La reflexión de Lama Rinchen parte de una constatación que no es nueva en la filosofía ni en la psicología contemporánea, pero que él formula desde la tradición contemplativa budista: la desconexión entre progreso material y satisfacción subjetiva. «Estamos viviendo mejor que los reyes de la Antigüedad y, sin embargo, seguimos insatisfechos. Incluso podríamos decir aún más», señaló durante la conversación con Sabat.
El argumento central que expone el monje se apoya en una distinción entre lo finito y lo infinito. «Todo lo que está a nuestra disposición es limitado, finito, y nuestra naturaleza es infinita. Entonces, no es suficiente para satisfacer», explicó. Esta idea no implica, según se desprende de sus palabras, que los recursos materiales carezcan de valor, sino que su capacidad para colmar las necesidades humanas es parcial y necesariamente incompleta.
Entre esas necesidades que el dinero o el estatus no resuelven, Lama Rinchen mencionó explícitamente la conexión, el gozo, la paz y la seguridad. «Por mucho que conquistemos allá afuera, no aporta esa satisfacción total», sostuvo. Según su planteamiento, una persona puede conseguir algo largamente deseado y sentirse feliz durante un periodo, pero enseguida aparece una nueva meta, y al alcanzarla puede repetirse el mismo ciclo.
Para ilustrar ese mecanismo, el monje recurrió a una metáfora: la de un caballo que persigue una zanahoria que cuelga siempre a la misma distancia delante de él, sin llegar nunca a alcanzarla. La imagen resume la lógica de la insatisfacción crónica que, según su planteamiento, atraviesa a buena parte de las sociedades desarrolladas, donde la superación de una meta da paso de inmediato a la formulación de otra.
El vacío existencial y los jóvenes
La reflexión adquiere un matiz distinto cuando el maestro la traslada a las generaciones más jóvenes. Para Lama Rinchen, tener numerosas posibilidades disponibles no implica saber qué hacer con ellas, y uno de los grandes problemas aparece cuando una persona no encuentra un propósito que dé sentido a su vida. «Quien percibe este vacío existencial carece de propósito», afirmó. El problema, según su lectura, no es la ausencia de opciones para estudiar, viajar, comunicarse o elegir camino profesional, sino la dificultad para dotarlas de sentido.
Preguntas como quién soy, qué quiero hacer con mi vida o qué sentido tiene lo que hago, señaló el monje, no desaparecen por el hecho de disponer de mayores comodidades materiales. Al contrario, cuando esas preguntas quedan sin respuesta, incluso las experiencias objetivamente positivas pueden vivirse con angustia. «Todo lo lindo que ofrece la vida, en vez de poder disfrutarlo, se convierte en una pesadilla», advirtió durante la charla.
El propio monje situó un punto de inflexión en los años de la pandemia de covid-19, que en España se prolongó fundamentalmente entre la declaración del estado de alarma en marzo de 2020 y su levantamiento en 2021. Según su lectura, el confinamiento y la ruptura de rutinas obligaron a muchas personas que vivían centradas en el día a día a formularse preguntas que habían postergado durante años. «Se produjo una ruptura que llevó a preguntarse quién soy y qué vida quiero», recordó.
Un debate con raíces filosóficas antiguas
La tensión entre bienestar material y satisfacción interior no es un descubrimiento contemporáneo. Ya en la filosofía helenística, escuelas como el estoicismo o el epicureísmo abordaron la diferencia entre placer y felicidad duradera, mientras que el budismo, surgido en el norte de la India hace unos 2.500 años, sitúa en el «dukkha» —el sufrimiento o insatisfacción inherente a la existencia— uno de sus pilares doctrinales, las llamadas Cuatro Nobles Verdades. La reflexión de Lama Rinchen se inscribe en esa tradición, actualizada para un público que consume contenidos de bienestar y desarrollo personal a través de plataformas digitales y pódcast.
En España, el interés por la meditación, el mindfulness y las tradiciones contemplativas orientales ha crecido en las últimas décadas, impulsado tanto por su incorporación a algunos programas de salud como por su popularización en el ámbito corporativo y educativo. En paralelo, distintos organismos han venido documentando un aumento del malestar psicológico y del consumo de fármacos como ansiolíticos y antidepresivos, un fenómeno que numerosos especialistas atribuyen a factores múltiples, entre ellos la precariedad laboral, la soledad no deseada y la sobreexposición a las redes sociales.
Las plataformas de audio y vídeo bajo demanda han facilitado la difusión de este tipo de contenidos reflexivos fuera de los circuitos tradicionales, como monasterios, centros de retiro o publicaciones especializadas. Pódcast como el presentado por Uri Sabat forman parte de un fenómeno más amplio de divulgación sobre bienestar, productividad y desarrollo personal que ha ganado audiencia en español, sin que existan hasta la fecha estadísticas oficiales consolidadas sobre su alcance específico.
La reflexión de Lama Rinchen no aporta, en cualquier caso, una solución cerrada al problema que plantea. Su discurso se sitúa más en el terreno del diagnóstico que en el de la receta, y apunta a la meditación y al trabajo introspectivo como vías posibles para abordar esa desconexión entre lo que se posee y lo que realmente se necesita, sin prometer una fórmula universal aplicable a cualquier persona o circunstancia vital.

