El millo corvo —«maíz cuervo» en gallego, por el tono oscuro de sus granos— no es una curiosidad reciente. Sus primeros registros en la zona se remontan varias generaciones atrás, cuando convivía en los mismos campos con las variedades de maíz amarillo y blanco que terminaron imponiéndose en el resto de Galicia. La progresiva estandarización de los cultivos comerciales fue arrinconando esta variedad hasta dejarla reducida a unas pocas parcelas y, finalmente, al borde de la extinción a finales del siglo pasado.
La recuperación no fue obra de una institución ni de un plan agrario, sino de la insistencia de vecinos de Meiro que se negaron a dejar morir unas semillas que consideraban parte de su patrimonio. Ese tipo de conservación informal, basada en bancos de semillas familiares o asociativos, es habitual en el mapa de variedades autóctonas españolas amenazadas, desde legumbres de montaña hasta hortalizas de huerta tradicional, y suele ser el último dique antes de que una variedad desaparezca para siempre.
Un grano con más antioxidantes
Más allá de su valor simbólico, el millo corvo ha despertado interés científico. Un estudio firmado por los investigadores Rodríguez, Soengas, Landa, Ordás y Revilla, publicado en la revista Euphytica, analizó la relación entre el color del grano de distintas variedades de maíz y su contenido en compuestos antioxidantes.
Según ese trabajo, cuanto más oscuro es el grano, mayor concentración de antocianinas presenta, unos compuestos vinculados a beneficios para el sistema cardiovascular, la respuesta inmunitaria y el envejecimiento celular. El maíz negro encabezaba esa escala, seguido del morado y el rosado, mientras que las diferencias entre el maíz amarillo y el blanco —las variedades mayoritarias en el mercado— resultaron mínimas.
«Cuanto más color tiene el maíz, más compuestos antioxidantes posee», resumió Pedro Revilla, uno de los autores del trabajo. Ese hallazgo ha servido de argumento añadido para quienes defienden la recuperación de variedades tradicionales no solo por razones culturales, sino también nutricionales.
La harina de millo corvo se ha convertido en la base de un pan de miga oscura que funciona hoy como seña de identidad de la zona, además de empanadas y bizcochos que combinan el cereal con frutos secos, almendras o fruta. También se emplea en la elaboración de queimada tradicional y, más recientemente, en una cerveza artesanal que ha despertado curiosidad entre visitantes de la comarca.
El grano se sigue moliendo con piedra en los molinos tradicionales de O Canudo y A Presa, construidos hacia 1800 y restaurados en 1996 precisamente para no perder esa técnica artesanal de molienda, coincidiendo con los años en que la variedad estuvo más cerca de desaparecer del todo.
Cada primavera, Meiro celebra el Festival de Millo Corvo, declarado Fiesta de Interés Turístico de Galicia en 2009, con degustaciones de productos elaborados con esta harina y visitas guiadas a los molinos históricos del municipio. En 2006, la organización internacional Slow Food incluyó el millo corvo en su catálogo Arca del Gusto, un listado que recoge alimentos amenazados por la estandarización agrícola y con un valor cultural considerado relevante para su conservación.
El proceso vivido en Meiro se enmarca en una tendencia más amplia de recuperación de semillas autóctonas que se observa en distintas regiones españolas, donde variedades locales de cereales, legumbres y hortalizas han perdido terreno durante décadas frente a cultivos comerciales más productivos y estandarizados. Los bancos de semillas comunitarios y las asociaciones vecinales son, en muchos de estos casos, el eslabón que impide la desaparición definitiva de esa diversidad genética.
La superficie cultivada de millo corvo sigue siendo reducida, limitada a unas pocas parcelas repartidas por Meiro, pero la demanda de su harina crece cada año entre panaderías y restaurantes que buscan productos con trazabilidad e historia detrás. Ese crecimiento, aún modesto, es el principal indicador de que la recuperación iniciada hace casi treinta años podría consolidarse más allá del ámbito puramente local.
La próxima edición del Festival de Millo Corvo, prevista para la primavera de 2027, volverá a atraer a curiosos y profesionales de la restauración interesados en un producto que hace tres décadas estuvo a un paso de desaparecer del mapa.

