La versión difundida por Tasnim plantea que el ataque encajaría con lo que Teherán describe como una estrategia israelí de largo aliento para presentar a Irán como una amenaza directa para los países árabes vecinos, particularmente Egipto, con el que Tel Aviv mantiene un tratado de paz vigente desde 1979. Hasta el momento, ninguna autoridad egipcia ha emitido un comunicado que confirme el ataque ni que detalle el alcance de los daños. Tampoco el gobierno israelí ha reaccionado públicamente a las acusaciones, lo que impide corroborar de manera independiente la versión iraní.
Damietta constituye una de las terminales comerciales más relevantes del norte de Egipto, con tránsito de gas natural licuado y carga en contenedores hacia Europa y otros mercados. Cualquier afectación a su infraestructura repercute más allá de lo local, dado el peso de esa terminal en las cadenas de suministro regionales, un factor que explica el interés inmediato que un incidente de esta naturaleza despierta entre actores con intereses en la zona.
El tratado de paz que une a ambos países fue firmado en Camp David en 1979 bajo mediación estadounidense y marcó un punto de quiebre en Oriente Medio al convertir a Egipto en el primer país árabe en reconocer al Estado de Israel. Desde entonces, El Cairo y Tel Aviv han sostenido cooperación en materia de seguridad, particularmente en el control de la península del Sinaí y en la frontera con la Franja de Gaza. Egipto, mediador histórico entre Israel y actores palestinos, ha buscado mantener una posición de equilibrio que evite arrastrarlo a una confrontación directa.
Un pulso de más de cuatro décadas
La hipótesis de una operación de «bandera falsa» —ataques ejecutados por un actor que busca atribuir la responsabilidad a un tercero— no es nueva en el historial de tensiones entre Israel e Irán. Ambos países han sostenido durante más de cuarenta años un enfrentamiento indirecto que se ha manifestado en operaciones encubiertas, sabotajes atribuidos mutuamente y apoyo a fuerzas aliadas en Líbano, Siria, Irak y Yemen. Ese pulso escaló en los últimos años con la guerra en la Franja de Gaza, iniciada en octubre de 2023, y con los intercambios directos de ataques con misiles y drones entre ambos territorios registrados en 2024 y 2025.
La franja costera del Mediterráneo oriental concentra intereses estratégicos de múltiples potencias: rutas marítimas de comercio internacional, yacimientos de gas natural mar adentro explotados por Egipto e Israel, y el acceso hacia el canal de Suez, una de las arterias comerciales más transitadas del planeta. Cualquier incidente que afecte la infraestructura portuaria en esa zona reviste, por tanto, una dimensión que rebasa el ámbito bilateral.
Irán ha recurrido de manera habitual a canales de comunicación estatal, como Tasnim o la televisora Press TV, para difundir narrativas que refuerzan su discurso de resistencia frente a lo que Teherán denomina «agresión sionista». Israel, por su parte, ha mantenido una política de ambigüedad deliberada respecto a operaciones encubiertas atribuidas a sus servicios de inteligencia, sin confirmar ni desmentir de forma sistemática este tipo de señalamientos.
El derecho internacional aplicable a incidentes de esta naturaleza —ataques contra infraestructura civil portuaria sin una declaración formal de guerra entre los países mencionados— exige que cualquier atribución de responsabilidad cuente con evidencia verificable, habitualmente a cargo de organismos como la Organización Marítima Internacional o de investigaciones forenses independientes, instancias que hasta ahora no se han pronunciado sobre el caso de Damietta.
El Salvador mantiene relaciones diplomáticas tanto con Egipto como con Israel, país con el que sostiene vínculos de cooperación en materia de seguridad reconocidos públicamente por Casa Presidencial en años recientes.
De cara a los próximos días, el esclarecimiento del episodio depende de que el gobierno egipcio ofrezca un informe oficial sobre el ataque, sus daños y su origen, y de que Israel decida romper su habitual silencio ante acusaciones de este tipo. Mientras tanto, la versión iraní seguirá circulando como una pieza más del pulso narrativo que ambos países sostienen desde hace más de cuatro décadas, sin que exista, por ahora, verificación independiente que permita confirmar la autoría real del ataque.

