato— se ve obligado a encenderse con mayor frecuencia y a permanecer activo más tiempo del necesario para recuperar el frío perdido.

Ese ciclo de trabajo adicional no solo se traduce en un consumo eléctrico mayor, sino también en un desgaste prematuro de las piezas mecánicas, lo que puede acortar la vida útil del aparato y adelantar averías costosas. La OCU señala que las juntas de la puerta son las encargadas de evitar que el aire frío se escape y advierte de que, cuando los sellos están deteriorados, el aparato tiene que esforzarse más y aumenta su consumo energético.

Conviene matizar, no obstante, que la goma no es el único factor que incide en la eficiencia energética del electrodoméstico. La acumulación de polvo en las rejillas traseras, una ventilación insuficiente del espacio donde está instalado o una temperatura de consigna demasiado baja también obligan al compresor a trabajar por encima de lo necesario. Por ello, no debería asumirse de forma automática que un frigorífico antiguo consume más que uno de última generación: el estado general de mantenimiento, la ventilación y el cierre de la puerta pueden ser tan determinantes como la antigüedad del aparato o su etiquetado energético.

El truco casero para detectar una fuga de aire

Existe una comprobación doméstica, sin coste alguno, que permite detectar en menos de un minuto si la junta de la puerta ha perdido su capacidad de sellado. Consiste en colocar una hoja de papel entre la goma y el marco de la puerta, cerrar el frigorífico con normalidad y tirar suavemente del papel para intentar extraerlo. Si la hoja sale con facilidad y sin apenas resistencia, es un indicio de que existe una fuga de aire en ese punto concreto.

La prueba conviene repetirla en varios puntos del perímetro, prestando especial atención a las esquinas y a la parte inferior de la puerta, zonas donde el desgaste suele ser más acusado por el uso continuado. Si el papel se desliza sin resistencia en varios puntos, la fuga puede darse por confirmada y conviene actuar antes de que el sobreconsumo se traslade a las próximas facturas.

Antes de dar por perdida la goma, se aconseja intentar una limpieza a fondo con agua tibia y jabón neutro, secando bien después. En los casos en que la pieza esté simplemente endurecida o ligeramente deformada por el paso del tiempo, este mantenimiento básico puede bastar para recuperar parte de su elasticidad y su capacidad de sellado sin necesidad de sustituirla.

Cuando la goma presenta roturas visibles, un endurecimiento irreversible o una deformación que no recupera su forma tras la limpieza, la recomendación es proceder a su sustitución. Se trata de una intervención sensiblemente más económica y sencilla que la reparación o cambio del compresor, y desde luego que la compra de un nuevo electrodoméstico. Los fabricantes suelen comercializar estas piezas de recambio de forma específica para cada modelo, si bien ante dudas sobre el procedimiento es recomendable acudir a un servicio técnico para evitar dañar el marco durante el montaje.

Más allá de la reparación puntual, el mantenimiento preventivo es la vía más eficaz para evitar sobrecostes. Las recomendaciones habituales pasan por mantener la temperatura interior entre 3 y 5 grados centígrados, el rango considerado adecuado para la conservación de alimentos sin forzar el compresor, evitar introducir alimentos calientes y dejar un espacio de ventilación suficiente alrededor del aparato para que el calor del motor se disipe correctamente. La revisión de la goma cada pocos meses permite detectar el problema en una fase temprana, antes de que el sobreconsumo se acumule sin que el usuario lo perciba, ya que el aumento de la factura suele atribuirse a otras causas antes que al estado de una pieza tan discreta.

El interés por este tipo de recomendaciones se enmarca en un contexto de precios energéticos que sigue siendo una preocupación para los hogares españoles. Organismos como el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, incluyen el mantenimiento de los grandes electrodomésticos entre las medidas para reducir el consumo del hogar sin grandes inversiones, junto a la regulación adecuada de la temperatura o la desconexión de aparatos en desuso.

La eficiencia de los frigoríficos ha sido además objeto de regulación europea a lo largo de las últimas décadas: el sistema de etiquetado energético de la Unión Europea, introducido en los años noventa y reformado en 2021 para volver a la escala de la A a la G, permite comparar el consumo de los modelos en el momento de la compra. No obstante, ese dato de fábrica se refiere a un aparato en condiciones óptimas, por lo que el deterioro de componentes como la junta puede distanciar el consumo real del teórico con el paso de los años.

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