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Estudio asocia lactancia exclusiva con menos genes de resistencia a antibióticos

Una investigación coordinada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España señala que los oligosacáridos de la leche materna influyen en el resistoma intestinal del bebé.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Un estudio coordinado por el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, y publicado en la revista Cell Reports Medicine, identifica por primera vez el papel de los oligosacáridos de la leche humana en el desarrollo temprano del conjunto de genes de resistencia a antibióticos —el resistoma— en el intestino de los bebés.

El hallazgo llega en un momento en que la resistencia a los antimicrobianos figura entre los principales desafíos de salud pública a escala global. Aunque el fenómeno se ha vinculado tradicionalmente al uso de antibióticos en la práctica clínica y en la producción agropecuaria, el trabajo del CSIC apunta a que las bacterias intestinales comienzan a adquirir y fijar genes de resistencia desde los primeros momentos de vida, antes de que el organismo entre en contacto directo con estos fármacos.

El equipo liderado por la investigadora María Carmen Collado, del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos, centró su análisis en los oligosacáridos de la leche humana (HMO), un grupo de moléculas complejas que constituyen el tercer componente más abundante de la leche materna. Estas moléculas no son digeridas directamente por el bebé, sino que actúan como sustrato específico para ciertas bacterias beneficiosas del intestino, favoreciendo su crecimiento y contribuyendo, según el estudio, a un equilibrio de la microbiota que dificultaría la proliferación de genes de resistencia.

La cantidad y el tipo de estos oligosacáridos varían de una madre a otra y dependen, en parte, de una característica genética conocida como estado secretor, asociada al gen FUT2. Las madres con estado secretor producen una leche con una composición diferente de HMO y, en general, con mayores concentraciones de algunos de estos compuestos, lo que —según el equipo investigador— podría condicionar de manera distinta la configuración temprana del resistoma en sus bebés.

Según describe el CSIC en la nota que acompaña la publicación, el análisis cruzó las muestras fecales de los lactantes con las muestras de leche de sus madres, lo que permitió relacionar la composición de los oligosacáridos con la presencia y diversidad de genes de resistencia en el intestino infantil. Los resultados obtenidos en la cohorte española se replicaron después en la muestra neerlandesa, con datos de 199 lactantes, lo que refuerza la solidez del hallazgo más allá de un contexto poblacional único.

El estudio identifica el tipo de parto y la alimentación como factores determinantes en la composición del resistoma. Los bebés nacidos por cesárea presentaron diferencias en la diversidad de genes de resistencia respecto a los nacidos por parto vaginal, un patrón que coincide con estudios previos sobre cómo el modo de nacimiento condiciona la primera colonización bacteriana del intestino del recién nacido.

La lactancia materna exclusiva, por su parte, se relacionó con una menor abundancia y diversidad de estos genes. La promoción de este tipo de alimentación «parece ser una estrategia efectiva para reducir los genes de resistencia a antimicrobianos presentes en las comunidades bacterianas intestinales durante una etapa crítica en la formación de la microbiota», señaló Collado, según recoge la nota del CSIC.

La formación de la microbiota intestinal en los primeros años de vida ha concentrado buena parte de la investigación pediátrica reciente, al considerarse un periodo determinante para el desarrollo del sistema inmunológico y metabólico. La cohorte española a la que pertenecen los 57 bebés analizados da seguimiento a madres e hijos hasta los seis años de edad, con el objetivo de trazar cómo se forma y evoluciona esa comunidad microbiana desde el nacimiento hasta la infancia temprana.

En Panamá, el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social han sostenido campañas de promoción de la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, en línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Hallazgos como este añaden un argumento a una discusión de salud pública que combina nutrición infantil, prevención de enfermedades y, ahora también, resistencia antimicrobiana.

La discusión sobre licencias de maternidad, condiciones laborales para madres lactantes y disponibilidad de espacios adecuados en los centros de trabajo ha sido recurrente en la Asamblea Nacional, donde distintas bancadas han presentado en el pasado propuestas orientadas a extender los periodos de protección legal a la maternidad. En el país, la Ley 50 de 1995 estableció el fomento y la protección de la lactancia materna como política de Estado, un marco que ha servido de base a las campañas sanitarias posteriores.

La combinación de dos frentes —la promoción de la lactancia materna y la vigilancia del uso de antimicrobianos— figura entre las líneas de trabajo que autoridades sanitarias de la región han identificado como prioritarias. El propio estudio no plantea la lactancia como solución aislada al problema de la resistencia antimicrobiana, que sigue dependiendo en gran medida del uso responsable de antibióticos en la atención médica y en la producción pecuaria.

El trabajo abre una vía de investigación sobre posibles intervenciones futuras basadas en la composición específica de la leche materna. Se trata, no obstante, de hallazgos que requerirán validación en cohortes más amplias y diversas antes de traducirse en recomendaciones clínicas concretas. Por ahora, el mensaje de salud pública que se desprende del estudio coincide con el que sostienen desde hace años pediatras y autoridades sanitarias en Panamá: la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses continúa considerándose, por el conjunto de la evidencia disponible, una de las intervenciones más costo-efectivas para la salud infantil.

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