El informe lleva el nombre de Clara González, jurista y activista panameña pionera en la lucha por el sufragio femenino durante la primera mitad del siglo XX, en un país que reconoció el voto de la mujer con la Constitución de 1946. Según las cifras compiladas por el Ministerio de la Mujer, el acceso femenino a la universidad ha crecido de forma sostenida: ellas no solo ingresan en mayor proporción, sino que culminan sus estudios con más frecuencia que los hombres.
Ese capital educativo, sin embargo, no se convierte en paridad de oportunidades laborales. La recuperación del empleo tras la pandemia, que golpeó el mercado de trabajo panameño entre 2020 y 2021, favoreció de manera desproporcionada a los hombres. El registro de 2025 —8,566 contratos masculinos frente a 4,674 femeninos, según el informe— confirma una tendencia que el documento describe como persistente a lo largo del periodo analizado.
El peso del trabajo no remunerado
Una de las explicaciones centrales que aporta el documento se refiere a la distribución del trabajo doméstico y de cuidados. Las mujeres panameñas dedican, según el informe, el doble de tiempo que los hombres a estas tareas no remuneradas, lo que reduce sus horas disponibles para emplearse, capacitarse o aspirar a posiciones de mayor responsabilidad. El texto advierte que esa mayor carga de cuidados limita la autonomía económica de las mujeres y hace más lenta su recuperación laboral tras cualquier choque económico.
Este desequilibrio no es exclusivo de Panamá. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe ha señalado en distintos informes regionales que la sobrecarga de cuidados es uno de los principales obstáculos para la autonomía económica de las mujeres en la región. El aporte específico del Informe Clara González es la cuantificación local del fenómeno y su conexión directa con los datos de contratación reciente.
Mientras esa carga no se redistribuya —entre parejas, mediante servicios de cuidado infantil o licencias equitativas—, el informe sostiene que la brecha seguirá reproduciéndose con independencia de los avances educativos.
Ciencia e ingeniería, con menor presencia femenina
La brecha se agudiza en las disciplinas técnicas y científicas. El documento cita el caso de la Universidad de Panamá, donde la participación femenina en la carrera de Ingeniería de Sistemas alcanza apenas el 19%, una proporción que contrasta con el 60% de matrícula femenina general en el sistema universitario. En el Sistema Nacional de Investigación, las mujeres representan el 38.1% del total.
El informe interpreta esas cifras como evidencia de que las barreras no desaparecen con el título universitario, sino que se trasladan a etapas posteriores de la carrera profesional, particularmente en las áreas conocidas internacionalmente como STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ha documentado un patrón similar en otros países de la región, que atribuye a estereotipos de género consolidados desde la educación básica y a la escasez de referentes femeninos en carreras técnicas.
Un marco legal insuficiente y los retos pendientes
Panamá cuenta con un marco normativo de igualdad de oportunidades y con el propio Ministerio de la Mujer como entidad rectora de las políticas de género. El informe reconoce avances en ese terreno, pero concluye que el andamiaje legal, por sí solo, no ha bastado para cerrar las brechas económicas y laborales entre hombres y mujeres.
El documento identifica tres retos concretos: reducir la carga desproporcionada del trabajo de cuidados no remunerado, ampliar las oportunidades laborales efectivas para las mujeres —no solo el acceso formal al mercado— y fortalecer su participación en los espacios de decisión, tanto en el sector público como en el privado.
No es la primera vez que un diagnóstico de este tipo señala la distancia entre logros educativos y resultados laborales en Panamá. El Informe Nacional Clara González, que el Ministerio de la Mujer publica de forma periódica, va ya por su octava edición y advierte de patrones comparables, lo que apunta a una brecha estructural más que a un fenómeno coyuntural ligado a un año particular.
La subutilización del capital humano femenino, altamente calificado según los datos de graduación universitaria, plantea además un costo de oportunidad para el conjunto de la economía panameña. El propio informe enmarca el cierre de brechas no solo como una cuestión de equidad, sino como una condición para aprovechar plenamente la fuerza laboral formada en el país.
Por ahora, el Ministerio de la Mujer no ha anunciado medidas específicas derivadas de estas conclusiones. El documento aporta la base estadística que previsiblemente alimentará el debate en la Asamblea Nacional sobre futuras reformas laborales o de licencias de cuidado, discusión que en años recientes ha reunido propuestas de distintas bancadas sin traducirse hasta ahora en cambios normativos de fondo.